viernes, 5 de julio de 2013

“EL AVANCE SE CONQUISTA CON LA ELIMINACIÓN DEL SOCIALISMO”

“EL AVANCE SE CONQUISTA CON LA ELIMINACIÓN DEL SOCIALISMO”

Zenair Brito Caballero

Las contribuciones positivas de la sociedad de consumo, teniendo que ser más fuertes que sus fallas, constituyen para el individuo uno de los alientos de avance y realización de mayor espectro, además de ser resonancia constante de su espíritu creador plural.
Por el contrario, el socialismo es un modelo que propugna la socialización de los medios de producción, donde el estado es dueño del patrimonio productivo y su administración es de orden colectivista.
Tanto el comunismo, como el socialismo, o quienes instalados en una demagogia galopante atacan o estrangulan a la sociedad de consumo, o lo que es lo mismo, a la sociedad productiva, negándose a reconocer que los que tienen que consumir menos son los que consumen con exceso, pero quien vive mal porque no puede consumir, vivirá peor si no logra consumir más.
Sí es necesario admitir que las manifestaciones de la crisis social y medioambiental en todo el planeta son cada vez más visibles: todos los días encontramos ejemplos a nuestro alrededor o en los medios de comunicación, del injusto reparto de la riqueza y el consiguiente aumento de la pobreza, o de los efectos que el actual desarrollo insostenible tiene para la naturaleza.
Serían innumerables los ejemplos, desde los fenómenos migratorios, hasta la deforestación, pasando por la explotación laboral (sobre todo de mujeres y niños). Este modelo económico de producción y consumo tiene su desgaste natural.
La gran pregunta es ¿Cómo reinventar el capitalismo y liberar una oleada de innovación y crecimiento? El propósito de la empresa debe ser redefinido. Es preciso reinventar el capitalismo para que la innovación y el crecimiento se liberen. Es justamente de ese agotamiento del sistema neoliberal del que se aprovecha el estridente mensaje populista del socialismo, en búsqueda de más seguidores en países de nuestro continente.
Lo cierto es que como consumidores, último eslabón del sistema económico, tenemos una responsabilidad, pero asimismo  tenemos un poder. Con nuestra manera de consumir podemos influir en la marcha de la economía y del mundo de una forma directa.
Un consumo consciente y responsable, orientado al fomento de actividades satisfactorias para la naturaleza y las personas, es una gran contribución y un decisivo instrumento de presión frente al mercado.
La práctica del Valor Agregado Compartido en las empresas, que ya marca una tendencia en el mundo, y el Consumo Responsable, tan amplio como lo es la propia actividad de consumir. Podemos, sin embargo, sintetizarlo en tres bloques:
Un Consumo Ético, en el que se introduzcan valores como una variante importante a la hora de consumir o de optar por un producto. Hacemos especial énfasis en la austeridad como un valor en relación con la reducción para un consumo ecológico, pero también frente al crecimiento económico desenfrenado y al consumismo como forma de alcanzar el bienestar y la felicidad.
Un Consumo Ecológico, que implica, por este orden, las famosas “erres” del movimiento ecologista: Reducir, Reutilizar y Reciclar, pero en el que además se incluyen elementos tan imprescindibles como la agricultura y ganadería ecológicas, la opción por la producción artesanal, etc.
Un Consumo Social o Solidario, donde entraría asimismo el comercio justo, es decir, el consumo en lo que  respecta a las relaciones sociales y condiciones laborales en las cuales se ha elaborado un producto o realizado un servicio. Se trata de pagar lo apropiado por el trabajo efectuado, tanto a gente de otros países como a la más cercana, en nuestro ámbito local; se trata de eliminar la discriminación; de potenciar alternativas sociales y de integración.
Si por ejemplo, nos servimos del marco referencial de nuestros países en América, cuyos problemas se agravan precisamente porque los bajos  índices de consumo, al relacionar faltas de producción y productividad, plantean el drama de mercados insuficientes y de carencias mayores.
Comprendemos que la tarea, colosal, es producir más, incorporando al trabajo y al consumo a millones de personas, necesitadas de hábitos fundamentales de vida civilizada. No puede haber progreso con la teoría del comunismo de Karl Marx, que se puede reducir en una oración: ¡“abolir toda propiedad privada”!
No es repartiendo riqueza como sale adelante un pueblo sino generando trabajo, creando confianza, abriendo oportunidades con el consiguiente bienestar individual. No hay peor retraso del ser humano que el que causa la miseria. Lo que queda expuesto facilitará un entendimiento medular para nosotros: El progreso relacionado a la empresa privada, es un concepto que indica la existencia de un sentido de mejora en la condición humana.
Latinoamérica necesita una empresa privada pujante, en Venezuela requerimos muchos empresarios buenos. El Estado venezolano tiene que ayudar a defenderlos, a crear el clima de confianza necesario para que se conviertan en pilares del desarrollo económico y social, porque los empresarios son indispensables en la creación de centros de trabajo y de producción.
Los empresarios, a través de sus fábricas y comercios, siguen siendo los mejores vehículos para redistribuir la riqueza. Las empresas son el  instrumento ideal para hacer justicia social y las empresas, son la mayor garantía para que los países progresen y se desarrollen equilibrada y democráticamente.

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