viernes, 10 de agosto de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO, ¿HAY DIFERENCIAS ENTRE LOS POBRES?


¿HAY DIFERENCIAS ENTRE LOS POBRES?
Zenair Brito Caballero  britozenair@gmail.com
Para aquellos interesados en la pobreza, sobre todo en la forma de sacar a estos sectores de sus condiciones precarias de vida, es particularmente interesante conocer lo que está sucediendo en Chile. Parecería que cuando no son exitosas las políticas dirigidas a estos sectores, los pobres no se diferencian entre sí, pero cuando empiezan a ser positivas algunas estrategias gubernamentales, surgen diferencias interesantes que obligan a análisis más cuidadosos sobre cómo llegarles a estos sectores, con lo que realmente los puede ayudar.
Leí un artículo publicado en Internet, que  El Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile hizo un análisis sobre el 40 por ciento de la población identificada como vulnerable en la capital del país y esos resultados fueron presentados recientemente en la prensa nacional. Los analistas afirman que en Haití no hay diferenciación de la pobreza, mientras que en Chile, concretamente en Santiago, se identifican cinco tipos distintos de esta.
Los guetos, que se caracterizan porque viven en barrios deteriorados, en un contexto de drogadicción y violencia; los desesperanzados viven en los guetos pero sufren en medio de una realidad que no comparten; los organizados, aquellos que se agrupan para lograr objetivos; los dependientes, que esperan que todo se los dé el Estado y, finalmente, los que ellos llaman “moyenizados”, que viven como los anteriores pero se sienten con valores de clase media.
Obviamente, las políticas para cada subgrupo son distintas. Se anota que esta caracterización es fundamental porque “no tiene sentido entregarle un microcrédito a un desesperanzado, pero sí a un organizado”, afirma Alejandra Rasse, una de las investigadoras
Pero no solo son muy importantes estas diferenciaciones, sino las razones por las cuales esto está sucediendo. Es el desarrollo económico alcanzado en los últimos años y, particularmente, el éxito logrado en los programas de vivienda y el aumento en los años de escolaridad lo que genera estos cambios, plantea el estudio. Para corroborarlo, toman el ejemplo de una persona que pertenece a este sector pero vive en una casa mejor situada, en un barrio de mayor reconocimiento social. A pesar de tener familias similares e ingresos parecidos a sus pares que se sienten pobres, estas personas se identifican como de clase media porque se enfrentan a oportunidades distintas.
Es decir, si sale de su gueto y vive en zonas deseables, sus expectativas cambian totalmente. Se genera entonces el necesario proceso de movilidad social. En estos momentos, cuando el gobierno  socialista-comunista venezolano luego del problema de los damnificados por las lluvias de los pasados meses que viven apretujados en albergues improvisados, se ha comprometido con un ambicioso programa de vivienda de interés social, esta experiencia chilena es de gran valor.
Primero, debe tipificar a la población pobre para definir políticas; segundo, debe tener mucho cuidado con las características de la vivienda que, en el caso venezolano, históricamente lejos de mejorar su calidad enfrenta a los pobres con viviendas a medio terminar, sin los servicios públicos que se requieren; tercero, la ubicación es definitiva.
Por lo que mencionan los chilenos, es fundamental que la movilidad social empiece por la nueva percepción que pueden tener los pobres, al vivir en sitios donde compartan con una población que tiene otros proyectos de vida. Para ello se necesita que su nueva vivienda cumpla con unos requisitos básicos.
En Las Condes, un barrio prestigioso de Santiago, allí donde vive el presidente Piñera, han construido condominios de viviendas sociales en un subsector en la Avenida Alejandro Fleming, que, como afirman los investigadores, “transmiten movilidad social a sus habitantes”. Además, los pobres de Chile tienen una pensión solidaria, y el gobierno acabó con las cooperativas de trabajo asociado y creó otras políticas sociales, dirigidas a todos los pobres. Esta es, sin duda, una sugerencia oportuna para ver si los venezolanos no solo copiamos lo malo sino también lo bueno. Hay un camino EL DEL PROGRESO.