miércoles, 30 de mayo de 2012

“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”


“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
La violencia es como una larga e irregular escalinata que al llegar a la cima, encuentra un barranco profundo y oscuro; no tiene la forma de una pirámide, que comienza ancha en su base y termina angosta en la cúspide.  Del latín la palabra “violentus”, violento, viene de “vis”: fuerza, poder, violencia.  Del diccionario RAE XXII edición, violentar es “aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia”. 
Lo violento “está fuera de su natural estado, situación o modo… que se ejecuta contra el modo regular o fuerza de razón y justicia…”  La violencia es contagiosa, se extiende por el temor, por el miedo y la incertidumbre, brota del poder en cualquiera de su multitud de formas y manifestaciones privadas y públicas.  Es de carácter viral y endémico,  hay que atenderla con prontitud, antes que inicie el ciclo de su evolución y avance en sus estragos.  El rumor genera miedo ante lo desconocido, ante el mal que se siente y desconoce, es epidemiológico. 
La ley de Newton, no es sólo una ley de la física, es una ley social: “a toda acción corresponde una reacción igual o mayor”. El odio y el terror, se engendran mutuamente.  Ejerce la violencia el empleador que no cumple sus obligaciones laborales contra el trabajador quien necesita el salario y se acomoda a las condiciones denigrantes que le impone; el presidente  venezolano socialista-comunista haciendo su voluntad por encima de la opinión mayoritaria del pueblo  o del grupo a quien dice “representa”, sin discutir, sin consultar, porque siente en su envestidura el carácter mesiánico y providencial de su posición, que termina, de tanto insistir, creyéndosela, busca ansioso la hegemonía, se siente imprescindible, su voz se alza entre las multitudes o entre las minorías sobre las cuales su poder ejerce una fuerza que doblega voluntades.
 La historia humana amigos lectores ha sido la historia de la violencia y Venezuela no es la excepción, Desde el poder, con su “visionaria, alucinada” y comúnmente centralista interpretación del mundo, desde lo erudito, emotivo y dependiente, desde la superioridad racial, cultural, material y psíquica, desde la investidura legítima o ilegítima, se violentan las cosas y las personas para doblegar su resistencia y someterlas al redil de aquello que quien manda, decide, controla, dice qué es lo bueno o lo malo, lo que conviene y no conviene, lo que debe gustar y disgustar.  Esa fuerza, por encima de todo, llámese mercado, partido político, iglesia, ejército, policía, estado, juez, empresa… 
La violencia, aceptémoslo con repugnante indignación, es producto del conflicto cotidiano que el ejercicio del poder ha ejercido en la sociedad venezolana en la cual vivimos y seguiremos viviendo, hasta que no llegue un momento en que, habiendo rebasado sus límites, colapse nuestra existencia individual y social, porque la violencia en su más visible y extrema manifestación provoca la confrontación
Violencia amigos, es someter al desempleo, al analfabetismo, a la ignorancia, a la inseguridad, a la enfermedad, al abandono, a la orfandad, al olvido, a la denigración,… ¿Puede ser la violencia legítima e ilegítima, justificada o injustificada? Depende, quien la ejerza y tenga la capacidad para justificarla, puede hacerla lícita o legítima, si tiene el poder suficiente para hacerlo desde lo real;  desde lo ético, que no siempre prevalece,  sólo es legítima y justificada, aquella que reacciona para sobrevivir ante la violencia de origen que pretende destruirlo o someterlo,  es un proceso natural, lógico, humano y físico.
 La violencia engendra violencia, es una trampa de la que no se sale. Desde la doctrina norteamericana se ha hablado de la “guerra preventiva”. Desde la historia, en la “guerra santa”, desde católicos, judíos y musulmanes,  desde las Cruzadas, en la Conquista se ha usado el nombre de Dios.
La debilidad es la locura, la fuerza se desborda y las acciones traspasan lo razonable, esa es la más evidente señal de su agonía.  Una forma de poder muere y otra surge inmediatamente,  alguien que lo representa deja de existir y una nueva figura se levanta de las cenizas del otro, reniega del antecesor, promete ser distinto, pero poco a poco, a medida que acumula en sus articulaciones la energía de esa fuerza invisible y necesaria,  se va pareciendo mas y mas a eso de quien antes renegó. 
Así es la historia señores, un drama, una comedia,  un juego de ajedrez. Solamente el poder, cuando es pequeño, puede ser más ampliamente compartido; cuando crece, se concentra, precisamente eso lo hace crecer hasta un punto determinado, después evoluciona, muta y muda, se diluye una forma y figura, y surge creativamente en otra que a fin de cuentas no deja de ser la misma en otra época y circunstancia, más sutil o burda.   

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