viernes, 5 de julio de 2013

“LA VERGÜENZA CARCELARIA VENEZOLANA”

“LA VERGÜENZA CARCELARIA VENEZOLANA”

Zenair Brito Caballero 

(britozenairgmail.com)


Afirmó Fedor Dostoievski que  “El grado de civilización en una sociedad se juzga visitando sus cárceles”- En las sociedades más sensibles los castigos crueles no son necesarios, la tortura es repudiada y la crueldad como sanción ha sido abolida.


Una Institución Penitenciaria antes que un sitio de castigo es un lugar para la reeducación y la reinserción social. En Venezuela hay un régimen penitenciario incompatible con un mínimo de dignidad humana. La población carcelaria es elevadísima y el hacinamiento vergonzoso.

Según datos que leí por Internet en un trabajo realizado por unos abogados especialistas en esta área, hay casi 200.000 personas privadas de la libertad, de éstas, unas 110.500 están en los  centros de reclusión (con capacidad para acoger unos 75.000), 25.000 en detención domiciliaria; 1700 en cárceles distritales y 1200 en penales de la Fuerza Pública.

Unos 40.000 son presos sin juicio; 800 son enfermos terminales que siguen recluidos y 400 son lisiados. Detrás de tantos delitos y tragedias humanas hay una sociedad inequitativa e injusta, manejada por una plutocracia, por un predominio que desde “arriba, desde las alturas del poder” lo dispone todo según los intereses de una camarilla que desde siempre ha condenado a la pobreza a la inmensa mayoría de los habitantes venezolanos, aunque pregonan a los cuatro vientos ser socialistas-comunistas y humanistas.

En ese ambiente de marcadas desigualdades la lucha por una vida digna obliga al rebusque desaforado y las frustraciones impulsan al delito. Un factor adicional es el consumismo y el afán del dinero fácil, la voracidad por tener y la corrupción. Es violenta y conflictiva la sociedad venezolana; la vida ha perdido su valor, el sicariato es un oficio cualquiera, el crimen y la violencia están a la orden del día.
Por temibles que sean las cárceles lo que en ellas ocurre no frena, ni ejemplariza a los potenciales delincuentes. Es absurdo esperar que con el sistema penal se pueda superar tanta conflictividad. Hay que resolver las causas originales del problema.

El Gobierno socialista-comunista tiene que asumir una función social más comprometida con los problemas de las mayorías. Las cárceles venezolanas son universidades del delito y escuelas de la delincuencia que agigantan la capacidad delictiva de muchos condenados e imposibilitan su reinserción posterior, es decir, en vez de reducir el peligro lo potencian porque aunque deben ser lugares de disciplina severa no tienen que ser centros de mayores penurias ni más padecimientos que la negación de la libertad.

El teólogo Jan De Cock que ha visitado 141 cárceles en 91 países del mundo, dijo: “un preso es más que su delito, en cada persona hay algo bueno” y es tarea de los rehabilitadores potenciar lo positivo de cada uno.

La nueva cultura penitenciaria Venezolana subordina la dignidad y la integridad de los detenidos a la seguridad, de ahí el poco respeto a los derechos humanos de los reclusos que se manifiesta en maltratos físicos y psíquicos, tratos crueles e inhumanos, aislamientos, restricción a las comunicaciones, al servicio médico, a las visitas y al suministro del agua.

Los guardias y funcionarios imponen arbitrariamente penas adicionales. Las dotaciones y las instalaciones de las cárceles son, casi sin excepción, lamentables. El hacinamiento puede llegar al 300%. Esto genera enfermedades, es inhumano, indigno e infernal. Hay presos que duermen colgados de los techos.

Muchos funcionarios y voceros de organizaciones nacionales y extranjeras de derechos humanos, han advertido que esto constituye una bomba de tiempo y un peligro inminente. Un caso extremo es la cárcel ‘de Uribana´ de Barquisimeto y la de Tocuyito en Carabobo, llamadas las Cárceles de Castigo por ser unos lugares donde el humanismo se refundió en un ambiente de maldad y perversión, de hambre, fetidez, enfermedades y maltratos.

Los reclusos temen denunciar por miedo a las represalias y por la impunidad reinante. Con sobradas razones se adelanta una campaña por el cierre definitivo de estos Centros de torturas y de malvivir. Sin embargo, el régimen carcelario hace excepciones, son los privilegios de siempre, se trata de los pabellones de alta seguridad, cómodos y bien dotados, allí llevan a los condenados por narcotráfico, parapolítica o corrupción que gozan de prebendas que los presos del común no conocen.

Mientras tanto a los presos políticos como el caso de los Comisarios Forero, Vivas y Simonovis, a los 8 policías metropolitanos se les niega su condición de tales, no los juzgan por rebelión sino por traidores a la patria para condenarlos como delincuentes comunes y hasta si les llegara a dar la gana al gobierno extraditarlos a EEUU. El Minjusticia y la Ministra Valera, han prometido trabajar por la descongestión carcelaria y construir nuevas mega cárceles para albergar 25.000 reclusos. Amanecerá y veremos, promesas, promesas y solo promesas

Es apremiante resolver el hacinamiento en las cárceles venezolanas, pero es también imperioso combatir los factores que inducen al delito. La seguridad no se resuelve con represión ni con más cárceles. Lo verdaderamente urgente es la justicia social que tanto pregonan quienes se dicen socialistas, comunistas y humanistas.


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