jueves, 30 de mayo de 2013

LA EDUCACIÓN VENEZOLANA DE MAL EN PEOR

LA EDUCACIÓN VENEZOLANA DE MAL EN PEOR

Zenair Brito Caballero

La educación venezolana se encuentra de manos atadas entre el gobierno, el economicismo, la mediocridad y las ataduras del pasado. Estamos preparando preuniversitarios que ni siquiera tienen la capacidad de poder entrar a un aula de estudios superiores. El programa de la educación desde básica hasta el bachillerato, está dirigido a graduar a jóvenes, que con un título entregado con una cinta en el medio, no tienen para donde coger.

Educacion en picada 

Hay que variar el patrón, que el bachillerato tiene por única finalidad entrar a la universidad. Por razones económicas, de preparación, de tiempo y factores colectivos, la mayoría de los bachilleres nunca irá a una universidad. Además, no es posible que la mayoría de los muchachos venezolanos se gradúen cometiendo tantas faltas ortográficas, y desconociendo la base fundamental de las materias que estudian sobre todo en Historia y Geografía de Venezuela.
¡Hay culpables y ustedes saben quienes son! pero lo importante sería hacer cambios urgentes del sistema educativo. Esos cambios no se deben dar solamente por la línea de la ideologización del gobierno, de la Ministra de Educación, del tremendismo politiquero. Las soluciones tienen que ser dadas por consenso con la utilización de los profesores actuales del gobierno y de la oposición, pero tomando las medidas de redirección necesarias.
Hay que definir urgentemente las fallas de la educación venezolana. No es invertir más millones de bolívares en el presupuesto, o subir a la ligera cuando les dé la gana, el salario miserable de los maestros o profesores. Hay que ir al pensum, cambiar metodología y establecer nuevas plataformas.
Una educación moderna no gradúa bachilleres en materias que no le van a servir para el futuro ni cercano ni lejano. Hay  que tener bachilleratos técnicos, para que al tiempo que se pueda ir a una universidad, también se tenga un inicio para ganarse la vida diaria. También tienen que ser purgadas las barreras hacia una educación moderna que hoy tiene el sistema educativo.
Hay que eliminar de un  solo corte las pruebas nacionales, y establecer y que   se cumpla, un período de al menos tres años para cambiar un libro de texto. Con las raras excepciones, el sistema educativo hoy está llenando las calles de bachilleres sin calificaciones y no aptos para entrar al mercado competitivo que les toca vivir.
No se está enseñando para que los jóvenes tengan una llave para el futuro, sino para que los maestros y funcionarios puedan justificar el miserable salario que ganan.
Las fallas son tanto de la escuela pública como de la privada. Es casi el mismo programa de enseñanza. Si no hay modificaciones en el sistema educativo venezolano donde se ofrezca calidad, valores morales y éticos y excelencia, entonces se continuará estrechando y haciendo difícil e imposible  la puerta de entrada a un futuro más seguro y placentero a la juventud venezolana.  



CUANDO SE PIERDE LA FE

CUANDO SE PIERDE LA FE

Zenair Brito Caballero

La fe, como estado de conciencia, como adhesión a una proposición que no goza de certidumbre ni puede ser demostrada, o como aceptación que va más allá de la evidencia lógica o perceptiva, es el sentimiento más arraigado y desarrollado en todos los seres humanos.
Nosotros, como ninguno de los entes que nos acompañan en la aventura de la vida, nos encontramos ante la permanente encrucijada de creer o no creer, de confiar o dudar, de recelar o asegurar lo azaroso de las contingencias que se nos presentan.
Mas nuestra pequeña dimensión de lo que somos, de lo que sabemos y de lo que podemos, nos obliga necesariamente a tener fe, a confiar en algo o en alguien, habida cuenta que sin esperanzas o sin ilusiones, jamás alcanzaríamos un poco de seguridad, y sin garantía nunca podríamos arrostrar las vicisitudes sociales a las que generalmente estamos expuestos.
La fe es, de modo general, una creencia; pero una creencia determinada por el interés que tal o cual hecho nos conmueve. Un ambicioso utilitarista, por ejemplo, tiene fe en las ganancias exorbitadas de su negocio o de su empresa; los padres tenemos inquebrantable fe en el porvenir de nuestros hijos; una mujer deposita su fe en el cariño y en la protección de su esposo, etcétera.
Es por esto que la fe es un convencimiento voluntario, es una fuerza del espíritu que nos impulsa a creer en las cosas que se quiere que sean, no como probables, sino como seguras. Y esto es así, porque entre las cosas que no vislumbramos con exactitud, siempre están aquellas en las que creemos.
Por ello es que la fe se basa en la certidumbre que no somos engañados y, por esto mismo, damos crédito a una cosa, no porque veamos que es tal, sino porque estamos persuadidos con la ilusión o la creencia que subjetivamente nos acompaña. Sin embargo, y aun cuando “todo es más fácil si en la fe se fía”, como asienta el verso final de un soneto de Lupercio; y aun cuando, análogamente, “quien pierde la fe ya no puede perder más”, según la sentencia del poeta latino del siglo primero antes de Cristo, Publio Siro, nadie puede negar que en más de una vez suele perderse la fe, pese a que sólo sea en una mínima parte de la infinita gama de cosas o de hechos que a nuestro derredor acontecen.
De esta manera, muchas veces, sin quererlo, hemos perdido la fe en la justicia como “reina y señora de todas las virtudes”, según la definió el más grande orador que tuvo Roma, Marco Tulio Cicerón (106 – 43 a. de C.), o en los jueces que dejan impunes muchos delitos, pero que condenan a no pocos inocentes.
Hemos perdido la fe en la medicina, cuando ésta resulta peor que la enfermedad, como lo señala el poeta romano Publio Virgilio (70 – 19 a. de C.), en su poemario Eneida; en algunos médicos que exhiben en el cementerio los mejores trofeos de su profesión, según los versos finales del poeta y dramaturgo español Manuel María de Arjona (1585 – 1614), en su irónica obra “A un Médico”.
Hemos perdido la fe en ciertos amigos y amigas a quienes, alguna vez, desinteresadamente ayudamos o protegimos, que en lugar de reciprocarnos las atenciones recibidas o los favores prodigados, nos muerden la mano, no como perro (el perro es noble y fiel con quien le demuestra su afecto), sino como el más venenoso de los ofidios, o el más agresivo de los animales salvajes.
Hemos perdido la fe en quienes, ocultando la amargura de la falsedad, nos engañaron con la apariencia de los más deliciosos almíbares. Hemos perdido la fe en el matrimonio, que en vez de funcionar como el más polífono de los dúos, desentona como el más desafinado de los duetos.
Hemos perdido la fe en no pocos hombres, que situados en la cumbre de nuestra decantada admiración, de pronto se desploman, al advertir sus perversidades, sus deslealtades o felonías.  Con todo, si perdiéramos la fe en algo o en alguien, nos quedan muchísimas cosas en las que podemos seguir teniendo fe, toda vez que si perdiéramos la fe en todo cuanto nos rodea, sería preferible morir, dado que la fe, sin ser la primera de las virtudes, es, por lo menos, el mayor de nuestros consuelos.
La expresión “la fe mueve las montañas”, tiene su origen en el pasaje de San Lucas, capítulo 17, donde se cuenta que Jesús dijo: “…pues en verdad os digo que si tuviesen fe siquiera como un grano de mostaza, diréis a este monte: pásate de aquí allá y se pasará y nada os será imposible”.
La fe es el mejor abrigo y el más fuerte escudo para la seguridad de nuestro camino; por eso yo, permítase que sin ser vanagloriosa diga yo, sigo conservando y robusteciendo mi fe, no obstante que en más de una vez, me haya querido traicionar la desesperanza. Es, pues, la Fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11:1)  




POBRE DE TI MARACAY

POBRE DE TI MARACAY

Zenair Brito Caballero 

Con frecuencia me toca caminar en dos direcciones: Deslumbrada por la buena gente que palpita, sueña y se urge, o eludiendo a los canallas y miserables. Y en ese caminar, que no avanza pues voy en la misma proporción en marcha hacia adelante y hacia atrás, sucesivamente, miro el entorno, hermoso, que la naturaleza nos dio sin que los habitantes de este hoy y ahora, tan prosaicos, demostremos gratitud y cuidados hacia el paisaje heredado.

En ese viaje, no siempre hacia el progreso, miro sin ver en toda su dimensión, los frutos de algunos visionarios cubiertos desde el principio por la rabia de los que no pueden ver el éxito ajeno sin intentar dañarlo y, para ir de mal a peor, sabotean a los que conservan el propósito de ser constructores de opciones y posibilidades, pues como sus antepasados, son hacedores de caminos, soñadores de mejores alternativas, observadores de horizontes, obreros de porvenires.

Sembradores de semillas que serán cosechas recolectadas por otros. Ahora que hablo de mi vida en esta Maracay, la ciudad que me adoptó hace muchos años, pues nací en mi Barquisimeto querido, tengo que reconocer que, como sucede en todas las ciudades de Venezuela, Maracay vive una cruda y triste realidad, la de personas que deambulan por las calles y avenidas, sin rumbo, sin destino, sin presente, sin futuro, y lo que es peor: Sin siquiera despertar compasión.

Sucede que hasta los niños perdieron su mayor cualidad: La capacidad de asombro. Y así se les venga encima la vida, no sienten el impacto hasta que los efectos especiales de una película se los demuestre.

Entre lo que hemos perdido, que posee valor de evocación, es la magia. La magia ha muerto en nuestras vidas. El territorio de las alas de los ángeles y los favores de las hadas, está ocupado por la realidad tecnológica y, entonces, donde la imaginación suplía la ignorancia y el temor envolvía todo con un velo de misterio, existen las declaraciones de amor de los truculentos realitys de la televisión.

No quedan, tampoco, perdidos frente a la pantalla del televisor, los juegos de los niños de antes, que olvidaron el aro, las multicolores bolas de cristal, el trompo, la cuerda de saltar, el caballito de madera, las coloridas cartillas de la escuela y cantar: "Pimpón es un muñeco, muy guapo de cartón…”. Todo aquello fue sustituido por portátiles, impresoras y tablas interactivas…

Soy una nostálgica que añora saborear la Maracay que conocí como ciudad jardín de Venezuela, y no me resigno a conllevar  la ciudad presente, ¡desangrándose! Ante la indiferencia de los que tendrán que pedir perdón a nuestros descendientes, si la vida nos alcanza.
Se puede uno apropiar del entorno que le toca vivir por el azar de haber nacido en este lugar y en este tiempo, o por haberlo escogido gracias a diversas circunstancias —voluntarias o no— para bien o para mal. O para nada, ¡que es peor y duele! Se puede vivir admitiendo la derrota, resignándose a la inercia cómplice. O se puede vivir, aún en medio de tantas carencias y dificultades, alimentados por la esperanza y por las realizaciones, no importa lo modestas que puedan ser.


No intento hacer una apología que justifique mi manera de soñar. Hecha trizas de cabalgar sobre nubes, no busco ya el apoyo de complicidades aledañas. Cansada de decir verdades que otros saben bien y callan en pos de torres de humo, yo creo y declaro, que una verdad callada es igual a una luz escondida y que así estruje los siniestros planes de los sin escrúpulos dueños de éxito transitorio, digo, como muchos venezolanos: Acá estoy y acá me quedaré. Ya se verán los resultados…

¡Pobre Maracay! Se convirtió en un pueblo triste, intoxicado por el propagado hábito de pintar con miseria el coraje de los que deciden no apoyarse, ni protegerse, en el respaldo de quienes reparten vergonzosas bulas de éxito y se lucran destruyendo nombres.

(britozenair@gmail.com)

“LA BORRACHERA QUE PROMUEVE EL PODER”

“LA BORRACHERA QUE PROMUEVE EL PODER”

Zenair Brito Caballero

El poder fascina, el poder embriaga,
ideologías vendidas en este mercado de esclavos.
Quién está a salvo?,
quién es capaz de quitarse la etiqueta del precio?
En Venezuela es un momento significativo y oportuno frente a todo lo que viene aconteciendo, la actitud de algunos que hoy se llaman, “dirigentes políticos socialistas-comunistas”. Mucho se ha perdido de aquella época de la mal llamada IV República, en la que él o la persona electoral lograban despertar en su existencia, respeto y admiración. Por lo menos había decencia a la hora de hacer favores políticos, porque hoy todo eso se perdió producto de la borrachera que promueve el poder.
Y no es una simple figura gramatical; es la realidad de muchos de ellos que combinan su ambición por el poder con su adicción al dinero, al buen Whisky de 18 años, casas, apartamentos VIP y otras cosas más. Coincidencialmente quienes han emergido dentro de este grupo rojo-rojito que se enquista de manera preocupante en los cargos públicos, el tema de la juerga, las rumbas, suelen ser la constante. No en vano la soberbia, la prepotencia y el mismo desafío a las autoridades y organismos de control, es una patología propia de quien no actúa en sano juicio.
En medio del jolgorio se coordina todo lo pertinente para motivar ese nefasto tiovivo de la contratación y buscar la manera de hacerle el quite a la ley. No es una generación política, es toda una degeneración política que corrompe, que pervierte y deprava, que logra callar a los demás, que intimida, que amedrenta y que hacen a punta de fraudes o trampas, que los buenos parezcan malos. Lo que vive Venezuela entre algunos actores administrativos que se enriquecen de lo público es algo muy preocupante.
Los seguidores de este estilo socialista-comunista a la Cubana, están hoy literalmente hinchados y abultados por el poder. Se les nota en su aspecto físico; pierden la expresión noble de sus rostros del pasado, esas mismas caras modositas y que buenas, las cuales lograron hacer creer a muchos que iban a encarnar el cambio, pero que hoy nos demuestran que son peor a todo lo que aquí en materia política ha existido.
Violan de frente la Constitución, las Leyes, los Reglamentos, las normas, los principios —cuando no es que compran a quienes deben impartir justicia— no respetan las leyes ni a nadie, porque los Poderes Públicos son apéndices del Ejecutivo, y son tan testarudos e intransigentes que salen a decir que tienen la razón. Pierden la noción del mando y se creen unos emperadores o reyezuelos que gobiernan unas regiones donde la Constitución de 1999 y las leyes venezolanas no aplican.
El poder los enajena, los enloquece, los chifla, les apasiona vivir rodeados por afrodescendientes escoltas cubanos particulares con cara de malos que intimidan al mismo demonio. En otros casos —por lo demás bien incomprensibles— la misma Policía Nacional que algún día los puede capturar, es la que los tiene que cuidar.
Así se están perfilando los dueños del poder en toda Venezuela desde hace 14 años; lo digo con dolor y con modestia, “pero es el silencio y la actitud pasiva de muchos venezolanos, la mejor garantía para que ellos sigan reinando”. Ellos intimidan y asustan a quienes los siguen. A pesar de que muchos de sus subalternos contratados no comparten estos estilos, el temor que imparten hace que la gente se quede callada, protegiendo un contrato y su estabilidad laboral.
Está en nuestras manos amigos lectores, permitir que la Nación Venezolana sea cuna de este tipo de especímenes. Tenemos que actuar transformando la sociedad en todos sus espacios, recuperando la decencia y los valores morales y éticos, desde el hogar y las aulas de clase, dejando a un lado el silencio y reivindicando las prácticas del buen gobierno democrático. Dios permita que más de uno, pase el guayabo tras las rejas, y al que le caiga el guante pague verdaderamente las fechorías cometidas. Esa debería ser la verdadera Ley del Talión: “ojo por ojo y diente por diente”   


“LA ESPERANZA ES EL SUEÑO DEL HOMBRE DESPIERTO”

“LA ESPERANZA ES EL SUEÑO DEL HOMBRE DESPIERTO”

Zenair Brito Caballero

Como un monstruo, el desaliento, el desánimo petrifica corazones y ciega ojos y entendimiento. Los grandes modelos políticos de la última mitad del siglo XX se han derrumbado; las utopías políticas y sociales yacen bajo los escombros de las experiencias fallidas, el socialismo terminó en dictadura y el libre mercado en una hipócrita y falsa bonanza que ha ensanchado hasta niveles inconmensurables la brecha entre los ricos y los pobres; el consumismo, ese dios del postmodernismo, ha contribuido a  crear una sociedad desalmada, en la cual la medida del valor de la persona humana es la posesión de “cosas” y el olvido del espíritu.
En Venezuela, lo que se anunció como un paso de “la locura a la esperanza”, se revela hoy como una esperanza derrotada, porque las causas fundamentales de aquella locura continúan intactas: la injusticia social, la exclusión, el hambre, la miseria, la pobreza, el desempleo y la inequidad social y económica no han sido superadas.
La crueldad del militarismo, tiene hoy su contrapartida en la violencia social, en la polarización, la corrupción, el narcotráfico, la delincuencia. El despotismo militar sustentado por una camarilla voraz, no fue sustituido por un sistema realmente democrático, sino por un régimen en los que el poder lo ejerce una casta roja-rojita afincada en partidos electorales socialistas-comunistas cada vez menos políticos y más institucionales, movidos por los vaivenes de los proveedores y no por las necesidades de las mayorías.
Es sombría nuestra realidad venezolana, y el desaliento, la desesperanza parecen ser el nuevo fantasma que recorre nuestra nación; pero, en lugar de desesperanzarnos ante tanto conflicto social, debemos comprender que la fuerza para superarlos radica en la esperanza, en la expectación. Eso sí, en una esperanza activa. No se trata de esperar que las cosas ocurran y de sentarnos a ver pasar los días y las semanas confiando en que mañana todo será mejor, sino de actuar para que nuestra esperanza vuelva realidad lo esperado, ser protagonistas de los acontecimientos y no objetos pasivos.
Decía Aristóteles que “La esperanza es el sueño del hombre despierto” por ello titulé este artículo así. Tener esperanza es estar despierto, pero además es esforzarnos por hacer que las cosas sucedan, tal como lo expresa el salmista: “Esforzaos todos vosotros los que esperáis en DIOS, Y tome aliento vuestro corazón.” (Sal 31:24). Y, tal esfuerzo debe estar acompañado de Fe.
La esperanza, ya sea individual o colectiva, es un esperar algo que se producirá en el futuro, algo que no vemos, que acaso nos parece intangible, y porque no lo vemos tendemos a desesperanzarnos y asumir una posición derrotista, pero la Fe, como la describe el autor de la Carta a los Hebreos (11:1) es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Esa certeza y esa convicción son las que impregnan nuestra esperanza de voluntad y conducen nuestros actos hacia la consecución de lo que esperamos.
Independientemente de nuestras creencias, para vivir no podemos renunciar a la esperanza. Un hombre sin esperanza es sólo un remedo de hombre, un ente sin sueños ni aspiraciones, un vacío cubierto de piel.
Mas, también es cierto que nuestra esperanza puede estar basada en razones endebles, provisorias y equívocas. ¿Cuántas veces hemos puesto nuestra esperanza en los políticos, en la bondad de los ricos y la cacareada “detención económica”, en pastores y sacerdotes? Y tantas veces hemos visto derrotadas nuestras esperanzas.
Es porque nuestra esperanza ha nacido de los antivalores de una sociedad que promueve el divisionismo procaz, el egoísmo del “sálvese quien pueda”. Así, más que una verdadera esperanza activa y amorosa que incluya a nuestro prójimo, hemos cultivado una falsa esperanza que reproduce los vicios del sistema, en la cual el centro y los beneficios de lo que esperamos es la satisfacción de los intereses personales, la consecución de los medios por los cuales adquiero poder sobre los demás y no el bien común.
Los cristianos no podemos vanagloriarnos de esa “esperanza”. Al contrario, nuestra esperanza debe tener como referente el reinado de Dios en la tierra. De allí que nuestra esperanza irrenunciable es Jesucristo.
Esto no quiere decir que renunciamos a la esperanza que se deriva de los actos de los hombres, sino que, por gracia de las enseñanzas del Resucitado, nuestra esperanza se centra en la reivindicación de todos los hombres y mujeres que mantienen firme su esperanza contra toda desesperanza y luchan por una mejor Venezuela. 



sábado, 25 de mayo de 2013

¿DÓNDE FUE A PARAR LA PALABRA RESPETO EN VENEZUELA?

¿DÓNDE FUE A PARAR LA PALABRA RESPETO EN VENEZUELA?

Zenair Brito Caballero

Respeto es la consideración, comedimiento, prevención o incluso el miedo que se tiene hacia alguien o algo. También es una manifestación de acatamiento que se realiza por cortesía. Respetar es reconocer, apreciar y valorar mí persona, así como a los demás, y a mi entorno. Es establecer hasta dónde llegan mis posibilidades de hacer o no hacer, como base de toda convivencia en sociedad.
    
El respeto exige un trato amable y cortés; el respeto es la esencia de las relaciones humanas, de la vida en comunidad, del trabajo en equipo, en fin, de cualquier relación interpersonal. El respeto es garantía absoluta de transparencia; crea un ambiente de cordialidad y seguridad; permite la aceptación de las limitaciones ajenas y el reconocimiento de las virtudes de los demás. Evita ofensas e ironías; no deja que la violencia se convierta en el medio para imponer criterios,  conoce la autonomía del cada ser humano y acepta complacido el derecho de los demás.
El respeto es la posibilidad de aceptar tus defectos y virtudes sin poner en tela de juicio lo que ves en los demás, porque jamás obtendrás de otros, lo que no eres capaz de darte a ti mismo, y en la medida en que lo logres, serás capaz de otorgarlo a los demás; es el reconocimiento del valor inherente y de los derechos innatos de los individuos y de la sociedad. Estos deben ser reconocidos como el foco central para lograr que las personas se comprometan con el propósito más elevado en la vida.
El respeto es reconocer en sí y en los demás sus derechos y limitantes con dignidad, dándole a cada quién su valor. Esta igualdad exige un trato atento y respetuoso hacia todos. El respeto se convierte en una condición de equidad y justicia, donde la convivencia pacífica sólo se logra, si consideramos que este valor es una condición para vivir en paz con las personas que nos rodean.
    
Se debe cultivar el respeto para construir, nunca para destruir; buscar hacer el bien es la antesala de un buen convivir. Debes quererte cuidando tu cuerpo, no realizar acciones que puedan representar un daño para ti; es aquí donde tu integridad tiene que ser lo más valioso y con esto estarás demostrando respeto hacia tu persona, para así poder gozar de un bienestar físico y mental.
    
Otro aspecto que involucra el respeto, es el de proteger la vida de nuestro planeta, y una forma de demostrarlo es cuidando la limpieza del agua, aire y suelo, plantar árboles para que la tierra se quede entre las raíces y no se las lleven ni el agua ni el viento, usar sólo el agua que  se necesite, defender la vida de selvas y bosques; recuerde que el hombre, las plantas y los animales compartimos un mismo planeta. Por tanto, este sentido de honor y de valor debe extenderse a la naturaleza.
    
En conclusión, el respeto es un valor muy importante en la vida de todo el mundo; el respeto consiste en el reconocimiento de los intereses y sentimientos de los demás en cualquier relación interpersonal. No es simplemente una consideración o deferencia, sino que implica un verdadero interés no egoísta por los demás, más allá de las obligaciones explícitas que puedan existir. 



viernes, 24 de mayo de 2013

¿SE ESTÁ PERDIENDO LA ESPIRITUALIDAD DE LOS VENEZOLANOS?

¿SE ESTÁ PERDIENDO LA ESPIRITUALIDAD DE LOS VENEZOLANOS?

Zenair Brito Caballero 

Su Santidad Juan Pablo II escribió: “el hombre es por naturaleza y por vocación un ser religioso. Viniendo de Dios y yendo hacia Dios, el hombre no vive una vida plenamente humana: si no vive libremente su vínculo con Dios y yendo hacia Dios. El hombre está hecho para vivir en comunión con Dios, en quien se encuentra su dicha”.
Escribió mi padre José Ramón Brito Calles en uno de sus libros: “La libertad es el poder de obrar o no obrar y de ejecutar así, por sí mismo acciones deliberadas. La libertad alcanza su perfección, cuando esté ordenada a Dios, el supremo Bien.”
Sí Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, se supondría que la humanidad debería encausar sus accionares para alcanzar la bienaventuranza a través de múltiples caminos, que cada uno de nosotros elige bajo uno de los principales principios de ser personas: el uso responsable de la libertad.
Entonces, ¿cuándo se dio la escisión entre el bien y el mal?, ¿Cuándo el hombre dejó de creer?, ¿Cuándo el hombre se materializó dejando de lado la esencia con la que fue creado, la espiritualidad? Las respuestas a estas preguntas dan pie a la publicación de un tratado, al cual todavía no estoy preparada para escribir, porque mucho trecho me falta en los peldaños de la vida para llegar a ese estadio de sabiduría.
Lo que sí me inquieta como madre, como abuela y como psicóloga, es el grado de deterioro de la sociedad venezolana de hoy. Encender la radio para escuchar las noticias vespertinas o la televisión para ver los noticieros al cierre del día, no dejan sino tristeza.
Nostalgia causada al escuchar relatos como: “abuelo capturado en flagrancia cuando abusaba sexualmente de su nieta de 8 años”, “padre detenido porque mató a su hija a punta de “hebillazos de su correa” en la cabeza porque sacó calificaciones de 8.0 en casi todas las materias del lapso escolar en el Liceo”, “se posesionó magistrada qué está siendo cuestionado por falta a la ética profesional”, “primo mayor violó a su primo menor de 5 añitos”.
A parte de los femicidios, los ataques de los terroristas a las escuelas o poblaciones en alto grado de vulnerabilidad, actos de corruptela tanto en el sector público como privado, son señales inequívocas que nuestra realidad es sórdida y que poco o nada se está logrando por mejorarla.
¿Será qué estamos en los ciclos naturales del devenir de la humanidad? Sodoma y Gomorra, el Imperio Romano, son dos ejemplos de poderes que han sucumbido ante la pérdida del guía espiritual. ¿Será que estamos los venezolanos en un barril sin fondo?, ¿Hasta dónde tendremos que caer para poder hacer un quiebre a la realidad de nuestra sociedad?, ¿O estamos en un punto de no retorno?
Solo usted, amable lector, tiene el poder y la capacidad de ponerle la tapa al barril y empezar hacerle el quiebre a estas realidades poco esperanzadoras, para aportar a la construcción de un mejor futuro para sus nietos, porque para nuestros hijos no hemos sido capaces de hacerlo.

britozenair@gmail.com


jueves, 23 de mayo de 2013

“VENEZUELA FUE UNA SOCIEDAD SOLIDARIA HOY DESIGUAL Y CON ESCASEZ”


“VENEZUELA FUE UNA SOCIEDAD SOLIDARIA HOY DESIGUAL Y CON ESCASEZ”

Zenair Brito Caballero

Si hoy me expresaran que jerarcas de los Poderes Públicos de la República y sumado a ello, altas personalidades de la vida nacional, están involucrados en delitos, no me sorprendería, solo confirmaría una triste realidad que ya lo han dicho en medios nacionales e internacionales, varios funcionarios del propio gobierno. 

Hace unos años eso ni siquiera lo imaginaría. En mi juventud, tampoco creería, –o por lo menos no aceptaba– que nuestras políticas públicas de Estado consolidaran la desigualdad hasta el punto de ser escandalosa, indecorosa e inconveniente y en constante incremento.
Esta es la Venezuela que hoy tenemos, un país que con un gobierno que se dice socialista-comunista, más que pensar en la solidaridad, protección y la justicia social, da rienda suelta a la  polarización y eso ha generado una sociedad dividida entre revolucionarios y majunches, que no le importa lo que pase, excepto, cuando se siente afectada en lo personal y cuando está en juego su perpetuidad en el poder.
Estoy convencida por lo que observo día tras día, de la necesidad que tienen muchas personas por querer vivir a un nivel económico más alto, aunque para conseguirlo, tengan que arrodillarse al poder, involucrarse en actividades ilícitas, y para algunos o muchos implica ser hábil para los negocios, aunque ello sea mal habido.
Vivimos en una sociedad venezolana de políticos socialistas-comunistas perversos y si no veámoslo, como en nuestro país, recibimos a empresarios y miembros del Gobierno chino para establecer y que vínculos comerciales, pero al mismo tiempo, creo, que todos estamos tranquilos que el sistema de seguridad social chino es inexistente, donde la clase laboral china, en muchos casos lo fragua en condiciones inaceptables, lo que hace que el costo de producción sea menor al de nuestros productos pero aún más, ese costo se ve beneficiado al ser impulsado por la producción de escala, al lograr mayores demandas.
Ante ello, a nuestros hombres y mujeres venezolanos el gobierno socialista-comunista venezolano les trata de inculcar la creación de los micro-emprendimientos, pero ¿qué clase de micro- emprendimientos? Posiblemente de subsistencia y cuestionable, porque es muy difícil competir en esas condiciones. Bueno, apostamos a actividades de mayor especialización que nos permita ser competitivos, pero aunque ello sea de recibo, lo cierto es que los chinos igual lo están haciendo. ¿A qué estamos jugando?
Dejamos de ser una sociedad de la llamada IV República donde se fortaleció la clase media (hoy desaparecida) y contar con una pobreza digna que ascendía por estudios y por méritos a niveles superiores de la escala social, a ser un país donde la clase política gubernamental obtiene dividendos a base de descalabrar a los trabajadores, al erario público y ello, no es un invento, es una realidad hoy y ahora.
Vivimos en una sociedad venezolana donde el nivel económico es exagerado, pero el efecto es una sociedad de pobres con hambre, caldo de cultivo para la violencia, la delincuencia, los robos, los asesinatos, los secuestros y el narcotráfico.
Sin duda alguna, o la clase política comprende su papel en favor de una sociedad venezolana digna, meritoria, plausible, democrática o perderemos definitivamente el país que hoy vivimos y que nos heredaron Simón Bolívar, José Antonio Páez, Antonio José de Sucre, Andrés Bello, Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, Eleazar López Contreras, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Raúl Leoni, Rafael Caldera,  entre otros. 



miércoles, 22 de mayo de 2013

“ACUSACIONES Y SEÑUELOS”



“ACUSACIONES Y SEÑUELOS”

Zenair Brito Caballero

La verdad es que, últimamente Venezuela ha sido convertida en un gran depósito de denuncias y reclamos ciudadanos, sin que se avizoren medidas concretas de solución a nada. Tanto la población, como algunos de sus voceros más representativos, de ordinario se limitan a proclamar a los vientos, según se aprecia, todo tipo de alertas y fervientes quejas reclamatorias, sin que aparentemente nadie les escuche, aun estén secundados, y puedan contar con el concurso de algunos productores de programas consecuentes, radiales y televisivos, como de ciertos medios escritos de la prensa nacional o local, para defender los requerimientos elevados, que siempre lucen procedentes.
Aunque las personas griten y “pataleen”, como se dice, todo parece indicar que, nadie en capacidad de actuar aquí oye nada. Todo sigue igual, o peor, en nuestra Venezuela desbarrancada por 14 años de gobierno socialista-comunista: hambre, miseria, pobreza, delincuencia, criminalidad y corrupción solapada por doquier; inseguridad ciudadana preocupante,  con miedo hasta de caminar ahora por las calles y avenidas nuestras en horas del día, y mucho menos, durante las noches, a oscuras normalmente, por culpa de los administradores del negocio eléctrico nacional y sus cómplices políticos rojos-rojitos.
Las cargas impositivas en contra de la población se tornan cada vez más insoportables, por sus efectos directos, o traslativos; también, los costos de los servicios públicos. Pagando los alimentos cada día más caros, motivado en gran parte por la devaluación de la moneda, el desabastecimiento, la inflación y la escasez o a - impuestos aplicados depositándose sobre los intereses que recibe la gente por sus ahorros si es que puede tenerlos forzados para la vejez. Y, ni hablar de la tarifa eléctrica, por un servicio que se hace más ineficiente con el paso del tiempo. ¡Las esperanzas de corrección en  todos esos aspectos, parecen yerbas verdes, de esas que comen los animales!
Venezuela, con una altísima inflación, pincelada o maquillada de mínima por el gobierno, para justificar un alegado bienestar y crecimiento económico; y así, continuar guardando las apariencias de bonanzas, como de un país que progresa, mientras una gran parte de sus habitantes prosigue “tragándose un cable”, como lo expresa el pueblo llano.
Aquí sólo se oye al gobierno socialista-comunista y sus voceros hablar de proyectos de solución, como de la designación de comisiones para estudios y recomendaciones, quedando todo después en el tintero, entretanto los males en que incurren los desaprensivos continúan su agitado curso.
Algunos jolgorios y alharacas, nada más salen a relucir con cierto fervor en los tiempos de campaña electoral; y, los ingenuos ciudadanos siguen creyendo aun en las promesas politiqueras de todos estos socialistas-comunistas busca cargos y posiciones gubernamentales que se gasta la nación.  Después, las promesas se olvidan, y el país continúa metido en los mismos hoyos de siempre, con tendencia a hacerse más profundos cada vez.
Los cordones de miseria se amplían; las hambrunas se extienden territorialmente, mientras un selecto grupo socialista-comunista de “vive bien”, a cargo del erario público nacional, como de la población aportante, que es la “paganini” de cuantos platos se rompen, prosigue engrosando las grandes fortunas  acumuladas por sus miembros.
Ante esa indiscutible situación, ojalá que algunos de los alienados serviles del poder político, no se inclinen ahora por adherirse, en el plano nacional o regional, a las recomendaciones recientes de la ONU, en el sentido de que, para combatir el hambre y la desnutrición que se verifican a nivel mundial, derivadas de la gran pobreza reinante, la gente depauperada se incline por recurrir a la fuente alimentaria de los insectos y otras especies que se arrastran por el suelo entre los montes, y algunos lugares más.
A nuestro entender, esa es una sugerencia que continuamos considerándole como burlona, aunque algunas personas que fungen como cajas de resonancia, y que se podrían calificar como títeres, adulones de los intereses económicos poderosos, no lo entiendan así, y traten de justificarla, alegando que en algunas partes del mundo se recurre a esa fuente alimenticia desde hace gran tiempo, y que no sería una cosa de tanta significación, el que otras traten de emularlas para combatir el hambre y la desnutrición.
La pregunta que cualquiera  se haría es, que en cabeza con suficiente capacidad pensante y conciencia real, con respecto a sus congéneres, se podría entender como totalmente válida, y estar de acuerdo con una sugerencia de ese tipo, habiendo otras formas factibles, que se reportarían más justas, no sólo para colaborar con la alimentación de los pobres dispersos mundialmente, sino de contribuir a que se descontinúe con esa práctica doquiera que se registre. Pues, no es mentira que  ocurra así; pero, lo que habría que asegurarse es, ¿cuál es la razón real?
Lo que se tendría que determinar en ese orden, con exactitud meridiana, e independencia mental,  reiteramos, es el por qué se tiene que recurrir necesariamente a esa costumbre, si es que se le puede llamar de esa manera al consumo de insectos y demás, en los lugares que se señalan.
No creemos que nadie, con poder adquisitivo adecuado, o condición económica promedio, se inclinaría por comer insectos, u otra especie de animales saltamontes, a menos que no sea para satisfacer antojos, o degustar platos que se entiendan fueran de lo común, sofisticados quizás.
Seguro que, los ideólogos de tal recomendación, como aquellos que la respaldan con firmeza, no comerían nada de esos considerados insectos, ni saltamontes comunes, de los que ellos están sugiriendo, para que ingieran los pobres del mundo ante la miseria, la pobreza y la escasez de alimentos.

¿LOS MEDIOS GOBIERNEROS ORIENTADORES O DISTORSIONADORES DE LA OPINIÓN PÚBLICA?


¿LOS MEDIOS GOBIERNEROS  ORIENTADORES O DISTORSIONADORES DE LA OPINIÓN PÚBLICA?

Zenair Brito Caballero

En el periodismo venezolano la diferencia entre la línea editorial y línea política en los medios de comunicación es casi gradual porque no existen definiciones en su práctica, más bien las dos líneas juntas han creado diáfanos estilos periodísticos, tanto así que ya es normal hacer del espacio editorial, una perfecta tribuna en la que el periodista vierte su pensamiento politiquero o gobiernero socialista-comunista y sucede así en nuestro país, como sucede en todo el mundo, con la única diferencia que en el plano internacional algunos medios definen su identidad sociopolítica y de esa manera son conocidos por sus receptores.

¿Puede el periodismo del gobierno venezolano hacer planteos políticos concretos con clara definición ideológica y hasta partidaria? Claro que puede y de hecho lo hacen en VTV y medios afines. ¿Pero es legítimo? Si, lo es, siempre y cuando el medio defina su identidad político, ideológica y partidaria ante el público, de lo contrario, el medio puede convertirse en un instrumento político ideológico a favor del sector de poder que lógicamente cuenta con su partido político el PSUV, que al final beneficia al político y a su cúpula de poder, sin que importe nada fragmentar la masa de lectores, radio-escuchas o tele-espectadores.

Los medios son indudablemente  instrumentos políticos que sirven de orientadores o distorsionadores de la opinión pública, cuando el medio parcializa su línea editorial para encubrir a sus financistas gobierneros, y denigrar al adversario ideológico sin importar las consecuencias,  lo político se convierte para ellos, en el arma verbal que muchas veces aniquila o desfigura todo lo que viene del adversario.

Es claro que la línea editorial se caracteriza por el estilo o la forma en que se manejan las temáticas públicas, que aunque se traten temas de orden político, no se traspasa ese valor para arengar o tomar posturas políticas, que es cuando se corre el riesgo de parcializar el contenido y ganar imagen a favor de un minoritario sector y perderla ante las grandes mayorías.

La línea política propiamente dicha, si no se sale del canon conceptual que lo respalda, es natural e inherente al rol del administrador mediático, que casi por naturaleza en su condición de clase, tiende a defender intereses que lesionan la dignidad de las clases económicamente en desventaja, esta instancia editorial constituye el punto grávido, donde pueden pesar más las pasiones y militancias ideológico partidarias, que el raciocinio y la ecuanimidad, donde se rompe el hilo fronterizo para que la línea periodística obedezca a los intereses dominantes.

En el techado periodístico de la empresa mediática la gran mayoría de medios venezolanos escritos, radiados,  televisados o cibernéticos, pertenecen asociaciones o grupos de familias, cuyos individuos a su vez son miembros de cúpulas del poder que domina el accionar político ideológico, de organizaciones políticas integradas por sujetos que se constituyen como viscerales guerreros de luchas electorales, quienes con uñas y dientes, trampas y actitudes hipócritas, hacen cualquier cosa sucia para llegar al gobierno donde buscan enriquecerse más y hasta para tapar u obstaculizar la aplicación de la justicia en su contra por los hechos que deben del pasado.

En la asociación del poder económico y el poder político, puede surgir el tipo de periodismo que lesiona más la dignidad y la memoria de las sociedades meridianamente pensantes, que aunque no son libres por albedrío, practican por lo menos el libre pensamiento que construye conceptos y criterios políticos en el azar de la democracia natural.

El periodismo que surge como práctica que defiende, promueve y hasta pervierte al mercado sociopolítico, es a todas luces un juego de doble nivel, donde la visión empresarial se autoproclama como poder social, con capacidad de revertir procesos, manejar conciencias, comprar favores, trampear con estrategias de opinión pública, y hasta satanizar situaciones de gran beneficio social.

Ese periodismo por muy política que sea su línea de expresión editorial, no puede ser más que un juego de ruines politiqueros gobierneros, que con sus palabras torcidas pueden destruir o trastornar cualquier clima social, por muy sólido que este sea.

Las expresiones periodísticas que emanan desde los sectores dominantes del poder, argollas políticas, partidos políticos, son burlescas, inhumanas e insensibles, anti valores que abusan de la libertad de expresión, tuercen los criterios y manosean los conceptos, para generar laberintos ideológicos en el pensamiento popular, al que además le agregan la basura de vulgaridades, comentarios mordaces, y otras bazofias que camuflan la línea editorial de carácter político e ideológico a favor del partido político que ellos representan.

Ese es amigos lectores, el panorama global del periodismo socialista-comunista actual venezolano, que si nos detuviéramos a analizarlo en el día a día, es bastante bien aplicado en la práctica periodística criolla, actividad dizque productiva, que hace malabares con criterios multipolares de alto contenido alienante y deformador de la cultura de las  grandes mayorías, constituyéndose como la gran empresa mediática, responsable de enajenar la identidad cultural real, que a su vez, es peligrosa por sus altos niveles de conspiración en contra de quienes no le son ideológicamente afines.

britozenair@gmail.com

domingo, 19 de mayo de 2013

¡DEMOCRACIA PARALIZADA!


¡DEMOCRACIA PARALIZADA!

Zenair Brito Caballero

"Me gustas democracia, pero estás como ausente". Este graffiti escrito en la pared del estacionamiento de un edificio de una urbanización de Maracay, me puso a reflexionar profundamente sobre el destino de nuestra democracia venezolana, porque el presente y el futuro no son prometedores para su desarrollo.

Desde el esplendor de la democracia ateniense, hace ya más de veinte siglos, el término democracia ha sido el santo grial de los pueblos, se han dado democracias ejemplares en todo el mundo y nosotros mismos hemos tenido periodos de verdadera democracia, aunque su brillo y esplendor haya sido apocado por una clase política y que revolucionaria socialista-comunista que simple y sencillamente vive de ella desde hace catorce años, utilizando el voto sagrado del pueblo para mantenerse en su estatus quo.

El que ayer fue diputado, hoy es ministro o viceministro, el que fue alcalde hace unos cuantos años, hoy busca ser diputado, aquel que perdió sus foros de ayer, quiere regresar a tenerlos, es como "la sociedad de los poetas muertos", como un club social donde lo último que importa es el bienestar de las grandes mayorías, los recursos se emplean mal para poder mantener esa plantilla eterna de burócratas caros y lo triste, hoy Venezuela se cae a pedazos.
El desarrollo del país se detuvo hace 14 años por culpa de la voracidad de la mayoría de ellos, unos desmantelaban la red agropecuaria, los centrales azucareros, fincas privadas en pleno desarrollo, solo  para tener acceso a una flota de camiones articulados por la actividad privada, las carreteras son emparchamientos vulgares de asfalto donde los huecos se volvieron al revés, todo, absolutamente todo se ha envejecido y descompuesto, hay derecho al grito, pero nada más.

Los poderes públicos están tan íntimamente ligados entre sí, que a veces es difícil saber hasta dónde llega uno y donde comienza el otro. ¿Los magistrados no pueden ponerse de acuerdo para tomar correctas decisiones, porque todos quieren ser el presidente del Tribunal Supremo de Justicia y éste tiene que ser afecto al gobierno de turno? Este acto en sí pasaría inadvertido, de no ser que deja a la vista profundas fallas de procedimiento administrativo público que denota la penetración de la corrupción en todos los poderes.

Pregunto aquí reflexionando ¿Tiene el pueblo que tomar las calles para detener una decisión sobre la impugnación de las elecciones del 14 de abril o la auditoría solicitada por Henrique Capriles, el Comando Simón Bolívar y la MUD como  a todas luces se ve  espuria, fraguada con el visto bueno de CNE Y DEL TSJ?. Las palabras democracia, justicia y libertad, hoy por hoy son palabras gastadas en las que nadie cree en nuestra Venezuela. 


“LA EDUCACIÓN DEBE SER LA PRIMERA PRIORIDAD”


“LA EDUCACIÓN DEBE SER LA PRIMERA PRIORIDAD”

Zenair Brito Caballero

La lista de obligaciones del nuevo gobierno venezolano y que socialista-comunista se va haciendo cada vez más larga. En materia de economía y política en general hay mucho por hacer porque desgraciadamente Venezuela sufre de alta inflación, desabastecimiento, carestía, penuria y escasez, y la política  es la de la farsa, la mentira, el abuso y la disidencia. Pero en esa extensa lista hay una en especial que no puede seguir relegada dado que sus efectos, en caso de implementarse un verdadero cambio transformador, serán sumamente positivos para la sociedad, y en corto plazo. La misma se refiere al tema educativo.
Al gobierno y a los Ministerios de Educación,  no pareciera interesarle para nada el tema educativo, pues se niegan a escuchar o a dialogar con los gremios docentes sobre presupuesto y aumento salarial de maestros, profesores y docentes universitarios, mientras se observa un despilfarro intolerable de recursos, tanto humanos como técnicos en otras áreas, y altos aumentos, excelentes beneficios solo para los militares.
Si hay una reforma que el Gobierno puede hacer, la misma consiste en cortar de una vez por todas con el principal obstáculo con el que tropieza la educación venezolana: el propio ministerio del ramo y sus políticas educativas.
El sistema educativo venezolano se alimenta de varias suposiciones que desalientan la creación del capital humano, sinónimo de capacitación, de manera que nuestros jóvenes accedan a un puesto laboral con las debidas destrezas. Para lograrlo, sin embargo, los dos Ministerios de Educación deben cambiar sustancialmente su preeminencia en la educación.
Pienso que los dos Ministerios Educativos venezolanos  han fracasado y lo seguirán haciendo mientras continúe la estructura que le sirve de soporte y la política que los dirige. En la misma era del conocimiento esto es intolerable. En el país, unos miles de  niños y jóvenes no ingresan a las escuelas, liceos o universidades y no siguen sus estudios debido a los escasos ingresos de sus familias a pesar de la existencia de las llamadas Misiones educativas.
El primer paso que debemos dar, en consecuencia, no está en sacar al Estado de un plumazo del tema educativo, aunque admito que es lo que me gustaría. Por una cuestión de simple operatividad, más bien el paso correcto consiste en que el Estado pague a las familias por la educación de los niños y jóvenes más pobres, pero que ya no se dedique a proveer educación, lo que es muy diferente.
Esta idea se origina en una exitosa propuesta del educador Milton Friedman, la cual consiste en que siendo la educación un bien apreciado en el mundo del conocimiento, el dinero debería, por tanto, ser entregado a las familias para que estas elijan a qué escuelas y colegios enviar a sus hijos.
Para Friedman los cheques escolares deben ser entregados a las familias que los depositan en los colegios y escuelas de su elección. Una vez depositados estos cheques en el colegio o escuela elegida, estas instituciones educativas nuevamente entregan los cheques a favor del Estado a cambio del dinero asignado.
De esta manera se van dando una serie de efectos positivos. El Estado no se desentiende del tema educativo, dado que garantiza el pago de la educación a las familias de escasos recursos; las familias eligen la mejor educación para sus hijos y, en especial, surge una sana competencia entre los diferentes colegios que hacen lo mejor en construir y mantener una infraestructura acorde con el servicio y en contratar a los mejores docentes para así contar con la elección de los padres.
¿Quiénes son mejores para elegir dónde destinar el dinero en las diferentes escuelas y colegios donde asisten los niños y jóvenes? La respuesta como se ha visto en todos estos años no está precisamente en el Ministerio de Educación, ni en la burocracia que la rodea, ni en sus direcciones que no hacen más que desalentar la creatividad, la eficiencia y el mérito, condiciones precisamente que exigen la calidad educativa.
El nuevo gobierno  recién llegado al poder, debería enfrentar con determinación la realidad de la educación en el país. Es tiempo del subsidio escolar. Esto sería apenas el comienzo, puesto que será un instrumento útil y eficiente para iniciar un amplio debate sobre el actual modelo educativo, el cual debe cambiar por uno de calidad y con formación de valores democráticos y no de ideologización a la cubana socialista-comunista.