viernes, 15 de marzo de 2013

INSEGURIDAD Y VIOLENCIA COMO RETO PARA EL NUEVO GOBIERNO


INSEGURIDAD Y VIOLENCIA COMO RETO PARA EL NUEVO GOBIERNO
Zenair Brito Caballero

La violencia urbana es un grave problema social que afecta y trastorna la cotidianidad, altera las rutinas ciudadanas y amenaza la integridad de todos. Esa permanente inseguridad genera zozobra, le resta eficiencia al conjunto de la sociedad y devora enormes recursos que podrían dedicarse a mejores propósitos. La violencia urbana en Latinoamérica es una pandemia social que urge de estudios serios.

Hay que ir a las causas del mal, a sus orígenes, entender su singularidad,  y la dimensión de su accionar antes de proponer medidas. El sentido común o la buena fe de los gobernantes no son suficientes. Para adoptar políticas eficaces hay que partir de diagnósticos eficaces. Lo demás es improvisación sin resultados.

Según el PNUD, Latinoamérica, además de ser la región con mayor desigualdad económico-social, es también la zona más violenta del planeta. Por cada 100.000 habitantes se producen 8 asesinatos/año en el mundo. Latinoamérica, habitada por el 9% de la población mundial, supera ese índice con un promedio de 27 muertes violentas/año por cada 100.000 habitantes. Desde luego hay grandes diferencias entre países; en algunos, el indicador antes citado llega a 44.

El crimen y la brutalidad hacen parte de la cotidianidad y ante la inoperancia de las políticas implementadas son muchos los que parecen resignados a convivir con estos males. Es alarmante que 40 de las 50 ciudades más violentas del mundo estén en Latinoamérica y varias ciudades venezolanas entre ellas.

En  la inseguridad es sobre todo urbana y es la primera causa de muerte entre los jóvenes. La violencia ha sido una constante en la historia del país de los últimos 14 años de socialismo-comunismo. A la violencia política, expresión de la lucha por el poder, se agrega la violencia social urbana ejecutada por  bandas delincuenciales causantes del 96% de los homicidios.

Entre los factores que contribuyen a la inseguridad y a la violencia urbana se destacan el empobrecimiento, la desigualdad, las carencias educativas, la precariedad democrática que niega la igualdad de oportunidades e impide la movilidad social, el auge de los circuitos criminales de las drogas, la cultura del dinero fácil y la corrupción.

Se suma la escasa confianza en instituciones como la policía y el sistema judicial. Es una violencia de todos contra todos que no cesa a pesar de las enormes inversiones en seguridad pública y privada, en equipos, en cuerpos armados y en cárceles cada vez más gigantescas que en vez de rehabilitar cultivan el delito

De las ciudades venezolanas se escriben crónicas que narran el terror que infunden las caravanas del crimen y acto seguido surgen las recetas de siempre, más policías y más castigos, es decir, poco de humanismo y mucho de represión. Son las soluciones típicas cuando la débil democracia ofrece tan poco

Las bandas delincuenciales representan un fracaso de toda la sociedad y son resultado de la exclusión escolar y laboral. La escuela atiende poco su función social de formar jóvenes en nuevos valores. Hoy son más los niños que empiezan la escuela, pero son muchos los que no terminan.

La deserción produce graves frustraciones en jóvenes que difícilmente se incorporan al mercado laboral; en el ocio rompen con su círculo social y son presa fácil de las bandas criminales. Muchos jóvenes ni estudian ni trabajan. La proclividad a la delincuencia es inevitable, el alto consumo de alcohol y la disponibilidad de armas facilitan el proceso

A lo anterior se suman los contrastes económicos en una Venezuela devastada donde la opulencia y el derroche gubernamental pretenden convivir con la miseria y la exclusión y donde las prácticas corruptas se han impuesto como un mecanismo legítimo de ascenso social. Una ciudad donde los centros comerciales exhiben toda clase de productos que sólo unos pocos pueden comprar; esos abismos entre las fantásticas ofertas y la imposibilidad de adquirirlas honradamente impulsan al delito para resolver las carencias.

De otra parte la violencia política expulsa de su pueblo a muchas familias que se trasladan a las principales  ciudades convencidas, que allí encontrarán mejores oportunidades; muchos terminan en barrios marginales expuestos a la problemática descrita

Superar la violencia urbana debería ser una prioridad para el futuro gobernante que salga electo el próximo 14 de abril. No hay por qué vivir en tanta incertidumbre. Es factible remediar el mal y es posible un mejor vivir. No es ingenuidad y si lo parece que sea una ingenuidad esperanzadora que inyecte un poco de optimismo, con un cambio para Venezuela. Todos a rescatar la democracia. No al socialismo comunismo y si un camino al Progreso y a la libertad. britozenair@gmail.com

¿CUÁL ES EL FUTURO DE LOS VENEZOLANOS?


¿CUÁL ES EL FUTURO DE LOS VENEZOLANOS?
Zenair Brito Caballero
En Venezuela, nos estamos adiestrando a que lo anormal y lo corrupto sean lo normal y lo aceptado. Es tan pobre la formación sociopolítica de los venezolanos, que somos testigos cotidianos de graves distorsiones de lo político y seguimos como espectadores pasivos, el lamentable espectáculo de unos procedimientos y estilos del llamado socialismo-comunismo que confunden política con simple lucha por el poder.
La política es ciencia y gestión del bien común. El poder está en el pueblo que es soberano y lo ejerce por medio del sufragio, eligiendo a quienes considera que van a dedicarse a trabajar para el bien de toda la ciudadanía.
Hace tiempo que el gobierno no trabaja para el bien común, sino para el bien de sus partidarios. Si los jerarcas socialistas-comunistas del poder trabajaran para el bien común el país no tendría tantos ciudadanos empobrecidos, casi la mitad de la población, todos los ciudadanos tendrían vivienda, todos recibirían una educación de calidad y todos tendrían atención para su salud y encontrarían trabajo, nadie tendría que emigrar. El país cuenta con recursos petroleros y recaudos de impuestos del SENIAT sobrados para ello. Una justa distribución y participación en la riqueza lo haría posible.
Si los políticos rojos-rojitos trabajaran para el bien común, hace tiempo (14 años) que la mayoría de nuestras rutas estarían asfaltadas, los puentes no se hundirían, las calles estarían bien pavimentadas y bien iluminadas, los buses o busetas serían decentes, no explotarían a los pasajeros con pésimos servicios ni largarían veneno por sus tubos de escape para intoxicar a los ciudadanos, tendríamos seguridad para salir a la calle a cualquier hora sin temor a ser asaltados, atracados o asesinados, todos los policías serían honestos y fieles a su profesión.
Si los políticos rojos-rojitos que nos gobiernan trabajaran para el bien común el lago de Maracaibo y el de Valencia estarían vivos y serían transparentes, lugar de encuentro para el placer de sus playas y el deporte, nuestros arroyos correrían limpios sembrando vida, fecundando tierras, llenando nuestros ríos.
Si los políticos rojos-rojitos en situación de gobierno trabajaran para el bien común nuestros niños, adolescentes y jóvenes no serían acosados por criminales vendedores de drogas, porque en vez de ser cómplices del narcotráfico y de la producción de drogas, los políticos chavistas o pesuvistas con poder hace tiempo habrían extirpado esta lacra mortal de nuestro país.
La pasividad ciudadana de los venezolanos ante la distorsión y la corrupción política no es un simple delito de omisión, es también un delito de negligencia e irresponsabilidad ciudadana. La historia y los nietos nos van a juzgar muy severamente, porque dejamos que se destruya el país poco a poco, que se desequilibre la sociedad cada vez más y más y estamos reaccionando como si todo estuviera bien y nada tuviéramos que hacer personal y socialmente.
El problema no es solo de los políticos que acceden a poderes de Gobierno. La basura que los vecinos tiran al arroyo, los buses chatarras que contaminan nuestras calles, las fábricas que han destruido (el lago de Valencia) no son obras del Gobierno, son barbaridades de ciudadanos que no respetan los recursos y bienes del país.
Por lo visto todavía seguimos con estructuras mentales y hábitos culturales propios de los pueblos nómadas, que conciben la naturaleza como espacio para depredar, en vez de oportunidad para producir y desarrollar la naturaleza.
La cultura depredatoria no se manifiesta solamente en la expoliación de la naturaleza, igual se ceba en el Estado. La mayoría de los ciudadanos venezolanos quiere vivir a costa del Estado. El fallecido presidente Chávez, como los anteriores, prometió reducir el número de funcionarios públicos y lo que hizo fue multiplicarlos.
Los candidatos presidenciales, como los nuevos intendentes y gobernadores, como los ministros y directores de instituciones del Estado suman y suman sus propios funcionarios, acrecentando el número de personas que viven a costa de lo que los ciudadanos aportamos para el desarrollo del país. El sueño de muchos amigos y seguidores de los presidenciables es recibir un cargo en la administración pública para vivir del Estado.
Es cierto que la educación cívica y ética que ofrecemos a los escolares y universitarios es elemental e insuficiente. Pero aunque fuera perfecta, la verdad es que la sociedad destruye escandalosamente el trabajo de los educadores. En este momento no sé cuántas instituciones públicas están defendiendo realmente el bien común. ¿Cuál es el futuro de los venezolanos? No al socialismo-comunismo y si a una verdadera democracia honesta y progresista apegada a la verdad y no a la mentira. britozenair@gmail.com

martes, 12 de marzo de 2013

¿POR QUE HENRIQUE CAPRILES DEBE SER PRESIDENTE DE VENEZUELA?

¿Por qué Henrique Capriles 
debe ser presidente de Venezuela?
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
La contienda por la Presidencia de la República se inicia hoy 11 de marzo en un momento de extrema urgencia para el país. Durante los recientes 14 años de este llamado gobierno revolucionario socialista del siglo XXI, han fallecido aproximadamente casi doscientos mil venezolanos en circunstancias no esclarecidas por la autoridad y los responsables no han sido detenidos, enjuiciados y mucho menos sentenciados.
A esta realidad de inseguridad e impunidad que a diario sufrimos todos los venezolanos y que limita nuestra libertad y seguridad personal, se añaden problemas políticos, sociales, educativos, jurídicos, y económicos que requieren ser atendidos con la mayor seriedad y responsabilidad por el próximo Presidente de la República.
Por esa razón, la discusión de las posibles soluciones a esos problemas arriba citados, debiera ser el tema central de los 10 días señalados por el CNE en la campaña presidencial. Pero lamentablemente no es así. Los artificios de fraude, complots, injurias, descalificaciones, agravios y agresiones ocupan un lugar destacado en el plan de trabajo de los abanderados del PSUV contra sus opositores, como si el país no tuviera ya suficientes problemas.
Venezuela no tiene tiempo que perder en la definición del rumbo que debe tomar para hacer frente a los retos urgentes que se le presentan. Por ello, mientras el candidato Maduro y sus seguidores comunistas se encuentran extraviados en sus propuestas y discursos siguiendo los ideales chavistas, el abanderado de la oposición, Henrique Capriles Radonski, parte de la premisa central que en estos momentos el Estado venezolano es ineficaz, porque a pesar de contar con un gran potencial económico producto de la renta petrolera y una posición geográfica privilegiada en el mundo, tal situación no ha sabido ser aprovechada plenamente por el gobierno socialista-comunista del difunto Presidente Chávez, lo cual ha generado un bajo crecimiento económico, ausencia de seguridad pública, incremento del empleo informal, aumento de la corrupción y un sistema fiscal insuficiente, factores todos ellos que demuestran la falta de eficacia pública.
Por ello, Capriles representa la esperanza de una democracia de resultados, es decir, que el régimen democrático venezolano no sólo se centre en la igualdad en las urnas, sino sobre todo en una igualdad de oportunidades ante la vida y que los derechos de los venezolanos no sean única y exclusivamente ideales plasmados en la Constitución de 1999, sino una realidad.
El objetivo de Capriles Radonski es instrumentar mecanismos para consolidar la sociedad del conocimiento, acelerar el crecimiento económico, paliar la pobreza, fortalecer la seguridad pública y el sistema de procuración e impartición de justicia, reconducir la política exterior para posicionar a nuestro país en el ámbito global y crear las vías para una reforma fiscal que dote al Estado de los recursos suficientes para hacer frente a sus responsabilidades.
De esta forma, la de Henrique Capriles Radonski es una propuesta integral que atiende de forma transversal los problemas que aquejan al país, mientras el otro candidato comunista impuesto por el gobierno cubano y el fraude constitucional del TSJ, se caracteriza por los atributos de siempre copiando al fallecido Chávez, y que no son precisamente ni la responsabilidad ni la capacidad de proponer soluciones, en 14 años de gobierno socialista-comunista.
Por tal razón, puedo señalar que Henrique Capriles Radonski es el mejor candidato presidencial para esta Venezuela agonizante, y a partir de hoy que se inicia este proceso electoral tendrá la oportunidad de demostrarlo ante toda Venezuela con sus excelentes propuestas. Hay un camino y una esperanza para nuestro país. 

NO AL SOCIALISMO-COMUNISMO CUBANO Y SI A LA DEMOCRACIA DEL PROGRESO.

“A VOTAR PARA GANAR”


“A VOTAR PARA GANAR”

Zenair Brito Caballero (britozenairgmail.com)

¿Por qué si los políticos saben que la gente está  molesta, defraudada y decepcionada del actual gobierno con su fulana revolución socialista-comunista y los electores están al tanto que ellos lo saben, otra vez  el candidato Maduro imitando al difunto Comandante los  engaña con la “política de la mentira y la manipulación de las emociones”?
Para los que aun siguen creyendo en  el fallecido presidente Chávez: su sucesor Nicolás Maduro tratará de continuar con la política de la mentira, del embuste, de la falsedad, en el mundo del pleito, de la propaganda vacía, de la ausencia de ideas nuevas e innovadoras; el de las bajadas de piso y el coro de seguidores adoctrinados envuelto todo en una urgencia electorera de mantenerse en el poder. ¿Son los chavistas sordos, cínicos o, por el contrario, sabios que conocen muy bien la idiosincrasia nacional?

Me inclino por esto último: los políticos revolucionarios del alto gobierno saben lo que hacen. Si no dan bola a las demandas a favor de una política de altura, es porque navegan por una realidad muy distinta a la del resto de los mortales. Su supervivencia depende de su capacidad para manipular a las masas ignorantes e iletradas, satisfacer clientelas: dirigentes locales, financistas, comunidades necesitadas que les ayuden a seguir mandando hasta que les dé la gana.

Todo un fuego cruzado de peticiones, rogativas, petitorias, favores, expectativas e imposiciones sobre el que creen presidir, pero, en la práctica, es la maraña que los atenaza y reduce a figuras de proa. No que hagan ascos pues de ahí todo el mundo come, los grandes figurones, obviamente, más, pero no por ello dejan de ser prisioneros, a gusto, pero prisioneros al fin de sus propios errores y resbalones.

Visto así amigos lectores, la gran política es, hoy, solamente un lujo para intelectuales y otros despistados que por supuesto no están en el gobierno socialista-comunista. Debajo del radar de las discusiones nacionales de verdad existe esa otra política, la de las clientelas locales, a quienes importa tres pepinos para donde vaya el país, siempre que puedan pegar su garrotazo a esa licitación de la alcaldía para hacer 500 metros de acera, nombrar un pariente como maestro policía, chofer del metro, vigilante de un ministerio o asesor de un ministro, arruinar a las pocas empresas que quedan, repartir  viviendas en comodato no con títulos de propiedad o cualquiera de esos pasatiempos en los que se entretienen quienes han adoptado el oficio de la política de las “mentiras, de las trampas y de los fraudes”.

Por eso, el que la “gran política” de las reformas y desafíos estratégicos esté entrampada, vaciada de contenido, no significa que nuestra política no se mueva. ¡Claro que se mueve! Lo que pasa es que discurre por otros canales: cada vez más se asemeja a una organización corporativa, totalmente ajena a la asamblea ciudadana ilustrada.

Es una política ágil, con excelentes reflejos para el clientelismo y, en ocasiones, la maquina corrupta, que parece indolente para las grandes cuestiones nacionales, pero solo lo parece porque, como hemos visto, lo suyo no es indolencia sino desinterés absoluto por el país.

Otra pregunta es, por supuesto, por qué dejamos que la política llegara a redefinirse estrictamente en estos términos, cuestión que da para mucho, pero que prefiero por ahora pasar de refilón para terminar con esto: el gran reto de este 14 de abril es romper en mil pedazos la política vil y aberrante de este socialismo-comunismo de 14 años.

Los chavistas aunque parezcan invencibles haciendo propaganda electoral bajo la figura del difunto Chávez, no lo son. 

Otra política honesta, decente y democrática es posible y necesaria. Todos unidos por Henrique Capriles Radonski lo lograremos. A VOTAR PARA GANAR ¡AMEN!


lunes, 4 de marzo de 2013

“CONDENSEMOS LA FELICIDAD Y ASIMILEMOS EL VIVIR MEJOR CON MENOS”



“CONDENSEMOS LA FELICIDAD Y ASIMILEMOS EL VIVIR MEJOR CON MENOS”
Zenair Brito Caballero

A propósito de la crisis económica que arrastra Venezuela desde hace 14 años, se  ha intensificado el debate sobre los límites que la naturaleza le impone a la producción de bienes y servicios. La modernidad trajo consigo la idea del crecimiento económico como el camino hacia el bienestar y la felicidad.

El crecimiento del PIB se convirtió en la meta de cada país. La consigna es incrementar de manera constante la producción y el consumo. Ese modelo dio origen a un modo de vida que nos hizo esclavos del dinero, del trabajo y del consumo, en un mundo caracterizado por las desigualdades, los desequilibrios y los afanes hegemónicos de unos cuantos países.

Neciamente se procura que la economía crezca infinitamente empleando para ello unos recursos planetarios que son finitos, limitados,  se agotan y su renovación toma demasiado tiempo. La biosfera tardó cerca de 300 millones de años en producir los combustibles fósiles que la era industrial ha consumido casi a  la mitad en 300 años.   

Es un modo de producción depredador y por eso mismo insostenible; no es sólo un problema de contaminación, deterioro ambiental y agotamiento de recursos. Está en juego la supervivencia misma de la especie humana

El cuestionamiento de este modelo de producción ha llevado a algunos pensadores, académicos y políticos a lanzar una propuesta novedosa aunque poco atractiva y quizás difícil de comprender, suena utópica. Se trata de crecer menos o de no crecer a partir de la reducción de la jornada laboral y  del freno al saqueo de los recursos naturales.

En Venezuela y particularmente en la región del Amazonas y en La Guajira encontramos evidencias contundentes de lo que implica la sobreexplotación minera que de continuar al mismo ritmo hará inhabitables extensas áreas de esta zona.

En otros lados se dan guerras por el petróleo, por el agua,  por el litio, en fin, por los recursos que demanda un ritmo de producción y consumo que no quiere parar. El decrecimiento es, desde luego, contrario a la ideología imperante, por eso mismo nos exige cambiar de mirada, revisar muchos conceptos, reestudiar y reaprender otros para ser capaces de imaginar una sociedad alternativa basada en nuevos valores y, a partir de ahí, construir un nuevo proyecto de vida compatible con la defensa y conservación de la naturaleza.  

Se argumenta a veces que el aumento de la población exige una mayor producción pero en realidad si el proceso evolutivo de las especies ha hecho posible que los pobladores  humanos seamos más de 7 mil millones es porque es factible la convivencia en un entorno armónico.
Es cuestión de hacer compatible el ritmo de consumo con los ciclos regeneradores del planeta. Tenemos que aprender a vivir con menos, de forma más sencilla, para que la vida humana pueda continuar y para que también nuestros descendientes puedan habitar este planeta

Desde luego, la gran responsabilidad en esta materia le cabe al mundo de los ricos, a los países del norte, Europa, EEUU, Japón que deben modificar sustancialmente sus estilos de vida. Nadie puede esperar, por ahora, que sean los países del sur los que deban decrecer cuando faltan por satisfacer necesidades vitales para millones de sureños, pero sí es una exigencia el crecer de otra manera y producir sólo los bienes indispensables para garantizar una vida sana y digna.

Hay que aprender de los pueblos orginarios de Bolivia y Ecuador que han consagrado en sus nuevas Constituciones EL BUEN VIVIR como un derecho legítimo y dicen que éste debe ser el objetivo fundamental de la política Pero no se trata solamente de preservar la naturaleza y cuidar el planeta.

Todos debemos frenar el consumismo voraz generador de ansiedades y de estrés  y de variados problemas de orden síquico, advertimos los sicólogos convencidos de que la disponibilidad de más bienes no significa mejor calidad de vida.

El incremento del PIB no implica aumento de la felicidad de los ciudadanos. Hay que aprender a vivir mejor con menores niveles de consumo, más vínculos familiares,  mejores relaciones sociales y una mayor sincronización  entre la vida laboral y la vida familiar. Quizás no sea fácil pero es posible! britozenair@gmail.com


“SI SOMOS FELICES PODREMOS TRASMITIR LA FELICIDAD”


“SI SOMOS FELICES PODREMOS TRASMITIR LA FELICIDAD”
Zenair Brito Caballero
Tal como los peregrinos llevan un pesado morral en la espalda, cada ser humano lleva una carga en el alma, donde se esconden nuestros sufrimientos y alegrías, esperanzas y desventuras, odios y amores, fantasías que a veces se convierten en la guía de nuestras vidas.  En ocasiones, también nos cargamos con las angustias de la familia, de nuestra pareja, de un hijo, de un amigo, en un intento por ayudar a superar sus problemas y dolores a quienes están cerca de nosotros.
Pero a pesar que es tan lindo pensar que podemos ayudar a alguien a librarse de su carga sicológica, debemos ser cautos y aprender a colmar la mente de aspectos positivos y a tratar de olvidar todo aquello que no podemos resolver, pero que produce más pesada la bolsa que llevamos.
La valentía y la fortaleza de la voluntad, nos permite vencer el miedo y no quedarnos paralizados ante las dificultades, así como responder con firmeza a las exigencias de nuestra vida. También supone defender nuestras convicciones y valores, aunque eso en muchos casos provoque críticas e intolerancia.
La Integridad personal se compone de rectitud, honradez, sinceridad y la capacidad de saber defender las propias creencias y valores. La persona con esta cualidad asume sus errores y los reconoce, y tampoco tiene ningún problema de señalar los errores de los demás. Muestra sus intenciones, ideas y sentimientos, aunque haya quien no las comparta y cumple sus compromisos y sus promesas en el entorno personal, social y laboral.
La vitalidad de nada sirve si nuestra mente se obnubila de tristezas, sufrimientos y errores propios o ajenos. La fortaleza vital implica que la persona pone pasión en las tareas que ejecuta y muestra entusiasmo por el hecho mismo de vivir. Lo contrario es la desgana, falta de energía y por último, la tristeza o depresión.
Pero si a esa carga que llevamos en el alma, se llena de frustraciones, miedos, esperanzas y proyectos no logrados, y además le sumamos las miserias y sufrimientos de quienes nos rodean, nos dificultan el camino y no nos permiten disfrutar la vida.
Es como si fueran piedras que llevamos en la espalda y no nos dejan caminar con libertad. Es necesario, entonces, elegir entre las piedras preciosas y las que no tienen valor, las cosas importantes y las que no lo son, los problemas de seres más cercanos y de aquellos que no nos incumben.
Entonces hay que descargar esa "mochila", y para eso hay que hacer un alto en el camino de nuestra vida y observar qué es lo que más nos hace sufrir o qué nos lleva a la alegría y la felicidad.
De esta manera podemos decidir qué es lo que podemos tratar de tirar y qué debemos conservar para aligerar la carga. Una vez que sea más ligera, nos permitirá comenzar nuevas experiencias y explorar nuevos caminos adonde pueda llevarnos la vida y buscar la forma de ser felices.
Porque ésta es nuestra obligación para con nosotros mismos y quienes nos rodean. Si somos felices podremos trasmitir esa felicidad, esa alegría a quienes nos acompañan en el camino de la vida y así nos veremos rodeados de quienes realmente nos quieren y su felicidad también será la nuestra.
Así, si podemos conservar lo que es realmente importante y tirar todo lo superfluo, y además de aceptar que quienes están junto a nosotros nos ayuden a llevar la carga, podremos conservar los pensamientos positivos y los buenos recuerdos, que pueden ser las alas que faciliten, -a pesar de las dificultades y los sufrimientos-, poder llevar una buena calidad de vida. britozenair@gmail.com


¿HASTA CUÁNDO TENDREMOS TANTA CORRUPCIÓN EN VENEZUELA?


¿HASTA CUÁNDO TENDREMOS TANTA CORRUPCIÓN EN VENEZUELA?
ZENAIR BRITO CABALLERO

La corrupción como excusa siempre será un motivo para no entrarle al problema de fondo que se manifiesta en la escasez de recursos del Estado, para cumplir con sus obligaciones constitucionales.
Cuando hablamos de corrupción deberíamos concretar en qué ámbitos la misma se produce y quiénes son los actores, porque no lo olvidemos: Hay corrupción porque hay corruptores. La corrupción debe ser objeto de combate permanente: Fijemos prioridades, hagamos una hoja de ruta de brega contra la corrupción, señalemos los objetivos, establezcamos los medios y los recursos para bregar contra este flagelo, pero empecemos por decidir cuánto y de qué manera vamos a invertir en lucha contra la corrupción.
¿Tiene el Estado los recursos y los medios para llevar a cabo la hoja de ruta que tendríamos que dibujar entre todos? ¿Y quiénes somos todos? Actores en esta brega deben ser, en primer lugar, nuestros legisladores, aprobando un código de buenas prácticas, de obligado cumplimiento en todos los ámbitos de la administración del Estado; deberíamos continuar reformando una administración pública suficiente, competente y motivada, que cuente con los mejores profesionales en su ámbito de actividad, quienes deben recibir buen trato y mejores salarios.
Sigamos con los actores sociales: ¿Están los grandes empresarios de este país “realmente” interesados en acabar con la corrupción? ¿Están dispuestos a abandonar la práctica de llevar varias contabilidades — las que se enseñan a ciertos accionistas, normalmente los mayoritarios — y las que se muestran y presentan ante las autoridades? ¿Están dispuestos a respetar las leyes y los convenios internacionales firmados por Venezuela en el ámbito laboral? ¿Nuestras cámaras empresariales aceptarían el principio de funcionar democráticamente, publicar el listado de sus asociados, convocar con toda transparencia sus elecciones internas y transparentar sus recursos? Porque recordemos que, al fin y al cabo, son asociaciones privadas de interés público.
Efectivamente, la corrupción es un cáncer para las finanzas públicas, no se tributa correctamente ni se pagan las cotizaciones al sistema de seguridad social, se utilizan todos los malabares posibles para evadir dichas responsabilidades y todo esto se facilita gracias a la inexistencia de verdaderos servicios públicos de inspección, con sus correspondientes instrumentos de sanción hacia los infractores. Este ambiente de corrupción/impunidad generalizada es el que se da en el aparato productivo de nuestro país, y no es tolerable por más tiempo que los evasores y defraudadores gocen de impunidad casi total.
Impunidad y corrupción son la consecuencia, la causa de un sistema fiscal débil e injusto, por tanto, poco creíble para la ciudadanía. Se trata de reforzar al Estado, dotarlo de medios para hacer eficaz, transparente y justa tanto la recaudación como el gasto. Para ello también son necesarios los recursos; saneemos nuestro aparato estatal y productivo, porque todos debemos aportar y, como dice La Constitución, deben aportar más los que más se benefician de la producción y la riqueza generada por todo el país.
Este régimen revolucionario socialista-comunista, tiene el deber de asumir sus competencias y responsabilidades constitucionales y las mismas son conocidas, están escritas negro sobre blanco y hay que cumplirlas. El esfuerzo es de país, de Estado y no valen las excusas para seguir con el nivel de deterioro y postración en la que se encuentra la mayoría de la población venezolana britozenair@gmail.com