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viernes, 7 de junio de 2013

LA CRISIS VENEZOLANA ENTRE EL MIEDO Y EL TERROR

LA CRISIS VENEZOLANA ENTRE EL MIEDO Y EL TERROR

Zenair Brito Caballero 

La expresión  crisis,    ha  sido  siempre   un  factor   determinante    y   de  gran relevancia   en   todos   los   aspectos    que  sirven    de    plataforma  y   estructura   de  base   a   la  vida  institucional, al   sostenimiento   del gobierno    en  nuestro   país  y  en   todas  partes  del  mundo,  de ahí,  consiste   la  importancia     del   buen juicio  que  se utilice   para  enfrentarla.
Pero también la  palabra  crisis,    refleja  la  presencia    de limitaciones  y  carencias  que  se  traducen en la existencia  de  un    déficit  o  desbalance  que  trastornan,  un buen  ejercicio   presupuestario resultante, de  que  las  variables   y  los  indicadores  económicos   calculados no  fueron  bien   manejados   e  interpretados,  provocando   un   desequilibrio   en los  recursos  que   pudieran  estar  disponibles   para  la inversión  en el  proceso  de  desarrollo   y  para   el   fomento  de  políticas  de  características   sociales  que  siempre  están  dentro  de  las  principales  demandas  que  deben  enfrentar   con  eficiencia  las  autoridades gubernamentales.
Pero,  no  menos cierto  es que, la  palabra   crisis,  resulta  ser  una  excelente  oportunidad  para   quienes  dirigen  la  cosa  pública,  siendo  este, el  momento   preciso  para  que el gobierno socialista-comunista que es supuestamente amante de la igualdad y de los pobres, demuestre con  hechos   fehacientes   y  palpables  que  en  el   compromiso  asumido  ante  la Nación,  se  habló  con  el  corazón  y  que  sus  ejecutorias,   si   en cierto modo   pudieran  resultar  impopulares, estarán enmarcadas   en  parámetros   bien  delineados   y  transparentes  a  fin  de   que  puedan  ser  fácilmente   descifradas  y  comprendidas  por  aquellos  que  no  tiene  ningún grado  de  culpabilidad.
Para  que  el  surgimiento   de  la  palabra  crisis,  haya  erosionado  su  tranquilidad y sosiego,  pero  que  sí llevaran, sobre  sus hombros, casi  todo el  peso  de  sus   privaciones  y  consecuencias,  dejando  al margen  y  de soslayo  a  sus  principales propiciadores   y beneficiarios   directos  e  indirectos  que  son  los  mismos  que  hoy  piden  a   todo  pulmón  la  intervención  de  un  organismo crediticio  internacional.
La palabra crisis,  se ha utilizado además,  como    una expresión   interesada    en   crear   miedo   y   pánico   y  la descabellada   sensación  que   caminamos sobre  tierras  movedizas  por  lo  que  de  un momento  a   otro   podríamos  sucumbir,  si    no  tomamos   las medidas circunstanciales   y   los correctivos   que   a  pesar  de  lo  muy   dramáticas   y  delicados  que  estos  pudieran   ser,   representan   una  salida  salvadora    ante   el  trauma   que nos  espera   por las  dificultades   económicas  y  financieras   que   aparentemente, no  estamos  en  capacidad   de  asumir.
En  fin,  la  palabra   crisis,  el  déficit fiscal   y  el  desbalance  en  nuestras  finanzas   publicas,  deben  ser  conjurados  con políticas  económicas  emprendedoras   en  las  que no solo  se hable de  una reducción drástica del  gasto  y  de  la   aplicación  de  medidas  de  austeridad extremas,  que  podrían  empantanar  la  inversión, y la  inyección  de  capitales  que   son  base y  soporte  del  crecimiento  de  nuestra  economía, creando  la falsa  percepción  de  que  estamos  agonizando,  en un virtual  estado de  coma, con  respiradores  artificiales,   cuando  en  realidad ,  lo  que necesitamos  es,  la  aplicación  de  primeros  auxilios,  hacer  una  dieta  financiera   evitando  el exceso  de  grasas  innecesarias  y  superfluas  y  sobre  todo,  realizar  ejercicios  diarios  chequeando  nuestra  circulación monetaria  y  nos mantendremos   en  salud,  a  pesar  de  los  malos  augurios.
(britozenair@gmail.com)



viernes, 3 de mayo de 2013

“EL MIEDO A CONTINUAR OPINANDO EN ALGUNOS DIARIOS”


“EL MIEDO A CONTINUAR OPINANDO EN ALGUNOS DIARIOS”

Zenair Brito Caballero 

(britozenair@gmail.com)
El miedo a opinar no es otra cosa que la autocensura que tiene uno que aplicarse como articulista de opinión para evitarse dolores de cabeza y para evitarse enemigos gratuitos que nos degraden, se nos insulte y nos descalifiquen a través de nuestros correos electrónicos. Y para no correr grandes riesgos, claro. Resulta especialmente frecuente tal imposición hacerlo en los medios de las pequeñas ciudades (por aquello de que pueblo chiquito, infierno grande). Y no es sólo por los chismes.
Se trata del hecho incontrastable que en los pequeños núcleos de población casi todos se conocen con todos y el riesgo de levantar ampollas se magnifica en grado sumo. Es así como resulta muy delicado opinar sobre las vacas sagradas del alto gobierno socialista-comunista de nuestro país. O sobre los hijos dilectos de la tierra que brillan en gobernaciones, alcaldías, además en los altos organismos oficiales.
Resulta inapropiado juzgar descarnadamente los desaciertos de las autoridades como por ejemplo el descalabro de la electricidad y de la carencia permanente del agua potable, o señalar los abusos de poder. Resulta suicida opinar sobre la realidad política, social, educativa, cultural o económica que sucumbe a Venezuela y resulta riesgoso reflexionar sobre los usos y costumbres de las ciudades y pueblos. 
A propósito, resulta casi herético opinar sobre la Iglesia (para no decir las iglesias). Resulta inadecuado censurar a la autodenominada "dirigencia roja−rojita". Cuestionar sus motivaciones o juzgar sus resultados. Resulta indecoroso plantear argumentos liberales sobre temas tabú como el aborto, la sexualidad, la eutanasia, por ejemplo.
Resulta arriesgado, muy arriesgado, aventurar juicios sobre la corrupción administrativa que nos asfixia cada día más, y sólo unos pocos personajes en los cuales me incluyo de infinito valor civil muchas veces nos atrevemos a hacerlo con nombres propios. 
Los demás callan. Está tácitamente prohibido hablar de dineros calientes, por ejemplo. Y en este punto creo que se justifica plenamente: no somos los articulistas de opinión los llamados a pagar el precio de la impunidad reinante. No está bien visto siquiera opinar con argumentos sobre la situación política nacional: la polarización es tan terrible que al que no es chavista lo declaran fascista, terrorista o contrarrevolucionario de una y para siempre…
Resulta, finalmente, muy doloroso para mí y para otros articulistas que así me lo han comentado algo punzante, tener que autocensurarnos de vez en cuando para no darle papaya a los malquerientes de aprovechar los foros de opinión para dejar correr la bilis de su despecho y sus envidias.
Y hay que aclararlo: la censura −esta censura− no viene de afuera ni nadie la ha puesto sobre la mesa: se trata de la censura a la que obligan los medios regionales a quienes enviamos nuestras columnas, artículos o post, que nos devuelvan los correos y no nos publiquen lo que escribimos, el miedo a la desgracia, a la tragedia o al desarraigo.
El miedo a opinar en algunos diarios regionales venezolanos. Porque la opinión puede incluso llegar a considerarse una amenaza contra los poderes establecidos, contra el statu quo que tan bien sirve a los poderosos de turno. En fin, que opinar da miedo a veces. Pero cada ocho días debe sobreponerse uno a ese miedo para aventurar una nueva opinión. Otra más. O la misma de siempre, qué más da. Lo importante es seguir opinando. Y ¿Usted qué opina de esto amigo lector?

jueves, 25 de octubre de 2012

VENEZUELA VIVE PRISIONERA ENTRE EL MIEDO Y LA DESCONFIANZA


VENEZUELA VIVE PRISIONERA ENTRE EL MIEDO Y LA DESCONFIANZA
Zenair Brito Caballero 
(britocaballero@gmail.com)

La incansable violencia y el atavismo delictivo son hechos que marcan la cotidianidad  de los venezolanos y generan todo tipo de temores, constante zozobra y mucha desconfianza. La inseguridad produce una especie de histeria colectiva que los políticos en campaña para las gobernaciones. Sobre todo los oficialistas nombrados a dedo por el comandante explotan al máximo.

Las ciudades están repletas de miedos, acechadas por fantasmas como la delincuencia, el atraco, el homicidio por gatillos alegre que andan en motos disparando solo por placer de hacerlo, el robo a mano armada de celulares y zapatos de marca, el desempleo, la informalidad y el caos urbano.

La inseguridad, y sobre todo la percepción que tienen los ciudadanos, es un grave problema social que afecta a todos y reclama soluciones adecuadas. La cultura del miedo, aupada por el conflicto interno, parece estar sobrepasando los límites del aguante.

En medio de ese drama, está el afán bélico  incontrolable, impulsado por la industria militar mundial, la más dinámica, la que siempre gana. Nos siembran el miedo porque mientras tanto la mitad de los recursos del mundo se destinan a matar prójimo. El círculo es diabólico, el miedo impulsa la guerra y esta genera más miedos

El aumento vertiginoso de los crímenes en nuestro país, las nuevas formas de delincuencia organizada, la inseguridad pública, la impunidad, el escaso control estatal y la falta de programas coherentes para controlar estos males han acentuado los miedos en la población venezolana.

El tema de la inseguridad es abrumador en los medios de comunicación televisivos e impresos, en forma de noticias, editoriales, reportajes, denuncias. El drama es aprovechado por las empresas de seguridad privada que ofrecen servicios de protección, incluidos los de aseguramiento cuando los primeros no son suficientes.

Se ha generado un gran mercado privado de la seguridad personal. Casi nadie  espera que el Estado le garantice protección; éste servicio también se privatizó y sólo quienes disponen de recursos acceden a él. Los grupos sociales más vulnerables, los pobres y los que viven en zonas marginales, se sienten más amenazados y menos protegidos. La percepción de la inseguridad está ligada a la desigualdad creada por el gobierno socialista-comunista que, en Venezuela, se ha vuelto alarmante.

Los temores invaden a la sociedad y a todos los ciudadanos que en ella habitan. Se teme al Gobierno y a sus marramuncias, a su insaciable deseo de poder, a los abusos de sus instituciones guapas y apoyadas, a la banca usurpadora, al deterioro ambiental que afecta la salud, a la policía, a los servicios de seguridad. Huyéndole a estos fantasmas se pasa a la desconfianza en las relaciones personales y familiares.

Asustados, muchas veces nos alejamos de quienes no lucen como nosotros en apariencia personal, cultura, educación, ingresos, color de piel.  Creemos que el primer enemigo es el prójimo, ese hombre o mujer que pasa por ahí y  mira o se  acerca, es peligroso, es una amenaza, puede atacar, secuestrar o robar. Nos entrenamos en el miedo todos los días. La confianza está en crisis. La vejez, la gordura, el aspecto personal, las arrugas, las canas, el anonimato, pero sobre todo el desempleo, la pobreza y el incierto futuro producen pánico. ¡Es justo esto?

Hay miedo de todo: de abrir la puerta a un desconocido, de compartir con el vecino en  el pasillo  de nuestros apartamentos, de saludar al que pasa, del tráfico caótico, de las autopistas veloces, de los vigilantes, de participar en una protesta, de actuar en colectivo. Es el miedo al prójimo. A esto nos ha llevado este gobierno.

Por eso muchos terminan encerrados en apartamentos y casas o quintas convertidas en cárceles, cargadas de cerrojos, rejas Multilock, circuitos eléctricos rodeando el edificio o la casa, alarmas y cámaras; algunas parecen trincheras para resguardarse, rodeadas de vigilantes y controles; pero nada es suficiente, los delincuentes son más veloces.

La inseguridad extiende sus consecuencias a todos los ámbitos, es dañina para la vida social, estimula la agresividad e impide la construcción de una sociedad integrada y armónica. Comúnmente la gente reclama más policías, más represión, leyes más severas y más cárceles aunque se sabe que aquí en Venezuela  la justicia no funciona sino para la disidencia al régimen, que la policía no previene el delito, que las cárceles no reeducan a los delincuentes y que en nuestro país el sistema carcelario está en crisis.

La seguridad  no puede lograrse mediante medidas represivas que son, no sólo comprobadamente inútiles e inoperantes, sino contraproducentes porque resquebrajan aún más el tejido social y frenan la participación y el compromiso colectivo en la búsqueda de soluciones efectivas, amén de que generan frustraciones y deterioran aún más la imagen del Estado.

Estamos ante un problema que requiere de un análisis juicioso e investigación a cargo de verdaderos expertos. Ni el sentido común, ni la buena fe de un mandatario si es que acaso la tuviera y que sabemos no le interesa, porque ha tenido 14 años de gestión y de  desgobierno, los cuales hubieran sido suficientes para resolverlo.

Por supuesto, la solución completa para éste como para otros muchos, pasa por la superación del conflicto interno. Por eso la confrontación tiene que terminar y la paz debe ser un propósito común para todos los venezolanos. AMÉN.

lunes, 22 de octubre de 2012

¡MIEDO AL FRACASO, NUESTRO MAYOR IMPEDIMENTO!


¡MIEDO AL FRACASO, NUESTRO MAYOR IMPEDIMENTO! 
Zenair Brito Caballero 
(britozenair@gmail.com)

Todos los seres humanos contamos con virtudes y con defectos. Todos poseemos habilidades individuales que nos llenan de orgullo y satisfacción, pero también contamos con limitaciones que nos frenan y producen insatisfacción e infelicidad.

¿Sabes tú cuáles son las habilidades que te destacan y diferencian del resto de las personas? ¿Conoces cuáles son las limitaciones que te doblegan y minimizan? Recuerda que el tomar conciencia de ellas es el primer paso para superarlas.

¿Quieres mejorar cada día? ¿Quieres expandir tus propios límites? Tú puedes hacerlo. Para ello, sólo debes entender que cualquier habilidad que posees actualmente fue adquirida y perfeccionada en el transcurso del tiempo.

Cuando naciste, no contabas con ningún conocimiento, pero a medida que los años fueron pasando fuiste aprendiendo importantes lecciones que te enriquecieron profundamente.

Entiende que ese proceso de perfeccionamiento no tiene fin en sí mismo, sino que eres tú quien determina cuándo parar de hacerlo. ¡Ojala que nunca lo hagas! Entiende que lo que denominamos virtudes y habilidades, no son más que lecciones aprendidas que se materializan en acciones concretas.

Por el contrario, lo que normalmente denominamos limitaciones, por lo general no son realmente limitaciones sino que es una ausencia de conocimiento. En otras palabras, si no sabes hacer algo, se debe, probablemente, a que todavía no has dedicado el tiempo y el esfuerzo para adquirir los conocimientos necesarios, ponerlos en práctica y perfeccionarlos.

Entiende que el no haber aprendido algo, no es una limitación; es simplemente un espacio vacío que debe ser llenado. Queda en ti la responsabilidad de completar esos espacios. Sin embargo, para lograrlo, tendrás que dejar atrás tu mayor limitación: El miedo a equivocarte. El miedo a fracasar.

Recuerda que siempre que intentes aprender algo nuevo te equivocarás. Siempre que te fuerces más allá de tus conocimientos actuales harás equivocaciones. Lo importante, es entender que fallar y equivocarse no es fracasar, sino aprender.

Nuestros peores errores son nuestros mayores aprendizajes. Intentar algo y equivocarse no significa fracasar, significa evolucionar. Fracasar, por el contrario, es permanecer estático y expectante. Fracasar es ser conformista. Fracasar es aceptar una realidad que no te hace feliz.

Tú puedes lograr cualquier cosa que te propongas. Parte, sabiendo exactamente qué es lo que deseas lograr. Luego, define un plan de acción. Y, además, proponte luchar incansablemente hasta alcanzar dicha meta.

Prométete sentirte bien al equivocarte, ya que en ese momento habrás aprendido algo nuevo que te acercará aun más a ese objetivo que ya te has fijado. Deja atrás el miedo a fracasar y te habrás despojado de tu mayor impedimento. Vive con pasión y entusiasmo, sabiendo que “TÚ TAMBIÉN PUEDES”. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”


“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
La violencia es como una larga e irregular escalinata que al llegar a la cima, encuentra un barranco profundo y oscuro; no tiene la forma de una pirámide, que comienza ancha en su base y termina angosta en la cúspide.  Del latín la palabra “violentus”, violento, viene de “vis”: fuerza, poder, violencia.  Del diccionario RAE XXII edición, violentar es “aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia”. 
Lo violento “está fuera de su natural estado, situación o modo… que se ejecuta contra el modo regular o fuerza de razón y justicia…”  La violencia es contagiosa, se extiende por el temor, por el miedo y la incertidumbre, brota del poder en cualquiera de su multitud de formas y manifestaciones privadas y públicas.  Es de carácter viral y endémico,  hay que atenderla con prontitud, antes que inicie el ciclo de su evolución y avance en sus estragos.  El rumor genera miedo ante lo desconocido, ante el mal que se siente y desconoce, es epidemiológico. 
La ley de Newton, no es sólo una ley de la física, es una ley social: “a toda acción corresponde una reacción igual o mayor”. El odio y el terror, se engendran mutuamente.  Ejerce la violencia el empleador que no cumple sus obligaciones laborales contra el trabajador quien necesita el salario y se acomoda a las condiciones denigrantes que le impone; el presidente  venezolano socialista-comunista haciendo su voluntad por encima de la opinión mayoritaria del pueblo  o del grupo a quien dice “representa”, sin discutir, sin consultar, porque siente en su envestidura el carácter mesiánico y providencial de su posición, que termina, de tanto insistir, creyéndosela, busca ansioso la hegemonía, se siente imprescindible, su voz se alza entre las multitudes o entre las minorías sobre las cuales su poder ejerce una fuerza que doblega voluntades.
 La historia humana amigos lectores ha sido la historia de la violencia y Venezuela no es la excepción, Desde el poder, con su “visionaria, alucinada” y comúnmente centralista interpretación del mundo, desde lo erudito, emotivo y dependiente, desde la superioridad racial, cultural, material y psíquica, desde la investidura legítima o ilegítima, se violentan las cosas y las personas para doblegar su resistencia y someterlas al redil de aquello que quien manda, decide, controla, dice qué es lo bueno o lo malo, lo que conviene y no conviene, lo que debe gustar y disgustar.  Esa fuerza, por encima de todo, llámese mercado, partido político, iglesia, ejército, policía, estado, juez, empresa… 
La violencia, aceptémoslo con repugnante indignación, es producto del conflicto cotidiano que el ejercicio del poder ha ejercido en la sociedad venezolana en la cual vivimos y seguiremos viviendo, hasta que no llegue un momento en que, habiendo rebasado sus límites, colapse nuestra existencia individual y social, porque la violencia en su más visible y extrema manifestación provoca la confrontación
Violencia amigos, es someter al desempleo, al analfabetismo, a la ignorancia, a la inseguridad, a la enfermedad, al abandono, a la orfandad, al olvido, a la denigración,… ¿Puede ser la violencia legítima e ilegítima, justificada o injustificada? Depende, quien la ejerza y tenga la capacidad para justificarla, puede hacerla lícita o legítima, si tiene el poder suficiente para hacerlo desde lo real;  desde lo ético, que no siempre prevalece,  sólo es legítima y justificada, aquella que reacciona para sobrevivir ante la violencia de origen que pretende destruirlo o someterlo,  es un proceso natural, lógico, humano y físico.
 La violencia engendra violencia, es una trampa de la que no se sale. Desde la doctrina norteamericana se ha hablado de la “guerra preventiva”. Desde la historia, en la “guerra santa”, desde católicos, judíos y musulmanes,  desde las Cruzadas, en la Conquista se ha usado el nombre de Dios.
La debilidad es la locura, la fuerza se desborda y las acciones traspasan lo razonable, esa es la más evidente señal de su agonía.  Una forma de poder muere y otra surge inmediatamente,  alguien que lo representa deja de existir y una nueva figura se levanta de las cenizas del otro, reniega del antecesor, promete ser distinto, pero poco a poco, a medida que acumula en sus articulaciones la energía de esa fuerza invisible y necesaria,  se va pareciendo mas y mas a eso de quien antes renegó. 
Así es la historia señores, un drama, una comedia,  un juego de ajedrez. Solamente el poder, cuando es pequeño, puede ser más ampliamente compartido; cuando crece, se concentra, precisamente eso lo hace crecer hasta un punto determinado, después evoluciona, muta y muda, se diluye una forma y figura, y surge creativamente en otra que a fin de cuentas no deja de ser la misma en otra época y circunstancia, más sutil o burda.   

“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”


“LA VIOLENCIA EL MIEDO Y EL PODER POLÌTICO”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
La violencia es como una larga e irregular escalinata que al llegar a la cima, encuentra un barranco profundo y oscuro; no tiene la forma de una pirámide, que comienza ancha en su base y termina angosta en la cúspide.  Del latín la palabra “violentus”, violento, viene de “vis”: fuerza, poder, violencia.  Del diccionario RAE XXII edición, violentar es “aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia”.
Lo violento “está fuera de su natural estado, situación o modo… que se ejecuta contra el modo regular o fuerza de razón y justicia…”  La violencia es contagiosa, se extiende por el temor, por el miedo y la incertidumbre, brota del poder en cualquiera de su multitud de formas y manifestaciones privadas y públicas.  Es de carácter viral y endémico,  hay que atenderla con prontitud, antes que inicie el ciclo de su evolución y avance en sus estragos.  El rumor genera miedo ante lo desconocido, ante el mal que se siente y desconoce, es epidemiológico.
La ley de Newton, no es sólo una ley de la física, es una ley social: “a toda acción corresponde una reacción igual o mayor”. El odio y el terror, se engendran mutuamente.  Ejerce la violencia el empleador que no cumple sus obligaciones laborales contra el trabajador quien necesita el salario y se acomoda a las condiciones denigrantes que le impone; el presidente  venezolano socialista-comunista haciendo su voluntad por encima de la opinión mayoritaria del pueblo  o del grupo a quien dice “representa”, sin discutir, sin consultar, porque siente en su envestidura el carácter mesiánico y providencial de su posición, que termina, de tanto insistir, creyéndosela, busca ansioso la hegemonía, se siente imprescindible, su voz se alza entre las multitudes o entre las minorías sobre las cuales su poder ejerce una fuerza que doblega voluntades.
 La historia humana amigos lectores ha sido la historia de la violencia y Venezuela no es la excepción, Desde el poder, con su “visionaria, alucinada” y comúnmente centralista interpretación del mundo, desde lo erudito, emotivo y dependiente, desde la superioridad racial, cultural, material y psíquica, desde la investidura legítima o ilegítima, se violentan las cosas y las personas para doblegar su resistencia y someterlas al redil de aquello que quien manda, decide, controla, dice qué es lo bueno o lo malo, lo que conviene y no conviene, lo que debe gustar y disgustar.  Esa fuerza, por encima de todo, llámese mercado, partido político, iglesia, ejército, policía, estado, juez, empresa… 
La violencia, aceptémoslo con repugnante indignación, es producto del conflicto cotidiano que el ejercicio del poder ha ejercido en la sociedad venezolana en la cual vivimos y seguiremos viviendo, hasta que no llegue un momento en que, habiendo rebasado sus límites, colapse nuestra existencia individual y social, porque la violencia en su más visible y extrema manifestación provoca la confrontación
Violencia amigos, es someter al desempleo, al analfabetismo, a la ignorancia, a la inseguridad, a la enfermedad, al abandono, a la orfandad, al olvido, a la denigración,… ¿Puede ser la violencia legítima e ilegítima, justificada o injustificada? Depende, quien la ejerza y tenga la capacidad para justificarla, puede hacerla lícita o legítima, si tiene el poder suficiente para hacerlo desde lo real;  desde lo ético, que no siempre prevalece,  sólo es legítima y justificada, aquella que reacciona para sobrevivir ante la violencia de origen que pretende destruirlo o someterlo,  es un proceso natural, lógico, humano y físico.
 La violencia engendra violencia, es una trampa de la que no se sale. Desde la doctrina norteamericana se ha hablado de la “guerra preventiva”. Desde la historia, en la “guerra santa”, desde católicos, judíos y musulmanes,  desde las Cruzadas, en la Conquista se ha usado el nombre de Dios.
La debilidad es la locura, la fuerza se desborda y las acciones traspasan lo razonable, esa es la más evidente señal de su agonía.  Una forma de poder muere y otra surge inmediatamente,  alguien que lo representa deja de existir y una nueva figura se levanta de las cenizas del otro, reniega del antecesor, promete ser distinto, pero poco a poco, a medida que acumula en sus articulaciones la energía de esa fuerza invisible y necesaria,  se va pareciendo mas y mas a eso de quien antes renegó. 
Así es la historia señores, un drama, una comedia,  un juego de ajedrez. Solamente el poder, cuando es pequeño, puede ser más ampliamente compartido; cuando crece, se concentra, precisamente eso lo hace crecer hasta un punto determinado, después evoluciona, muta y muda, se diluye una forma y figura, y surge creativamente en otra que a fin de cuentas no deja de ser la misma en otra época y circunstancia, más sutil o burda.