jueves, 9 de mayo de 2013

¡LLEGÓ LA HORA EN VENEZUELA DE DECIR! ¿HASTA CUÁNDO?


¡LLEGÓ LA HORA EN VENEZUELA DE DECIR! ¿HASTA CUÁNDO?

Zenair Brito Caballero

Esta Venezuela de esperanza, de sempiternos verdes, ríos, mar, montañas, esteros, llanos, médanos y cantos encogidos se escurre entre el rojo y el negro frente al dolor lastimoso y desgarrador de la gente que es víctima de la violencia, la delincuencia y la intimidación
Continúo y se siguió manteniendo también la persecución descarnada a los disidentes periodistas honestos como los trabajadores, camarógrafos de Globovisión, descalificándoles e inventándoles acusaciones, pruebas para enredarlos y la amenaza de confiscarles los equipos y quitarles la concesión, y de una vez por todas suspender al único canal de noticias que nos quedaba a todos los venezolanos y venezolanas que informaban la verdad de todo lo que ocurre en el país, como ya lo hicieron con RCTV, con 34 emisoras de radio, varios canales de televisión regional y el acoso a diarios Regionales, y sacar de una vez por todas de los zapatos del gobierno socialista comunista la piedra fastidiosa que no los deja caminar con tranquilidad.
Nos duele mucho la noticia, pero los dueños lo han vendido, cansados de tantas, multas, citaciones, calumnias y descalificaciones al personal. Nombraron a Vladimir Villegas, periodista ex chavista y hermano del Ministro de Información Ernesto Villegas y al Dr. Leopoldo Castillo, abogado y Periodista, conductor del Programa Aló Ciudadano.
Esperaremos a ver qué pasa con su línea editorial, pues ya hemos vivido la experiencia de los hermanitos Escarrá, uno Carlos Q,E.P.D, socialista-comunista y chavista, y el otro Abogado constitucionalista, social cristiano, pausado, conciliador y miren volteó la tortilla y ahora el anterior defensor de los derechos humanos es socialista-comunista, chavista, madurista y opositor. Ver y oír para creer.
Todavía en esta época de tanto discurso sobre derechos humanos, de tanta invitación a la reconciliación y a la reparación de daños, causa asombro la insistencia de algunos descontextualizados que no salen de la época de barbarie, sustentando con sus insultos y amenazas, su arrogancia, su prepotencia o en su silencio indiferente, pretendiendo desestimar lo que legítimamente ha venido constituyéndose como una posibilidad de avanzar desde la decencia en una nueva conciencia de época.
Es imperativo rechazar estos esquemas que quieren reaparecer frente a Globovisión por lo que pudiera ser un cambio de Editorial, y que sólo con la cooperación ciudadana podremos cerrarle el paso a toda esa recua de desadaptados, cobardes e indolentes, que vienen jugando con la moral y la decencia de una ciudadanía que tiene derecho a ser feliz. Los de actitudes belicosas a pesar de los errores cometidos, se niegan a reconocer un espacio de cambio como las agresiones del sector oficial a los diputados de la oposición aupadas por el mismo tenientico Diosdado Cabello.

Ellos son los que viven esperando tener  todo el poder y sembrarse de odio, para materializar todo lo que piensan y sienten cuando está ponderado. Quienes pudieran ayudar al cambio insisten en vivir como en el viejo oeste, en actitud típica de bandidos, haciendo amenazas y descargas al aire e irrespetando la tranquilidad y la vida de los ciudadanos, bajo el amparo de un falso derecho a creerse los dueños de todas las ciudades y de los pueblos venezolanos  e imponer sus conductas violentas sobre la salida lúcida y moderna del diálogo, especialmente por lo sucedido en las elecciones del pasado 14 de abril donde se proclamó a Maduro en fracciones de horas. ¿Fraude en puertas del CNE?
Ellos, desde su intimidación expresan una resistencia al cambio, convertida en una marca profunda, arraigada al devenir histórico de las regiones, en la medida en que las mismas irregularidades del proceso socio histórico se explican por el modo como la razón en su forma ilustrada e instrumental se mezcló con esquemas religiosos y pre modernos que sentaron los primeros gérmenes de la intolerancia, la discriminación y la corrupción.
La indiferencia de la que tanto se ha hablado, surge del hecho de que las instituciones y los procesos sociales de las ciudades hayan marginado los valores ilustrados, dando pie a prácticas corruptas, injustas y de exclusión, pero que en contrasentido, se empieza a suscitar la respuesta de sectores que ya no resisten más la ignominia con la que se actúa sin ponderación alguna, pues ya es tiempo de vencer los miedos y atrevernos a protestar, a decidir el cambio y a proponer la vida como único fundamento de lo social.
Para esto se necesita solidaridad social y moral, ética para rodear a quienes encaran una posición de ruptura frente a los esquemas tradicionales de gobierno democrático y convivencia ciudadana. Deberá insistirse en protestar públicamente contra cualquier asomo de violencia o irrespeto; salir a los medios o a las calles a protestar a favor de la decencia para que cada grito de paz que se una, lo haga con la convicción de estar haciendo lo correcto, como un querer general de los venezolanos (as) cansados de tantos abusos por parte de los fanáticos socialistas-comunistas, quienes desde su soberbia justifican sus acciones, injustificables desde cualquier mente sana.
Aún así, ante tanta miseria humana, nuestra respuesta debe seguir siendo el vivir, el soñar una Venezuela mejor, progresista, democrática, con el respeto y la libertad fundando la vida, brillando sobre el caos, con un verde esperanza que supere los árboles, los ríos, el viento y la muerte, con un canto de triunfo vuelto grito más fuerte, melodía al viento, a los corazones y a las conciencias, para que más allá de las confabulaciones y los ardidos intolerantes que se ocultan tras las amenazas para sentirse fuertes y valientes, aún nos quede la posibilidad de perdón y reconciliación vuelta canción y gozo por la libertad y el respeto hacia los demás.  britozenair@gmail.com


martes, 7 de mayo de 2013

ESTAMOS PERDIENDO EL ALMA DE LA SOCIEDAD Y ES LA FAMILIA


ESTAMOS PERDIENDO EL ALMA DE LA SOCIEDAD Y ES LA FAMILIA

Zenair Brito Caballero 

(britozenair@gmail.com)

Hoy al escribir este artículo, no voy a referirme en lo absoluto a la situación política o económica de los venezolanos, pero si a la pobreza que según los datos del estudio presentado por el Banco Mundial, amenaza el desarrollo social, y es la carencia del debido cuido de los padres de familia para con sus hijos, lo que se llama: la pobreza de la construcción familiar.
Este es el déficit de pobreza más grande que tiene el país y del cual nadie está presentando soluciones, programas o ideas para minimizarlo, es a mi juicio la pobreza más devastadora, porque no solo tiene que ver con las incapacidades reales de generar riqueza, sino que  limita la capacidad de la sociedad para madurar emocionalmente.
La pobreza familiar consiste en no tener padre o madre, y en el peor de los casos, ninguno de los dos; como saldo, los jóvenes y niños, están a merced de referentes y principios de poca calidad, sin amor, sin orientación y sin el apoyo necesario para crecer como persona, lo cual ha dejado a muchos a merced de la educación que puedan dar los maestros, familiares o grupos de influencia, muchas veces negativos, que como valores tienen los que se reproducen en la condición de supervivencia.
Como parte de esta realidad y así lo destaca el informe, el 11% de los menores que participaron en el estudio dijeron además haber sido víctimas de abuso sexual, lo que complica mucho más la traumática situación emocional, y si uno hace cuenta de los déficits emocionales, los venezolanos estamos en muy mal estado, lo cual se refleja en la pobreza económica, la violencia y la migración; luchamos por vencer las estadísticas, pero éstas vencen al final ya que somos una sociedad lastimada emocionalmente por la falta de familias donde funcionen la comunicación, la responsabilidad del padre, la ayuda mutua, el respeto y lo más valioso, la transmisión de valores morales positivos que reproduzcan la solidez de esas familias; más que economía creo que es el momento de otra visión para recuperar el país y está en los cimientos emocionales, culturales y educativos.
A este informe podemos sumar otros que han estado revelando constantemente varios problemas que nacen de la desintegración y ahí tenemos el elevado consumo de alcohol y drogas en cortas edades, el manejo de armas y de la violencia como mecanismo de escape a las frustraciones, sumemos los hijos abandonados que no llegan a tener una buena relación con padre, madre o ambos, y tienen que ser criados por otras personas.
El daño que ha sufrido la familia venezolana es grande en su estructura y su conceptualización, por lo que también hay que tener mucho cuidado cuando creemos que lo único necesario es la información o capacitación de menores en la “educación sexual”, o cuando se propone que legalizando los abortos la situación tiene control.
Cuidado digo porque soluciones fáciles aparecen inmediatamente, pero las difíciles, las que llevan conceptos y valores morales, las comprometidas con principios y las que representan fundamentos, solemos dejarlas fuera porque nadie quiere comprometerse con soluciones que impliquen la espiritualidad, el amor a Dios y  creemos que el humanismo por sí puede ser solución.
La destrucción de la familia y los valores que ésta tiene, deben ser motivo de preocupación de todos los venezolanos, no de los políticos, donde también abundan los casos de mujeres maltratadas, hogares destruidos, padres irresponsables y donde los valores que se necesitan también están en escasez.
Somos los ciudadanos los que debemos reparar en este tipo de estudios que siguen revelando que es más importante educar para la vida, para la familia, para construir una mejor sociedad, por sobre educar para generar dinero, mejorar el trabajo o levantar la productividad.
La peor pobreza es la que tenemos en el corazón y en el alma, como dice la palabra de Dios: “de que sirve ganar el mundo, si hemos perdido el alma” y eso es lo que nos está pasando, estamos perdiendo el alma de la sociedad y es la familia, no habrá ley que pueda reconstruirla si no recuperamos antes los valores con los cuales ésta se fundamenta.

viernes, 3 de mayo de 2013

A LOS VENEZOLANOS NO LES GUSTA LEER


A LOS VENEZOLANOS NO LES GUSTA LEER

Zenair Brito Caballero


Hablar, escribir y leer son tres elementos fundamentales en la competitividad comunicacional, en el modo en que nos comunicamos y relacionamos con los demás. Hay quienes dicen que si bien lo primero en la humanidad fue aprender a contar por razones de sobrevivencia individual, aprender a leer -lo escrito por otros-, tienen una proyección colectiva y más ligada a todos los sentidos y a la universalidad.
A favor de la lectura debo decir  amigo que me lees, que ésta impulsa, además de emociones, circuitos neuronales que sin ésta actividad jamás serían activados sobre todo en lecturas complejas. 
Venezuela tiene pocas Editoriales para producir libros y muy buenas, sin embargo esto no es suficiente para que se encuentre en un estadio deseable o para que la mayoría de los integrantes de la clase gobernante recuerden al menos 3 títulos y autores fundamentales, excepto la Biblia -que quizá ni siquiera ha sido leído por muchísimos de ellos, pero genera una respuesta rápida y fácil ante tamaña pregunta recurrente en los últimos años-.
Desde hace mucho tiempo, he venido observando la poca importancia por la lectura y veo con horror, que hasta los profesionales universitarios de diferentes carreras o profesiones, no leen ni los periódicos.
Y nos ha sorprendido que el Presidente de Bolivia Evo Morales haya afirmado en una entrevista periodística por televisión, que nunca ha leído un libro. Esto, es vergonzoso, porque la cultura de un ser humano está en los buenos autores y en los buenos libros y mucho más en un Estadista que debe caracterizarse por ser un letrado y conocedor de autores, sobre todo de ideologías políticas.
En Venezuela si hay lectores, pero son pocos y en las escuelas, liceos y universidades no se incentiva al estudiante a leer, menos ahora que está Internet donde el estudiante copia de Google o de Wikipedia sin saber lo que dice el texto, lo importante para él es entregarle el trabajo al profesor que nunca lo lee y ello tampoco ha significado mejorías visibles en la socialización de dicha actividad. 
Según un análisis de la OCDE, Venezuela ocupa el lugar 107 de 108 en cuanto a hábitos de lectura con sólo un 2% de personas con estas características. Los datos de UNESCO destacan que Japón es el país con el mayor hábito de lectura en el mundo. Y es que no es lo mismo leer, que tener un hábito real y consistente.

Las cifras de la Encuesta Nacional de Lectura no son mejores, sólo un 33 por ciento de la gente lee al menos un libro al año. El promedio de lectura en Venezuela es de 2.9 libros por año mientras que en España es de 7.5 y en Alemania de 12. La educación de las futuras generaciones depende, que niños, adolescentes y jóvenes que no están leyendo comiencen a hacerlo y sobre todo, que se fomente el gusto hacia esta actividad, ya que uno de los factores que más alejan a un individuo de la lectura es su carácter de obligatorio o/y aburrido en las etapas formativas. 
H. S Neill quien fuese un excelente filósofo de la educación y autor del clásico de la pedagogía Summerhill, señala que la lectura "temprana" y "rápida" es un fetichismo "educativo" de quienes no tienen mucha idea del desarrollo normal de los niños, no se trata de fomentar la lectura como una forma de culminar administraciones con algunos cambios en alfabetización de comunidades. El verdadero reto es que el Estado cree una estructura que fomente la cultura de la lectura, ya que ésta es la única que promueve una mejor percepción de la realidad.
La falta de educación de calidad en nuestro país, cada día peor y ese bombardeo constante por una vida plasmada de lujos, en que estudiar esté vinculado a sacar una carrera o hacer un currículo, y no como parte de una mejoría o crecimiento personal y adquisición de una cultura general, es parte de lo que está destruyendo el tejido social.
Algunos jóvenes ven mayor provecho empuñar un arma, o inscribirse en el PSUV que un libro, porque creen que eso les otorgará dinero y respeto, otros sin embargo ven esa opción cómo la única salida a una realidad que no ofrece opciones ni oportunidades a quienes más las necesitan. 
En este contexto dónde el debate por una reforma educativa de principios democráticos es referencia de muchos educadores, es necesario que en lo inmediato, la Ley de Educación busque contemplar la lectura como un aspecto prioritario en sus artículos y, por supuesto, que desde las familias y los espacios públicos se vea como una prioridad.
Ojalá que en vez de ocupar uno de los primeros lugares en  hacer fraude, violencia, delincuencia, asesinatos, mentiras, abusos del gobierno, escasez de alimentos y medicinas e inflación del mundo, ocupáramos uno de los primeros en acervo intelectual per cápita, con venezolanos ávidos de lectura y deseo de nuevas ideas.  


LA PAZ SÓLO ES POSIBLE EN UNA SOCIEDAD TOLERANTE


LA PAZ SÓLO ES POSIBLE EN UNA SOCIEDAD TOLERANTE

Zenair Brito Caballero
(britozenair@gmail.com)
Tolerar es aceptar la pluralidad en todos sus campos y expresiones. Es respetar las ideas, visiones, credos y prácticas de los demás, aunque difieran de los propios, siempre y cuando todas se ajusten a los principios, valores e instituciones sobre los cuales se sustenta la democracia.

La tolerancia como virtud cívica y como valor ético sigue extraviada en el ambiente político venezolano. Parece imposible lograr ese consenso mínimo, indispensable para que la democracia funcione civilizadamente; la convivencia pacífica, en medio de las diferencias, sigue siendo una asignatura pendiente en nuestra Venezuela, porque históricamente ha prevalecido la intolerancia como práctica política nociva. De ahí han surgido los radicalismos y la larga confrontación.

El diálogo constructivo entre contrarios no ha sido posible y parece que no bastan los cientos de miles de muertes y asesinatos de manos de la delincuencia desbordada en este socialismo del siglo XXI, para entender y aceptar que el único camino hacia la paz pasa por la tolerancia y el debate civilizado. La cultura de la paz sólo es posible en una sociedad tolerante, caracterizada por la diversidad ideológica y cultural.

Tolerar es aceptar la pluralidad en todos sus campos y expresiones. Es respetar las ideas, visiones, credos y prácticas de los demás, aunque difieran de los propios, siempre y cuando todas se ajusten a los principios, valores e instituciones sobre los cuales se sustenta la democracia.

La tolerancia, junto a la justicia, la libertad, la igualdad ante la ley, la participación ciudadana y la soberanía popular son pilares sobre los que debe sostenerse todo régimen democrático. Obviamente no hay que confundir la tolerancia con la indiferencia ni con la permisividad ante posiciones o prácticas socialmente perjudiciales

La diversidad, la heterogeneidad, las diferencias y la pluralidad, son, desde todo punto de vista, enriquecedores y vitales porque generan interacciones, cambios, transformaciones y dinamizan los procesos sociales. La homogeneidad absoluta no es posible y sería un freno al desarrollo.

La tolerancia debe ser un compromiso de todos, de los ciudadanos, de las comunidades y desde luego del Estado. Venezuela es un país pluricultural, diverso, variado. Caraqueños, andinos, llaneros, maracuchos, guayaneses, orientales, occidentales, indígenas, etc., tenemos distintas maneras de actuar y de expresarnos y dentro de esa diversidad se dan también las diferentes visiones del mundo y de las cosas y a partir de ahí surgen las ideologías contrarias como algo consustancial a la democracia. Es así en todo el mundo. Ninguna sociedad es homogénea.

En Venezuela, por desgracia, los contrarios no se reconocen como adversarios políticos sino como enemigos irreconciliables y cada uno señala al otro como único responsable del problema.

No se permite el disenso, la obstinación es eliminar al contrario. La hostilidad se exacerba permanentemente y copa todos los escenarios donde deberían reinar el diálogo y la conversación constructiva
.
El insulto, el agravio y la ofensa marcan un estilo practicado desde siempre y afianzado por el verbo incendiario y escatológico del teniente Cabello en la Asamblea Nacional y de sus seguidores socialistas comunistas. La discriminación se ha disparado también.
Todas las expresiones vulgares a la oposición comienzan con expresiones descalificadoras, igual ocurre con los gobernadores y alcaldes no chavistas; las críticas contra su desempeño han estado siempre marcadas por el odio y el resentimiento. En un país cargado de tanta juventud, hay quienes se creen que ésta no es capaz de sacar al país de tanta desvergüenza.

Tanta intolerancia atenta contra el derecho a la vida, crispa los ánimos y acentúa la confrontación; las amenazas contra líderes populares, políticos, sindicalistas, periodistas son intensas. Muchos hombres y mujeres disidentes, sufren en serio, el riesgo de ser apresados, secuestrados o asesinados por bandas criminales que, con nombres como “La piedrita, “los enanos”, “tupamaros” anuncian que “tienen la orden de apresar” a dirigentes de oposición y a miembros de organizaciones de mujeres y defensores de derechos humanos.

A todos los acusan de manejar un discurso fascista de derecha, de inventar que es falso el fraude electoral del 14 de abril, la delincuencia, desempleo, corrupción, narcotráfico, de criticar la LOT y de promover la restitución de tierras expropiadas a sus respectivos dueños. Mientras tanto, los no violentos opositores al socialismo-comunismo, unamos voces de paz y de reconciliación y soñemos con una Venezuela donde quepamos todos y donde prevalezcan la convivencia y la justicia social.

“EL MIEDO A CONTINUAR OPINANDO EN ALGUNOS DIARIOS”


“EL MIEDO A CONTINUAR OPINANDO EN ALGUNOS DIARIOS”

Zenair Brito Caballero 

(britozenair@gmail.com)
El miedo a opinar no es otra cosa que la autocensura que tiene uno que aplicarse como articulista de opinión para evitarse dolores de cabeza y para evitarse enemigos gratuitos que nos degraden, se nos insulte y nos descalifiquen a través de nuestros correos electrónicos. Y para no correr grandes riesgos, claro. Resulta especialmente frecuente tal imposición hacerlo en los medios de las pequeñas ciudades (por aquello de que pueblo chiquito, infierno grande). Y no es sólo por los chismes.
Se trata del hecho incontrastable que en los pequeños núcleos de población casi todos se conocen con todos y el riesgo de levantar ampollas se magnifica en grado sumo. Es así como resulta muy delicado opinar sobre las vacas sagradas del alto gobierno socialista-comunista de nuestro país. O sobre los hijos dilectos de la tierra que brillan en gobernaciones, alcaldías, además en los altos organismos oficiales.
Resulta inapropiado juzgar descarnadamente los desaciertos de las autoridades como por ejemplo el descalabro de la electricidad y de la carencia permanente del agua potable, o señalar los abusos de poder. Resulta suicida opinar sobre la realidad política, social, educativa, cultural o económica que sucumbe a Venezuela y resulta riesgoso reflexionar sobre los usos y costumbres de las ciudades y pueblos. 
A propósito, resulta casi herético opinar sobre la Iglesia (para no decir las iglesias). Resulta inadecuado censurar a la autodenominada "dirigencia roja−rojita". Cuestionar sus motivaciones o juzgar sus resultados. Resulta indecoroso plantear argumentos liberales sobre temas tabú como el aborto, la sexualidad, la eutanasia, por ejemplo.
Resulta arriesgado, muy arriesgado, aventurar juicios sobre la corrupción administrativa que nos asfixia cada día más, y sólo unos pocos personajes en los cuales me incluyo de infinito valor civil muchas veces nos atrevemos a hacerlo con nombres propios. 
Los demás callan. Está tácitamente prohibido hablar de dineros calientes, por ejemplo. Y en este punto creo que se justifica plenamente: no somos los articulistas de opinión los llamados a pagar el precio de la impunidad reinante. No está bien visto siquiera opinar con argumentos sobre la situación política nacional: la polarización es tan terrible que al que no es chavista lo declaran fascista, terrorista o contrarrevolucionario de una y para siempre…
Resulta, finalmente, muy doloroso para mí y para otros articulistas que así me lo han comentado algo punzante, tener que autocensurarnos de vez en cuando para no darle papaya a los malquerientes de aprovechar los foros de opinión para dejar correr la bilis de su despecho y sus envidias.
Y hay que aclararlo: la censura −esta censura− no viene de afuera ni nadie la ha puesto sobre la mesa: se trata de la censura a la que obligan los medios regionales a quienes enviamos nuestras columnas, artículos o post, que nos devuelvan los correos y no nos publiquen lo que escribimos, el miedo a la desgracia, a la tragedia o al desarraigo.
El miedo a opinar en algunos diarios regionales venezolanos. Porque la opinión puede incluso llegar a considerarse una amenaza contra los poderes establecidos, contra el statu quo que tan bien sirve a los poderosos de turno. En fin, que opinar da miedo a veces. Pero cada ocho días debe sobreponerse uno a ese miedo para aventurar una nueva opinión. Otra más. O la misma de siempre, qué más da. Lo importante es seguir opinando. Y ¿Usted qué opina de esto amigo lector?

¿CÓMO PUEDE APLICARSE LA CULTURA DEL AMOR A LA ACCIÓN POLÍTICA?


¿CÓMO PUEDE APLICARSE LA CULTURA DEL AMOR A LA ACCIÓN POLÍTICA?

Zenair Brito Caballero 

(britozenairgmail.com)

La política de los últimos 14 años en Venezuela ha sido “robespierreana” lo que ha determinado una maniquea división de los actores en buenos (yo y los de mi grupo socialista-comunista) y malos (los demás los contrarrevolucionarios de la oposición).
 Si los de enfrente han incumplido algún requisito en el financiamiento político nos encontramos ante un hecho penal que debe ser sancionado con cárcel; si el problema ha surgido en mi partido se trata de un requisito formal sin ninguna consecuencia.
Si en un contrato de obra de un gobierno regional adversario unas puertas no calzan o unos repellos están quebrados es un acto de peculado que amerita la cárcel para el gerente de la constructora y para los que la adjudicaron; si fracasa la reparación de una platina en un puente por parte de un gobierno de mis amigos es un simple caso de fuerza mayor que debe ser pasado por alto.
Si un adversario voltea la cabeza para contemplar la bonita figura de una funcionaria es un acto de acoso; si mi compañera es acusada de invitaciones inapropiadas a un subalterno el caso nunca amerita ser investigado.
Estas actitudes se han venido agravando y generalizando en los últimos 14 años de este mal llamado socialismo del siglo XXI. Una consecuencia es la dificultad de llegar a acuerdos, pues no se discute sobre la sustancia de las cosas sino sobre las intenciones y la conciencia moral de los actores. Este elemento subjetivo junto con las características de nuestro diseño institucional determina el aparente consenso de ingobernabilidad.
¿Cómo resolver esta situación? La única palabra que brota en mi mente es la de la necesidad de nuestra “conversión”. Necesitamos reconciliarnos, pero de verdad, con nuestros semejantes. La transformación del ser humano es un acto libre y voluntario de adoptar valores y normas de conducta, y de seguirlos.
Para bien y felicidad de todos yo quisiera que esa transformación fuese democrática como compromiso con el país que lo requiere urgentemente. Pero lo que socialmente es necesario en nuestro país es al menos convertirnos a la cultura del amor al prójimo.
Entonces podemos discutir cómo son los problemas y cuáles sus mejores soluciones. Podemos dedicarnos a resolver los problemas y no a odiar y perseguir por ello al adversario.
Pero se me podrá decir que ya hace 96 años Max Weber indicó que eran incompatibles el Sermón de la Montaña y la eficiencia política. ¿Cómo puede entonces aplicarse la cultura del amor a la acción política? La solución es sencilla. Aceptar la libertad de los demás sobre sus determinaciones y acciones que no violen derechos del prójimo, no es afirmar el relativismo contemporáneo sobre la verdad, la belleza y el bien.
Yo debo respetar a mi adversario y en eso consiste mi amor por él, pero puedo a la par defender con ardor mis ideas de lo que es bueno, verdadero y bello. Ser tolerante con las apreciaciones de los demás y humildemente aceptar la posibilidad de estar yo equivocado, no impide defender con vehemencia nuestros conceptos y valores.
Y cuando nuestro tema es el análisis de los problemas públicos y la comparación de sus soluciones; cuando no personalizamos ni prejuzgamos las intenciones ajenas; cuando dejamos a los tribunales la tarea de juzgar y esa tarea se cumple conforme al debido proceso…entonces si se puede dar la discusión inteligente que es necesaria para que la democracia sea exitosa. Con amor al prójimo es más fácil la gobernabilidad.

martes, 30 de abril de 2013

“NO ES LO MISMO INDIGNARSE QUE ESTAR INDIGNADO”


“NO ES LO MISMO INDIGNARSE QUE ESTAR INDIGNADO”

Zenair Brito Caballero

Hoy nuevamente amanecí sin ganas de escribir sobre política y voy a señalar un aspecto que psicológicamente está afectando a miles de venezolanos. Todos las personas de este planeta somos seres emocionales, es decir, que vivimos y convivimos con las emociones en todo momento; llámese ira, envidia, culpa, temor, alegría, tristeza, dolor, vergüenza, indignación, entre otras más. Te darás cuenta que en un solo día podemos ‘brincar’ en un gran abanico de emociones. Una emoción común es la cólera. Se cree, equivocadamente, que existen emociones buenas y malas, lo cual no es verdad.

Lo que hay detrás de una emoción es una intención y en todo caso, la intención es la que podría ser constructiva o destructiva, pero las emociones no son buenas ni malas, las emociones son naturales, propias de nuestra especie y parte de esta naturaleza es poder expresarlas.

Un problema muy recurrente con la emoción de la cólera es que permitimos que se apodere de nosotros, y reaccionamos desde el arrebato y no desde la conciencia.

El resultado inmediato será un desahogo y una gratificación instantánea ‘de poder’ pero a corto plazo la consecuencia será sentirnos incómodos con nosotros mismos por aquello que hicimos o dijimos al estar sumergidos en la emoción.

Indignarse no es malo. Lo que no es saludable es mantenerse enfurecido, ¿Alcanzas a ver la diferencia? Cuando te indignas lo sientes en ese momento le das salida y te liberas del disgusto, sin embargo, el mantenerte enfurecido significa que ‘encerraste’ tu disgusto en tu interior manteniendo viva la ira y cuando la mantenemos viva es ahí cuando brincamos del disgusto a estar indignados.

Estar indignado significa conservar la ira en nuestro ser. Esto no representa que estarás echando ‘rayos y centellas’ todo el día, esto significa que aún cuando haya pasado mucho tiempo y alguien o alguna situación te conecte a lo que sucedió en el pasado (que te irritó) lo detonará en tu interior volviéndote a ‘encender’.

De hecho, el disgusto se siente en el plexo solar (a la altura del ombligo) y literalmente sientes que arde, que te quema. Si pones atención, la situación a la que te conectas ya no está sucediendo (más que en tu mente) pero tu cuerpo simplemente obedece a tu furia mental.
El primer paso para liberar el disgusto (o cualquier otra emoción) es reconocerlo.

Necesitas no sólo sentir el enfado, necesitas reconocerlo. Una vez que lo reconociste, es indispensable que le demos salida con una sola condición: “No me hago daño a mi ni le hago daño a nadie”. Le puedes dar salida física a tu enojo gritando en tu auto, pateando almohadas o el colchón, pegándole a una bolsa de boxeo o rompiendo periódicos, por poner unos ejemplos.

Esto no cambiará la situación con quién tengas el problema, pero definitivamente te dará mayor espacio en tu mente para pensar con más claridad y serenidad, porque el espacio que ocupaba el disgusto estará libre. Esta necesidad de clasificar y etiquetar las emociones como buenas o malas hace que violentemos nuestro cuerpo al almacenar sentimientos de revancha interior.

Dale permiso que salga, eso te hace ser una persona responsable. Si necesitas tiempo para ‘refrescar tu mente’ ¡Pídelo! Algo que siempre te va ayudar es tu respiración, la respiración profunda, abdominal y consciente oxigena tu cerebro y te ayuda a canalizar las emociones de forma gradual pero significativa.

Cuanto más indefinida está la conciencia mayor probabilidad de vivir una vida mecánica, gobernada por impulsos inconscientes y respuestas automáticas.

Recuerda que tú siempre estás al mando, tú siempre eres quien elige qué hacer.

Es mentira que el que se encoleriza pierde… el que se mantiene enfurecido es el que de verdad pierde. Créeme que muchos de los problemas no son los problemas en si… sino la forma en cómo elegimos reaccionar a ellos. ¡Elige amor a la vida y al prójimo y empieza por ti! 

 (britozenair@gmail.com)