sábado, 30 de marzo de 2013

“VENEZUELA NECESITA QUE GANE EL MEJOR CANDIDATO”


“VENEZUELA NECESITA QUE GANE EL MEJOR CANDIDATO”
Zenair Brito Caballero  

Cuenta una leyenda griega que Diógenes salió con una linterna encendida, en plena luz del día, en busca de un hombre íntegro. Este pasaje recurre a mi memoria siempre que observo cómo los hombres y mujeres se enfrascan en una lucha personal por lograr puestos públicos.

Hace muchos años comencé a escribir para los diarios regionales y han sido muchas las campañas políticas que he vivido y he escrito bastantes columnas para la opinión pública, y siempre es lo mismo: agravios, ultrajes, ofensas, demagogia, engaños, trampas, manipulación de las emociones de los desposeídos, desconocimiento de las necesidades de la nación, estados, ciudades, según sea el caso, intereses personalistas antepuestos a los de la comunidad.

Por estos días he revivido los años de mi juventud cuando en medio del trabajo en la cátedra universitaria, muchas veces reía ante los desafueros de contrincantes políticos y en otras, el asombro por la ligereza y el descaro de algunos participantes. Había candidatos bien intencionados, claro que sí, pocos, y dejaron buenos frutos, ahí están en la historia que no miente.

Se está viviendo el  mismo espectáculo en esta corta campaña electoral para elegir el Presidente de la República el próximo 14 de abril. Es el tiempo detenido, suspendido en las arcaicas costumbres de hacer política, dos actores protagonizando el espectáculo: Nicolás Maduro candidato del PSUV y seguidor del chavismo y Henrique Capriles Radonski candidato de la MUD y de la oposición,  mientras que el botín que se persigue: la Presidencia de la República, se hunde en medio de carencias y desafectos y se aburre al pensar que siempre es lo mismo.

Ahora no se trata de salir a buscar un hombre honrado, se trata que ese  aspirante venga a ponerse a la orden del pueblo, de un pueblo obnubilado por la falta de fe en los gobernantes en 14 años de desgobierno socialista-comunista, por las promesas incumplidas por el difunto Presidente Hugo Chávez, por encontrar quién le dé más valor monetario a su voto; en fin, un pueblo cansado y que sabe que el mejor candidato no es el que más ofrece, no es el que más ofende, no es el que mejor memoria tiene para sacar errores y defectos de los contrincantes, no es el que promete sin saber qué es lo que se necesita.

El mejor aspirante a gobernarnos debe tener: preparación académica, gerencial y política, capacidad para comunicarse en dos sentidos: decir y escuchar. Inteligencia emocional: habilidad para manejar los sentimientos y emociones. Capacidad para establecer metas y objetivos: para dirigir a un pueblo hay que saber a dónde llevarlo.

Capacidad de planeación, una vez establecida la meta es necesario hacer un plan para llegar a ella. Conocimiento de sus fortalezas para aprovecharlas al máximo. Deseos de crecer y hacer crecer a la gente que dirige. Tener carisma, ese don de atraer y caer bien. Innovar en el sentido de buscar cómo hacer mejor las cosas. Responsabilidad en el sentido de utilizar el poder en beneficio de todos. Estar informado, ninguna sociedad puede andar bien si su dirigente no está informado de sus necesidades y de sus logros.

Esos son unos simples rasgos del buen candidato a un puesto que le da poder para  servir a sus semejantes y debe tener esas cualidades, pero lleno del más importante de los sentimientos que lo llevará a gobernar correctamente: el amor por el país y por el pueblo que lo llevará al poder, que no es otro que la generosidad con ese pueblo que lo sigue y lo elige, y ese pueblo necesita volver a creer en sus gobernantes.

No ir a la urnas con la agresividad y la odiosidad que aprendió de su ex presidente fallecido y de los seguidores de su candidato socialista-comunista; el pueblo quiere el manejo cristalino de los bienes de la nación, el rescate de los sectores deprimidos, la restauración de lo que fue orgullo de urbanismo en Caracas y en muchas ciudades venezolanas y ya no lo es.

En fin, los venezolanos queremos vivir tranquilos, porque las riendas de su región, de su ciudad, de su municipio o de su parroquia están en buenas manos, no sólo limpias sino laboriosas; y creer a pesar de lo que dijera Charles de Gaulle: “Como los políticos nunca creen lo que dicen, se sorprenden si alguien lo cree”.

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