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sábado, 2 de junio de 2012

“LA ARREMETIDA DEL PODER POLÌTICO A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÒN"


“LA ARREMETIDA DEL PODER POLÌTICO A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÒN"
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
Observando lo que viene pasando en los medios de comunicación regional, como en el caso de Barinas, donde 57 agresiones a reporteros y medios se han registrado en esa ciudad desde 2008, según denuncia hecha por el Lic. Tarquino González, secretario del CNP en el Programa Alò Ciudadano de ayer viernes 1º de junio,  donde señala que periodistas con muchos años en el ejercicio de su profesión, han sido suspendidos de sus programas de opinión en las radios, en las televisoras locales y de los diarios en los cuales han venido ejerciendo su profesión, he decidido escribir hoy este artículo de opinión.
Considero que un medio de comunicación es un objeto que se emplea para transmitir información de un sujeto a otro. Su rol es  trascendental en cualquier sociedad verdaderamente democrática donde la libertad de opinión y de expresión y la variedad de fuentes de información deben ser instituciones básicas.
Es conocido, que en los últimos años, las políticas en materia de telecomunicaciones han provocado la liberación y desregulación de los mercados en el mundo. Pero esa estructura basada en la ley de la oferta y la demanda determina que el fin último de esos medios es la ganancia económica, y es esta la que define las tendencias en cuanto al contenido de la información,  variedad de la programación y ha llevado además a la agrupación de los medios,  lo cual facilita la uniformidad de los mensajes.
Sorprende a veces observar cuando leemos los titulares de diferentes diarios, cómo todas las versiones sobre un hecho coinciden, son casi unánimes. Unas pocas agencias de noticias producen la información para muchos medios.  En eso radica su poder,  en la concentración que facilita el control. Tienen la posibilidad de dar a la gente el mensaje que quieren y no necesariamente el que conviene a la ciudadanía. 
Sus intereses económicos y políticos prevalecen sobre su obligación de informar y servir a la sociedad. Por desgracia en Venezuela, la concentración de las comunicaciones  en el gobierno socialista-comunista venezolano, limita el derecho a la información porque permite la imposición de un pensamiento único y de esa manera, las corporaciones mediáticas ejercen  un enorme y peligroso protagonismo ideológico, se convierten en un instrumento de control del pensamiento, manipulan las ideas y la ciudadanía inerme y agobiada por el cúmulo de información no alcanza a digerirlo todo.
Toma lo que sea, como le llegue,  sin preocuparse demasiado. Sus criterios muchas veces no se ajustan con la interpretación de los hechos pero puede más el poder de los medios que terminan imponiendo sus puntos de vista  según sus intereses y  los de sus anunciantes.
Si bien el acceso a los medios se ha democratizado con la facilidad de acceso a la radio, a la televisión y a la red de internet, no ha ocurrido lo mismo con el acceso al control y a  la propiedad de los medios; escasean los medios informativos que se ajusten a lo que ocurre en todas las comunidades venezolanas quizás por miedo al excesivo control del gobierno socialista-comunista y su mano ejecutora Conatel.
Así las cosas, quienes tienen la información tienen el poder y en tales condiciones la interpretación de los hechos, la versión del mundo y el contenido de los mensajes responde a los intereses de quienes ostentan el poder económico y político. La opinión ciudadana es manipulada constante y persistentemente por el gobierno socialista-comunista obligando a todos los medios que son opositores a la aplicación de la propaganda gubernamental con la llamada Ley Resorte.
Además, los grupos de comunicación gobierneros rojos-rojitos se han convertido en protagonistas de la realidad, hacen parte de ella ya no sólo como medios sino como actores y aprovechando esa doble condición bombardean a la ciudadanía con la  información que les da la gana.
Se reservan el derecho de decidir sobre qué hechos informar y cuáles ocultar. La actual  persecución contra los periodistas de la Prensa de Barinas y la retaliación persistente contra Globovisión es un buen ejemplo de todo esto.
Hay antiguos ex gobernadores y ex alcaldes rojos rojitos con un gran prontuario de corrupción administrativa y malversación de fondos  de los cuales no se dice nada, parece que deliberadamente los medios gobierneros han decidido ignorarlos.
Cuando se acercan las elecciones presidenciales el próximo 7 de octubre, las campañas diseñadas por los asesores de imagen son concebidas pensando más en los medios que en los electores. Lo importante no es convencer al electorado de la bondad de unas propuestas.  La clave es ganar imagen, impactar al televidente o al radioescucha con un símbolo, con un slogan, con cualquier cosa, por eso vemos la antigua cara de Chávez en todas partes.
En eso consiste la manipulación. Se subestima al ciudadano venezolano,  se le cree incapaz de formarse opiniones propias a partir de una información seria  y  veraz; se intenta darle todo digerido. Además, los medios gubernamentales como VTV, más que informar, deforman, se han extralimitado en su función social y de informadores han pasado a ser jueces supremos, definen culpabilidades, se creen poseedores de la verdad absoluta y con ese poder determinan sanciones y ejecutan penas.
Con demasiada frecuencia se escuchan entrevistas radiales o televisivas en las cuales los entrevistadores cuestionan y rechazan las respuestas de sus entrevistados. Otros comunicadores  no disimulan sus simpatías y antipatías con  el gobierno socialista-comunista y con descarada facilidad descalifican las opiniones de sus contrarios. Definitivamente la libertad de expresión y de opinión sigue siendo una materia pendiente en nuestra Venezuela. Hay que rescatarla y tenemos un camino. EL DEL PROGRESO.

miércoles, 30 de mayo de 2012

“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”


“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
La violencia es como una larga e irregular escalinata que al llegar a la cima, encuentra un barranco profundo y oscuro; no tiene la forma de una pirámide, que comienza ancha en su base y termina angosta en la cúspide.  Del latín la palabra “violentus”, violento, viene de “vis”: fuerza, poder, violencia.  Del diccionario RAE XXII edición, violentar es “aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia”. 
Lo violento “está fuera de su natural estado, situación o modo… que se ejecuta contra el modo regular o fuerza de razón y justicia…”  La violencia es contagiosa, se extiende por el temor, por el miedo y la incertidumbre, brota del poder en cualquiera de su multitud de formas y manifestaciones privadas y públicas.  Es de carácter viral y endémico,  hay que atenderla con prontitud, antes que inicie el ciclo de su evolución y avance en sus estragos.  El rumor genera miedo ante lo desconocido, ante el mal que se siente y desconoce, es epidemiológico. 
La ley de Newton, no es sólo una ley de la física, es una ley social: “a toda acción corresponde una reacción igual o mayor”. El odio y el terror, se engendran mutuamente.  Ejerce la violencia el empleador que no cumple sus obligaciones laborales contra el trabajador quien necesita el salario y se acomoda a las condiciones denigrantes que le impone; el presidente  venezolano socialista-comunista haciendo su voluntad por encima de la opinión mayoritaria del pueblo  o del grupo a quien dice “representa”, sin discutir, sin consultar, porque siente en su envestidura el carácter mesiánico y providencial de su posición, que termina, de tanto insistir, creyéndosela, busca ansioso la hegemonía, se siente imprescindible, su voz se alza entre las multitudes o entre las minorías sobre las cuales su poder ejerce una fuerza que doblega voluntades.
 La historia humana amigos lectores ha sido la historia de la violencia y Venezuela no es la excepción, Desde el poder, con su “visionaria, alucinada” y comúnmente centralista interpretación del mundo, desde lo erudito, emotivo y dependiente, desde la superioridad racial, cultural, material y psíquica, desde la investidura legítima o ilegítima, se violentan las cosas y las personas para doblegar su resistencia y someterlas al redil de aquello que quien manda, decide, controla, dice qué es lo bueno o lo malo, lo que conviene y no conviene, lo que debe gustar y disgustar.  Esa fuerza, por encima de todo, llámese mercado, partido político, iglesia, ejército, policía, estado, juez, empresa… 
La violencia, aceptémoslo con repugnante indignación, es producto del conflicto cotidiano que el ejercicio del poder ha ejercido en la sociedad venezolana en la cual vivimos y seguiremos viviendo, hasta que no llegue un momento en que, habiendo rebasado sus límites, colapse nuestra existencia individual y social, porque la violencia en su más visible y extrema manifestación provoca la confrontación
Violencia amigos, es someter al desempleo, al analfabetismo, a la ignorancia, a la inseguridad, a la enfermedad, al abandono, a la orfandad, al olvido, a la denigración,… ¿Puede ser la violencia legítima e ilegítima, justificada o injustificada? Depende, quien la ejerza y tenga la capacidad para justificarla, puede hacerla lícita o legítima, si tiene el poder suficiente para hacerlo desde lo real;  desde lo ético, que no siempre prevalece,  sólo es legítima y justificada, aquella que reacciona para sobrevivir ante la violencia de origen que pretende destruirlo o someterlo,  es un proceso natural, lógico, humano y físico.
 La violencia engendra violencia, es una trampa de la que no se sale. Desde la doctrina norteamericana se ha hablado de la “guerra preventiva”. Desde la historia, en la “guerra santa”, desde católicos, judíos y musulmanes,  desde las Cruzadas, en la Conquista se ha usado el nombre de Dios.
La debilidad es la locura, la fuerza se desborda y las acciones traspasan lo razonable, esa es la más evidente señal de su agonía.  Una forma de poder muere y otra surge inmediatamente,  alguien que lo representa deja de existir y una nueva figura se levanta de las cenizas del otro, reniega del antecesor, promete ser distinto, pero poco a poco, a medida que acumula en sus articulaciones la energía de esa fuerza invisible y necesaria,  se va pareciendo mas y mas a eso de quien antes renegó. 
Así es la historia señores, un drama, una comedia,  un juego de ajedrez. Solamente el poder, cuando es pequeño, puede ser más ampliamente compartido; cuando crece, se concentra, precisamente eso lo hace crecer hasta un punto determinado, después evoluciona, muta y muda, se diluye una forma y figura, y surge creativamente en otra que a fin de cuentas no deja de ser la misma en otra época y circunstancia, más sutil o burda.   

“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”


“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
La violencia es como una larga e irregular escalinata que al llegar a la cima, encuentra un barranco profundo y oscuro; no tiene la forma de una pirámide, que comienza ancha en su base y termina angosta en la cúspide.  Del latín la palabra “violentus”, violento, viene de “vis”: fuerza, poder, violencia.  Del diccionario RAE XXII edición, violentar es “aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia”.
Lo violento “está fuera de su natural estado, situación o modo… que se ejecuta contra el modo regular o fuerza de razón y justicia…”  La violencia es contagiosa, se extiende por el temor, por el miedo y la incertidumbre, brota del poder en cualquiera de su multitud de formas y manifestaciones privadas y públicas.  Es de carácter viral y endémico,  hay que atenderla con prontitud, antes que inicie el ciclo de su evolución y avance en sus estragos.  El rumor genera miedo ante lo desconocido, ante el mal que se siente y desconoce, es epidemiológico.
La ley de Newton, no es sólo una ley de la física, es una ley social: “a toda acción corresponde una reacción igual o mayor”. El odio y el terror, se engendran mutuamente.  Ejerce la violencia el empleador que no cumple sus obligaciones laborales contra el trabajador quien necesita el salario y se acomoda a las condiciones denigrantes que le impone; el presidente  venezolano socialista-comunista haciendo su voluntad por encima de la opinión mayoritaria del pueblo  o del grupo a quien dice “representa”, sin discutir, sin consultar, porque siente en su envestidura el carácter mesiánico y providencial de su posición, que termina, de tanto insistir, creyéndosela, busca ansioso la hegemonía, se siente imprescindible, su voz se alza entre las multitudes o entre las minorías sobre las cuales su poder ejerce una fuerza que doblega voluntades.
 La historia humana amigos lectores ha sido la historia de la violencia y Venezuela no es la excepción, Desde el poder, con su “visionaria, alucinada” y comúnmente centralista interpretación del mundo, desde lo erudito, emotivo y dependiente, desde la superioridad racial, cultural, material y psíquica, desde la investidura legítima o ilegítima, se violentan las cosas y las personas para doblegar su resistencia y someterlas al redil de aquello que quien manda, decide, controla, dice qué es lo bueno o lo malo, lo que conviene y no conviene, lo que debe gustar y disgustar.  Esa fuerza, por encima de todo, llámese mercado, partido político, iglesia, ejército, policía, estado, juez, empresa… 
La violencia, aceptémoslo con repugnante indignación, es producto del conflicto cotidiano que el ejercicio del poder ha ejercido en la sociedad venezolana en la cual vivimos y seguiremos viviendo, hasta que no llegue un momento en que, habiendo rebasado sus límites, colapse nuestra existencia individual y social, porque la violencia en su más visible y extrema manifestación provoca la confrontación
Violencia amigos, es someter al desempleo, al analfabetismo, a la ignorancia, a la inseguridad, a la enfermedad, al abandono, a la orfandad, al olvido, a la denigración,… ¿Puede ser la violencia legítima e ilegítima, justificada o injustificada? Depende, quien la ejerza y tenga la capacidad para justificarla, puede hacerla lícita o legítima, si tiene el poder suficiente para hacerlo desde lo real;  desde lo ético, que no siempre prevalece,  sólo es legítima y justificada, aquella que reacciona para sobrevivir ante la violencia de origen que pretende destruirlo o someterlo,  es un proceso natural, lógico, humano y físico.
 La violencia engendra violencia, es una trampa de la que no se sale. Desde la doctrina norteamericana se ha hablado de la “guerra preventiva”. Desde la historia, en la “guerra santa”, desde católicos, judíos y musulmanes,  desde las Cruzadas, en la Conquista se ha usado el nombre de Dios.
La debilidad es la locura, la fuerza se desborda y las acciones traspasan lo razonable, esa es la más evidente señal de su agonía.  Una forma de poder muere y otra surge inmediatamente,  alguien que lo representa deja de existir y una nueva figura se levanta de las cenizas del otro, reniega del antecesor, promete ser distinto, pero poco a poco, a medida que acumula en sus articulaciones la energía de esa fuerza invisible y necesaria,  se va pareciendo mas y mas a eso de quien antes renegó. 
Así es la historia señores, un drama, una comedia,  un juego de ajedrez. Solamente el poder, cuando es pequeño, puede ser más ampliamente compartido; cuando crece, se concentra, precisamente eso lo hace crecer hasta un punto determinado, después evoluciona, muta y muda, se diluye una forma y figura, y surge creativamente en otra que a fin de cuentas no deja de ser la misma en otra época y circunstancia, más sutil o burda.