martes, 16 de octubre de 2012

¿CÓMO NO VALORAR LOS BIENES QUE UNO TIENE EN SU EXISTENCIA?


¿CÓMO NO VALORAR LOS BIENES QUE UNO TIENE EN SU EXISTENCIA?
Zenair Brito Caballero 
(britozenair@gmail.com)

Felices los felices, los que llevan el corazón contento y van por la vida con pensamientos positivos y una sonrisa puesta en sus labios. Hay tantos seres humanos que tienen razón para sentirse plenos pues alcanzan las metas que se han propuesto, no padecen de afanes y sienten que están en paz con su conciencia y con la existencia.

Bien por aquellas personas que han abierto un negocio y les va de perlas pues la prosperidad económica es un gran tesoro en estos tiempos de crisis. Se sabe que el dinero no da la felicidad, pero cuánto ayuda para llegar a ella.

Bien por los padres que ven crecer a sus hijos sanos y abocados al estudio impartido en escuelas competentes. La enseñanza que va alumbrando sus mentes, el día de mañana será una de sus mejores herramientas para poder abrirse paso en un ambiente donde la ignorancia suele hacer estragos, lastimosamente.

Bien por aquellos padres que envían a sus hijos al exterior a realizar sus estudios pues el nivel educativo de países como Brasil, Colombia, Chile, Estados Unidos, por citar solamente cuatro ejemplos, es muy superior al nuestro.

Bien por quienes tienen pagados sus impuestos y se acuestan a dormir un sueño nocturno libre de todo temor, porque las deudas suelen ser la pesadilla de la gente. Quien debe dinero a alguien y no tiene cómo pagar su cuenta sabe lo que es sentirse apremiado por las circunstancias.

Bien por aquellos pequeños que crecen sanamente alimentados, pues su mente y su cuerpo se ajustarán, cuando vayan creciendo, a las muchas e inesperadas exigencias que irán apareciendo en su camino.
Podrán cuando sean mayores seguir una carrera universitaria y desenvolverse, luego de haber obtenido sus diplomas, con idoneidad y solvencia en la sociedad.

¿Pero qué ocurre y ocurrirá con aquellos jóvenes que no reciben la alimentación adecuada?

Hay un alto grado de desnutrición infantil en el país. Esos pequeños, pena enorme, no tienen ni tendrán futuro. Esa es la realidad contundente, dolorosa, que debería tener en permanente estado de alerta a los gobernantes.

¿Y qué decir de aquellos niños que huyen de sus casas porque la violencia intrafamiliar, los malos tratos recibidos por parte de sus propios padres, hacen que prefieran vivir en las calles?

Y en las calles se drogan, caen víctimas del crack y hasta de abusos de desconocidos, pues son frágiles y de muy fácil manipulación. Están en cualquier esquina de la ciudad y del interior del país, a la vista de la gente. Desafortunadamente se ha vuelto ya casi una costumbre para la sociedad su triste presencia.

Por otra parte, supongo que los usuarios de nuestros viejos y destartalados transportes públicos no la pasan muy bien. Cubriendo largas distancias para estar presentes en sus puestos laborales, cuando llegan a su sitio de trabajo ya han perdido gran parte de su buen humor. Y el buen humor es fundamental para estar con el ánimo abierto a un mejor rendimiento.

¿Y qué pasa con aquellas personas que apremiadas por la carencia de empleos deben dejar su hogar, su patria, para ir a trabajar en condiciones no muy dignas, a veces, en países extranjeros? En fin. Cómo no valorar los bienes que uno tiene en su existencia, aunque no sean muchos, pero ya alcanzan para llevar una vida normal, libre de preocupaciones y de fatigas.

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