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lunes, 4 de marzo de 2013

¿HASTA CUÁNDO TENDREMOS TANTA CORRUPCIÓN EN VENEZUELA?


¿HASTA CUÁNDO TENDREMOS TANTA CORRUPCIÓN EN VENEZUELA?
ZENAIR BRITO CABALLERO

La corrupción como excusa siempre será un motivo para no entrarle al problema de fondo que se manifiesta en la escasez de recursos del Estado, para cumplir con sus obligaciones constitucionales.
Cuando hablamos de corrupción deberíamos concretar en qué ámbitos la misma se produce y quiénes son los actores, porque no lo olvidemos: Hay corrupción porque hay corruptores. La corrupción debe ser objeto de combate permanente: Fijemos prioridades, hagamos una hoja de ruta de brega contra la corrupción, señalemos los objetivos, establezcamos los medios y los recursos para bregar contra este flagelo, pero empecemos por decidir cuánto y de qué manera vamos a invertir en lucha contra la corrupción.
¿Tiene el Estado los recursos y los medios para llevar a cabo la hoja de ruta que tendríamos que dibujar entre todos? ¿Y quiénes somos todos? Actores en esta brega deben ser, en primer lugar, nuestros legisladores, aprobando un código de buenas prácticas, de obligado cumplimiento en todos los ámbitos de la administración del Estado; deberíamos continuar reformando una administración pública suficiente, competente y motivada, que cuente con los mejores profesionales en su ámbito de actividad, quienes deben recibir buen trato y mejores salarios.
Sigamos con los actores sociales: ¿Están los grandes empresarios de este país “realmente” interesados en acabar con la corrupción? ¿Están dispuestos a abandonar la práctica de llevar varias contabilidades — las que se enseñan a ciertos accionistas, normalmente los mayoritarios — y las que se muestran y presentan ante las autoridades? ¿Están dispuestos a respetar las leyes y los convenios internacionales firmados por Venezuela en el ámbito laboral? ¿Nuestras cámaras empresariales aceptarían el principio de funcionar democráticamente, publicar el listado de sus asociados, convocar con toda transparencia sus elecciones internas y transparentar sus recursos? Porque recordemos que, al fin y al cabo, son asociaciones privadas de interés público.
Efectivamente, la corrupción es un cáncer para las finanzas públicas, no se tributa correctamente ni se pagan las cotizaciones al sistema de seguridad social, se utilizan todos los malabares posibles para evadir dichas responsabilidades y todo esto se facilita gracias a la inexistencia de verdaderos servicios públicos de inspección, con sus correspondientes instrumentos de sanción hacia los infractores. Este ambiente de corrupción/impunidad generalizada es el que se da en el aparato productivo de nuestro país, y no es tolerable por más tiempo que los evasores y defraudadores gocen de impunidad casi total.
Impunidad y corrupción son la consecuencia, la causa de un sistema fiscal débil e injusto, por tanto, poco creíble para la ciudadanía. Se trata de reforzar al Estado, dotarlo de medios para hacer eficaz, transparente y justa tanto la recaudación como el gasto. Para ello también son necesarios los recursos; saneemos nuestro aparato estatal y productivo, porque todos debemos aportar y, como dice La Constitución, deben aportar más los que más se benefician de la producción y la riqueza generada por todo el país.
Este régimen revolucionario socialista-comunista, tiene el deber de asumir sus competencias y responsabilidades constitucionales y las mismas son conocidas, están escritas negro sobre blanco y hay que cumplirlas. El esfuerzo es de país, de Estado y no valen las excusas para seguir con el nivel de deterioro y postración en la que se encuentra la mayoría de la población venezolana britozenair@gmail.com


¿QUÉ SE HA HECHO LA POLÍTICA DEL EMPLEO EN VENEZUELA?


¿QUÉ SE HA HECHO LA POLÍTICA DEL EMPLEO EN VENEZUELA?
Zenair Brito Caballero
Algunos aprendimos que el pleno empleo es representativo de una condición idónea donde el balance entre oferta y demanda de éste, satisface los deseos de laborar de la población económicamente activa. El pleno empleo es una meta explícita de la política económica en casi todo el mundo, y en algunos países se ha logrado algo muy cercano a esta condición.
Aquí en Venezuela, este balance siempre es una constante en los ideales, tanto de los economistas y gobernantes, como de la sociedad en general. Lograr un aumento real a la cifra de empleos es así mismo una promesa de campaña electorera, una meta macroeconómica y un sueño de la mayoría de las y los venezolanos.
Y es que mientras en Latinoamérica se han reducido las tasas de desempleo al 6.4%, lo que representa el mínimo en 22 años en toda la región, Venezuela (a la par de países como Belice o Barbados) es de los pocos que ha aumentado su tasa de desempleo del 3.9 al 6.0 por ciento.
Según cifras de la OIT, cerca del 30% de los latinoamericanos viven aún en la pobreza. La realidad es que se está generando empleo, pero en la mayoría de las ocasiones éste es de mala calidad, está mal pagado o no cuenta con una certeza jurídica que ampare la situación laboral de los trabajadores. Se ha creado principalmente en sectores con índices de baja productividad, como la construcción y el comercio informal o buhonería.
Nuestro país es lamentablemente uno de los pocos, donde no ha bajado la informalidad laboral, es común ver gente empleada de varias formas en las calles, en las aceras, que viven de las facilidades y el riesgo que representa trabajar fuera de un esquema legal. Las cifras hablan que cerca del 60 por ciento de los jóvenes que cuentan con empleo, carecen de seguridad social, así como de todas las prestaciones inherentes a la misma.
La informalidad prevalece en niveles elevados casi en la misma proporción entre hombres y mujeres; con una tasa de 54.2%, mientras en países como Brasil o Argentina, el aproximado fue de 38.4 por ciento.
Pero como lo hemos señalado permanentemente en otros artículos de opinión, la desigualdad de ingreso también se concentra por género, siendo aquí el doble de la que prevalece en el promedio de América Latina. Según cifras del Banco Mundial, las mujeres trabajadoras en Venezuela reciben en promedio una remuneración 20 por ciento menor que los varones por la realización del mismo trabajo.
En este contexto no es arriesgado considerar que la Reforma Laboral en Venezuela, se ha pugnado más por reducir la cifra de desempleados y ampliar la base tributaria, que por ofrecer una solución integral a esta problemática compleja y creciente desde hace ya  hacen 14 años en nuestro país.
Las supuestas reformas aprobadas al marco jurídico laboral venezolano, pareciera que establecen medidas paliativas al problema, buscando eso sí incentivar la contratación de nuevos empleos, aligerando los beneficios legales obtenidos en tiempos pasados, y demeritando de esta manera garantías legales para los trabajadores, algo que a la fecha es bien sabido por el grueso de la población.
No se trata que la ley sea retroactiva, sino que al abrir un abanico de posibilidades dentro de los esquemas contractuales, la calidad de la oferta laboral ergo se ve disminuida. En esta búsqueda para la generación de más empleo, no podemos menoscabar la justicia social.
El pleno empleo tiene beneficios directos en los individuos, sus familias, y en la economía en general, pero a su vez tiene una tarea pendiente en la promoción de equidad y estabilidad social.
El mayor obstáculo para lograr esta condición no es sólo proveer de empleos aquellos que no lo tienen, sino ofrecer trabajo legal y de calidad. Hace ya varios años,  escuche una frase a un político muy inteligente, una frase que conservo en mi mente: “El empleo es una situación ineludible que los seres humanos requieren para vivir con dignidad y es la única manera de entender un Estado de derechos plenos”. britozenair@gmail.com


“CONTINÚA LA BAJA CALIDAD EDUCATIVA VENEZOLANA”


“CONTINÚA LA BAJA CALIDAD EDUCATIVA VENEZOLANA”
Zenair Brito Caballero

Hablar de brechas que siguen estableciendo marcadas diferencias en estudiantes preuniversitarios provenientes de instituciones educativas oficiales y privadas, se ha convertido en una constante  anual después  de conocer resultados de  la prueba de de aptitud académica para entrar en las distintas facultades de nuestras universidades.
Con seguridad, miles de clientes del sector público sienten el mismo dolor de patria al ver titulares que anualmente se repiten en diarios locales, anunciando: “Educación venezolana deja mucho que desear” “La educación venezolana está en los más bajos niveles de calidad de Latinoamérica”
De este hecho se motivan múltiples reflexiones y formulación de interrogantes e  hipótesis  que quedan en el tintero o  en  la mente de los que con  impotencia  no pueden  hacer  nada; bien porque no  tienen  autoridad,  o porque  si están  en  el contexto, unas pocas golondrinas no hacen verano. 
Según  lo  planteado; las preguntas más  frecuentes  son: ¿Está fallando el  Sistema Educativo Venezolano?, ¿El ente territorial?,¿Las Instituciones educativas? ¿Los  estudiantes? ¿Los maestros o profesores? ¿Los  ambientes de aprendizaje?  O  más  bien el  estrato socioeconómico?
Lo mejor  de todo es que la mayoría  de las veces la culpabilidad se le carga a los  estudiantes, porque  son  dispersos,  desobedientes, irrespetuosos, no tienen una familia que esté pendiente de ellos.
Conservadoramente se le atribuye a los niveles de pobreza en  que vive la mayoría, justificados por estudios científicos que señalan que los niños, adolescentes y jóvenes provenientes de esos hogares crecen bajo tensión constante en forma desproporcionada,  la mayoría hijos de madres, también bajo tremenda  tensión,  y  el  resultado puede ser  una  estructura cerebral que dificulta más que los niños florezcan en la  escuela o tengan éxito en la fuerza de trabajo. 
En fin, las respuestas en ese sentido son  muchas, pero las  acciones de mejora implementadas hasta la fecha a nivel  nacional, estadal y local, no  han  arrojado resultados  significativos. 
Considero  que  en  medio  de todos los  faltantes hay muchas  cosas que  se pueden  hacer,  si se concibe  la educación desde el ente territorial como herramienta indispensable para erradicar pobreza.
Si así fuera,  escogiera para representar  esa cartera a excelentes académicos profesionales  visionarios, pedagogos, sociólogos o psicólogos educacionales; se establecerían  acciones y  responsabilidades dirigidas a líderes que están al frente de  instituciones exigiendo resultados medibles, implementan  planes  de  estímulos a docentes,  para que motivados desarrollen  todo su potencial en  medio de condiciones precarias en  que se encuentran algunas escuelas, lejos de aulas inteligentes y algunas carentes de recursos básicos. Termino con otra interrogante. ¿Quién tiene la culpa de todo esto? britozenair@gmail.com