domingo, 17 de junio de 2012

¡NO A LAS PROMESAS INCUMPLIDAS Y SI AL CAMINO DEL PROGRESO!


¡NO A LAS PROMESAS INCUMPLIDAS Y SI AL CAMINO DEL PROGRESO!
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
Hemos venido observando con mucho entusiasmo, las recientes  manifestaciones populares  de sindicatos, empleados, obreros, educadores y gente que reclama con su participación ciudadana el mejoramiento de los servicios públicos, el pago de prestaciones sociales, el problema de la electricidad, de la delincuencia y de la corrupción, así mismo el repudio al socialismo comunismo y a la mayoría de los políticos rojos-rojitos en la Asamblea Nacional que quieren seguir defendiendo sus intereses personales y los de su comandante para que se perpetúe en el poder.
Esto es muy esperanzador, porque como ya lo decía Platón, “uno de los peores castigos de no participar como ciudadanos en la verdadera política, cual es la defensa del interés común, es el hecho de terminar siendo gobernados por personas menos capaces que nosotros”.
La mayoría de los diputados gobierneros quieren mantener el mismo sistema socialista-comunista, porque es la única manera en que volverán a ser reelectos y los más capaces quedarán como siempre excluidos. Por eso, se vuelve cada vez más importante nuestra participación y decisión de cómo elegir y a quién elegir para presidente de Venezuela en el 2012.
Lastimosamente, en 1999 los venezolanos cometieron el error de elegir como Presidente de la República a alguien que ya fue desilusión para Venezuela con su golpe militar que dio el 4 de febrero de 1992 y ha terminado siendo también una desilusión para la ciudadanía venezolana a quien ha mentido y dividido en revolucionarios y contrarrevolucionarios durante 13 años y jamás ha cumplido promesas.
Pero lo peor aún es que esta mal llamada revolución nos está dejando una herencia nefasta, la cual es la escuela de repartir el esfuerzo de los que trabajan para los que no trabajan, como modelo principal de su gobierno socialista-comunista, sin crear fuentes de trabajo. Por eso, el tema fundamental para las próximas elecciones del 7 de octubre ya no será qué partido político tendrá preeminencia, sino quiénes son los políticos que quieren seguir como el teniente coronel repartiendo solamente lo ajeno, y quiénes son aquellos demócratas progresistas que quieren ayudar al que quiere trabajar y producir, dándoles oportunidades de igualdad, empleo y educación.
Los políticos que rodean al teniente-coronel fomentan la idea de repartir lo ajeno, lo que no es suyo. Es el producto de las ventas petroleras y de los altos impuestos que recauda el SENIAT, y lo lamentable es que aquellos que lo reciben, terminan odiando a los que trabajan como si fueran sus enemigos.
También quieren forzar a las personas que trabajan a que sigan pagando cada vez más por las cosas repartidas para los que no trabajan, y pretenden ser electos distribuyendo a discreción el dinero del Estado como si fuera suyo, etiquetándolo como “misiones sociales” lo que por derecho le corresponde a los venezolanos, con tal de ser votados en las próximas elecciones.
Por un lado, las personas que trabajan y producen quieren que se deje de fomentar la gratuidad; mientras quienes reciben lo gratuito quieren mayor cantidad de cosas gratuitamente. El socialismo-comunismo de los tiempos del teniente-coronel es de los repartidores de lo ajeno, sin crear condiciones para generarlo, y esta es su peor herencia porque es el suicidio de lo que pudo llegar a ser una verdadera democracia como fue  la nuestra durante 40 años aun con debilidades y fortalezas.
Thomas Jefferson también ya decía en los inicios de la democracia en su país que “una democracia deja de existir cuando uno le quita al que trabaja para darle a quienes decidieron no trabajar”.
Por eso es que tenemos una brillante oportunidad con este despertar ciudadano de estos días de poner fin a este experimento socialista-comunista nefasto, que crea y multiplica a personas que cada vez menos quieren trabajar y que indudablemente es fomentado por el experimento socialista-comunista engendrado por el comandante; lo cual nos puede llevar a un mayor problema, como es el hecho de que eventualmente terminarán gastando todo el dinero del Estado, acostumbrados a repartir gratuitamente sin haber buscado cómo generarlo con fuentes de trabajo. Tenemos un camino amigos lectores para salir de todo esto y es subiéndonos al autobús del PROGRESO.

sábado, 16 de junio de 2012

EN EL DÍA DEL PADRE DESPIERTEN PAPÁS DESPIERTEN...


EN EL DÍA DEL PADRE DESPIERTEN PAPÁS DESPIERTEN... 
Zenair Brito Caballero (britozenairgmail.com

Hoy en el Día del Padre, quiero referirme en este artículo a lo que debe ser un verdadero papá. Parece que muchos padres están fallando en el proceso de separación, individualidad y ayuda a los hijos a crear su propia independencia. A eso se le podría llamar lo que en Psicología se llama complejo de papá gallina.

Es curioso, lo que pasa es que confundimos lo que es el amor y nos dedicamos a hacer felices a nuestros hijos, a cumplirles sus caprichos, a resolverles la vida y no pensamos en prepararlos para una vida dura, así que nuestros hijos nunca aprenderán a ganarse la vida y a ser autosuficientes. A eso se le llama hacerlos dependientes e inútiles.

Cada día los hijos fingen su ayuda en las labores del hogar alegando que su única responsabilidad es el estudio, pero lo demás depende totalmente de sus padres. A eso se le llama ser mantenido. En aras de una felicidad mal entendida queremos llenarlos de cosas materiales, se les compra la mejor ropa o los tenis mas caros, estudian en las escuelas, liceos y universidades mas caras, dinero para las fiestas, dinero para sus gastos, un carro si es posible, sin mencionar otros “compromisos económicos que ellos hacen”; los cuales no se ganan y lo más grave que ellos piensan que es tu obligación.

A eso se le llama alcahuetería. Te sacrificas en todos los sentidos para que tus hijos tengan lo mejor y nunca les quedas bien y lo que recibes por parte de ellos es: exigencias y egoísmo. Les hemos dado tanto, que se creen Merecedores de todo… No te piden… TE EXIGEN.

Les hemos dado tanta atención que se sienten el centro del universo, y cargados de egoísmo creen que el mundo debe girar a su alrededor y que lo único valioso, importante y primordial, son ellos. No les hacemos conciencia de su papel como individuos responsables.

Si yo como padre cumplo con el compromiso de cubrir sus necesidades personales, de salud y escolares…. Ellos tienen que cumplir con el compromiso de sacar buenas calificaciones y colaborar en el hogar. ¿Qué está pasando con las nuevas generaciones? Si miramos un poco hacia atrás y revisamos los años lejanos o cercanos a nuestra juventud, todo era muy diferente. No teníamos teléfono celular… y no pasaba nada. No teníamos computadora… y escribíamos a mano e en máquina de escribir.

Nos conformábamos con la ropa que nos compraban y no por eso no nos sentíamos diferente ni descalificados por no usar la marca X ó Z. Si nos llamaban la atención, nos negaban un permiso o nos daban con la correa, de ninguna manera le faltábamos el respeto a nuestro papá, ni mucho menos lo amenazábamos.

Si nos íbamos a una fiesta o reunión, nos comprometíamos a regresar a una hora determinada, que teníamos que cumplir te gustara o no, de lo contrario nos castigaban y no había permiso para la siguiente…Y eso no era motivo para emitir gritos, zapatazos y azototes de puerta, chantajes o tener durante una semana sonrisas fingidas o caras molestas…

En ese tiempo existía un valor muy importante que nos enseñaron desde pequeños y se llamaba: RESPETO. Ahora no se conoce, no existe, no sabemos en que lugar estará o detrás de que mueble lo escondimos para que nuestros hijos no lo encuentren y mucho menos lo practiquen

Habían valores que eran preponderantes: uno era el orden, el otro la disciplina y otro la obediencia. Hoy en día, algunos padres no ayudan a la tarea, si no que la hacen completa, y habiendo tanto libro e información a la mano, además te la buscan, lo único que les falta es ir a presentar el examen en el salón de clase.

Y todo este circo para que el hijo no monte en cólera y no sufra una deshidratación a causa de sus lágrimas y lo más triste ….. “para mantener la paz social en el hogar”, donde la solvencia y la autoridad de los padres hace mucho tiempo no existen.

Y qué decimos del hogar, donde para evitar conflictos y discusiones, como ya no funciona aquel estribillo de: a la una, a las 2, a las dos y cuarto como si fuéramos reloj. O el clásico “voy a contar hasta cinco y llevo tres…” Nos convertimos en el cómplice de nuestros hijos.

Eso sí, con la boca callada para no caerles gordos con tanta habladera y no les permitimos a nuestros hijos que se desgasten ni siquiera recogiendo sus propias pertenencias. Total para qué (pensamos), ellos por qué, si no tienen culpa alguna de mis problemas, ellos no pidieron nacer.

A nosotros no nos sobreprotegían, ni nos solucionaban los problemas, teníamos libertad hasta para cometer errores, lo cual nos llevó a desarrollar un sentido de responsabilidad y de identidad…Eso se llama CRECER. Dentro de este proceso de crecimiento no estaban exentos unos correazos, un manotazo o una que otra nalgada bien puesta, y todo esto a nadie le ocasionó ningún trauma, por tratar que obedeciéramos,

En aquellos tiempos la voz de nuestro padre se escuchaba con respeto, las órdenes de papá se acataban sin protestar y los consejos de ellos no eran catalogados como cantaletas, problemas o rollos. Ni le decías a tu papá “ya cállate” o el famoso “si, hombre, si”.

En aquellos tiempos los padres ponían los límites, las reglas y las condiciones y no tenían miedo de que el hijo o la hija les dijeran: es que aquí no me comprenden, no me dejan ser, tú no te metas o el típico “me voy de la casa” ¿Pues adonde íbamos a ir que nos trataran mejor que en nuestra casa? En aquellos tiempos los padres no tenían miedo de llamarte la atención y “que te enojaras”. Total que tenías dos costos enojarte y volverte a contentar; si no querías comer, te quedabas con hambre, porque no te daban dinero para comprar porquerías en una panadería.

Además para qué, si la mamá se levantaba temprano a prepararte el desayuno. En aquellos tiempos tus padres no justificaban tus malas calificaciones, ni tu mal comportamiento en la escuela, ni la falta de respeto a los maestros, ni tu falta de colaboración y apoyo en tu casa. En aquellos tiempos el padre decía no y no, quería decir no.

La figura paterna era muy diferente a la actual, el amor, el respeto y la consideración…no daban cabida a los actuales calificativos: Mi papá está loco, ya está chocho, es un egoísta, está neurótico, es un frustrado, y quien sabe cuántos calificativos más. Mismos que me causan una gran pena, no sé si por quien los emite o por quien los recibe

Enseñémosle a respetar a sus semejantes para que cuando tengan su pareja la sepan cultivar y procurar, (la igualdad entre hombres y mujeres no es faltarse al respeto, ni tener jerarquías ventajosas), a formar su escala de valores que los harán seres humanos de bien, útiles a su familia y a la sociedad.

Hagámosles conciencia que los valores no han pasado de moda ni son piezas de museo, a quererse a sí mismos para que cuando tengan sus hijos, los amen y eduquen. Para que tengan credibilidad en la relación de pareja.

Piensa… ¿Qué vas a querer a cambio de un abrazo? Vamos a ponernos las pilas, hagamos de nuestra escala de valores un estandarte, para que nuestros hijos  aprendan lo que es el respeto, el compromiso, la honestidad, la humildad, la cortesía, la prudencia, la generosidad, el agradecimiento; y la nobleza de corazón… Que los harán unos seres humanos de excelencia…

Después de todo, no es tan difícil, prueba y veras…así que te pido “Hoy en tu día, despierta papá despierta” 

viernes, 15 de junio de 2012

¡NOBLEZA Y GRANDEZA DE ESPÍRITU!


¡NOBLEZA Y GRANDEZA DE ESPÍRITU!
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
Definitivamente el ser humano tiende más a ser indiferente ante las buenas acciones de sus congéneres que a reconocerlas y valorarlas. El estímulo y el agradecimiento unido a la seriedad en el cumplimiento de la palabra y la dignidad en el compromiso adquirido, determinan el grado de nobleza, justicia, honestidad y ecuanimidad de las personas y las amistades, la grandeza y generosidad de espíritu, la seriedad y la hidalguía humanas.
Hoy en día la gratitud y el agradecimiento son virtudes casi salidas del mundo de las utopías, para una sociedad donde no se valoran las personas por sus capacidades y calidades morales, intelectuales y ciudadanas, sino por lo que estas puedan dar o representar en un momento determinado para los intereses de quienes detentan efímeramente el poder social, económico y político.
Los sentimientos de agradecimiento surgen cuando nos sentimos en deuda con otras personas, bien sean naturales, como nuestros padres, nuestros maestros, nuestros amigos, hermanos, parientes, compañeros de labores y luchas o jurídicas, como nuestro colegio, nuestra universidad, las empresas o entidades donde se labora, los grupos a los que pertenecemos, en fin, frente a todas esas personas que de una u otra forma nos han hecho bien, nos han prestado servicios, nos han acompañado en nuestras aspiraciones, se han sacrificado por nosotros o nuestras familias o nos han entregado su amistad con desinteresada lealtad.
Reconocer el bien recibido y corresponder con sinceridad, alegría y afecto a quienes nos lo proporcionan, es propio solo de seres de firmes convicciones, incuestionable dignidad y altos valores espirituales. A todos los niveles, lo bueno que poseemos se lo debemos por regla general a otras personas que nos han dado formación, educación, afecto, oportunidades, consejos, apoyos, amor, amistad, afecto, cariño, aceptación y comprensión.
Ser gratos implica aceptar que los demás son necesarios e importantes, valorar sus calidades humanas, reconocer sus obras y su trabajo, estimular con hechos y acciones de reciprocidad el bien recibido, retribuir a los otros el favor que nos han proporcionado, compensar sinceramente a nuestros benefactores.
La mediocridad espiritual e intelectual, la soberbia y el egoísmo, la envidia y el resentimiento, el orgullo y la vanidad, la deslealtad y la traición, conllevan el desconocimiento de los méritos ajenos, del bien que nos hacen los demás y de los favores que hemos recibido, cerrando las puertas a la gratitud y a las expresiones reales de agradecimiento, propias de la nobleza de espíritu y la grandeza de corazón, que tanta falta hacen a nuestra sociedad.
La historia está marcada de ingratitudes humanas, equilibrada con la generosidad de la mano Divina y la ley de la compensación, a las que nada escapa en el devenir de nuestro accionar como hombres. Bien afirmaba Cicerón: “No hay deber más necesario que el de dar las gracias”. 

jueves, 14 de junio de 2012

“CUANDO LA JUSTICIA SE VUELVE CIEGA”


“CUANDO LA JUSTICIA SE VUELVE CIEGA”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
Cuando era una niña me llamaba la atención la figura femenina que representa a la Justicia con los ojos vendados. ¿Tal vez estaba herida?  Entonces se me explicó que  la Justicia es ciega. ¿Cómo? pregunté asombrada a mi padre. Aquello me parecía aún peor. Me contestaron  con ese tipo de risa con que los mayores explican a los niños cosas elementales, que la Justicia no  hace distinciones entre  quienes ha de juzgar, y así puede ser justa. Bien mirado, era lo propio. Esa explicación me  convenció y  tranquilizó por un tiempo.

Menos aún, costó a los mayores hacerme entender –porque de niños poseemos un sentido innato de lo que es justo- que la balanza que exhibe  significa a cada uno lo mismo que al otro. Y por último quedaba la espada, pero eso los niños saben de sobra para qué sirve. (Es más, con el tiempo, iría  viendo que eso era lo que más a menudo  se esgrimía  en nombre de la Justicia).
Después de adulta, tuve  que ver con mis propios ojos en los periódicos y en los noticieros de televisión, cómo jefes de Estado convertidos en genocidas no eran nunca juzgados, sino aclamados,  o eludían las leyes con astucia arropados por ejércitos de abogados y jueces corruptos, mientras se condenaba con   suma facilidad  a desproporcionadas condenas -incluida  la  muerte- a gentes de baja procedencia social que de haber tenido los recursos necesarios hubieran dispuesto de aquellos  mismos ejércitos de abogados y hasta hubieran sido aclamados por los mismos que exigían su condena. 
Veía a lo largo de mi vida cómo cínicos tributos engañaban con absoluta desfachatez llevando a la bancarrota a sus empresas o a sus ciudadanos, mientras los testigos de esos delitos eran asesinados o asesinadas-desaparecidos por el simple hecho de decir la verdad desenmascarándoles ante la opinión pública sin que la Justicia moviese un dedo a su favor.
Veía  cómo naciones poderosas invadían a países pobres y los esclavizaban sin que la balanza de la Justicia interviniese. Pero era fácil  que los ciudadanos tuviésemos que amortizar de nuestros impuestos las deudas de un banco privado en quiebra, o que ricos estafadores se libraran del sufrimiento de la cárcel  después de dejar unos cuantos millones en uno de los platillos de la Justicia.
Ahora, cuando me encuentro ante la estatua solemne comprendo que la venda significa precisamente que la venerable Dama de la justicia no quiere ver la cara de los justos ante los desmanes que se cometen en su nombre contra los derechos humanos y hasta contra las leyes divinas, como sucede con las  guerras llamadas "justas", o aún peor  consideradas "santas".
La justicia de los hombres, con su lentitud, sus errores, sus favoritismos, su inmoralidad en tantas ocasiones,  se basa en el Derecho. Pero el Derecho representa una sola clase de ley: la ley del Ego.
Sus  artículos vulnerables, frágiles, de quita y pon, permiten  variadas interpretaciones. Eso permite que existan jueces que juzguen con manga ancha o estrecha según qué juez y qué asuntos y a quiénes, y que existan esos ejércitos de abogados que viven justamente de los entresijos y trampas  que les permiten las ambigüedades de las leyes.
Así he llegado a descubrir con absoluta nitidez que la distancia entre Derecho y Justicia  es la misma que existe  entre Barbarie y Civilización, y que todavía estamos muy lejos de esta última !Qué tristeza!


miércoles, 13 de junio de 2012

LLEGÒ LA HORA DE PENSAR EN EL FUTURO DE VENEZUELA


LLEGÒ LA HORA DE PENSAR EN EL FUTURO DE VENEZUELA
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)

Es frecuente leer temas con importante contenido humanitario, escuchar reflexiones que invitan a la responsabilidad social e incluso sentir inquietud ante distintos eventos que, de una u otra forma, tocan las fibras del alma por el dolor que irradian la indignación que generan o sencillamente el llamado que golpea a la puerta diciéndole a cada persona que debe ser protagonista y no simple observador.

Es frecuente percibir interiormente algo que insiste acerca de la importancia que, como un asunto de conciencia individual, significa despertar del letargo, crónico y absurdo, cuando la realidad de los acontecimientos se presenta, cada vez más dramática.

Los cambios que impliquen mejorar o detener procesos lesivos no se producen por sí mismos: hay que hacerlos de manera proactiva y decidida. Quedarse en el rol de simple espectador, a ver qué hacen los demás y luego protestar, es una actitud que raya en lo pueril. Tal vez por eso muchos son chantajeados, extorsionados, asaltados por los politiqueros rojos rojitos que se aseguran votos bajo el terror que produce perder el puesto.

La generación anterior no cambió esas mañas y por eso sigue ocurriendo y tal vez los hijos, los niños de hoy, tendrán que someterse mañana al mismo vejamen pues esta generación, la suya y la mía, sigue jugando a la inmediatez.

Una comunidad necesita planeación, visión de futuro, inversión responsable en infraestructura —no como negocio que lucre a los gestores— salud, educación, vivienda y trabajo, pero sin condiciones clientelistas porque la necesidad de la gente no puede seguir siendo el abono para el entronizamiento y enriquecimiento de unos pocos. 

Cuando el motivo es el egoísmo el resultado es la degradación. El que tiene vocación por lo público se debe a su pueblo y no al revés. El que desea hacer dinero, lo puede hacer desde lo privado, como tantos buenos empresarios; el que se compromete con servir desde lo público debe saber que su sueldo no da para volverse millonario y mucho menos en corto tiempo, asunto que pocos explican y demuestran limpiamente. Y esos ahí se quedarán hasta que el pueblo reaccione Dios mediante el próximo 7 de octubre, porque la reelección por méritos, admiración y confianza sólo la merecen muy pocos.

Por eso, por no reaccionar, las tragedias son más graves, la impunidad es pasmosa, la pobreza aumenta y la desesperanza paraliza al no existir buenos y comprometidos gobiernos. Fácil apoltronarse y protegerse en el regazo de una maquinaria, amenazante, que incluye de todo y está al acecho para impedir cambios que dañen sus intereses.

Pero eso es lo que hay que combatir y cambiar: apoyar lo realmente sano, rodear al buen líder y desmontar aquello, que la mayoría identifica como injusto, deshonesto, avasallador y cínico con su propia gente. Ofrecer y prometer para después burlarse, rasgándose las vestiduras, es parte de una comedia que es hora de acabar. 2012 debería ser un año para pensar y elegir; tiempo de ser reales protagonistas, con amor por Venezuela, valor civil y mucha responsabilidad. Hay un camino EL DEL PROGRESO

martes, 12 de junio de 2012

¡¡CUANDO LAS PALABRAS OFENDEN!!



¡¡CUANDO LAS PALABRAS OFENDEN!!
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)

Las palabras pueden herir más que los puñales. Y como la forma de expresarse que tienen los miembros de este gobierno socialista-comunista casi siempre resulta demoledora, pienso, que deberían ser más prudentes a la hora de abrir la boca. ¿A qué viene el consejo? A que muchas veces, movidos por las peores emociones  y por la ambición de poder los políticos rojos-rojitos pronuncian palabras que no convienen al oyente y, sin medir el alcance de ellas, terminan ofendiendo al propio pueblo. Y es precisamente esto, lo que le sucede al sr comandante y a sus seguidores al dirigirse a los venezolanos que le adversan.

¡Cuidado con lo que se dice, sobre todo si se alberga algún tipo de rencor en el alma y más aun cuando se tiene una enfermedad tan terrible en su cuerpo! El comandante habla demasiado en sus peroratas de cadenas, sin pensar el malestar que causa. ¿Cuántas personas se habrán alejado de su lado por una palabra mal dicha, por una ofensa o cambian de canal para no escuchar sus insultos? Sus asesores aparentemente tan comedidos, deberían velar porque las opiniones del presidente sean edificantes, antes que destructivas. Lo que ese señor dice, no debe ser un instrumento para hablar contra las personas disidentes, para propiciar polémicas sin sentido; ni tampoco para engañar o dejarnos enredar y ser engañados.

Las groserías y las descalificaciones a los contrarios, por citar un ejemplo, atropellan más de la cuenta. Con ellas no sólo se demuestra una mala educación, sino que además se irrespeta a los demás. De manera adicional, se hiere y le baja la autoestima a quien las escucha. Al pronunciar palabras soeces, ordinarias y groseras se maltrata verbalmente. Eso, sin lugar a dudas, es una de las más frecuentes formas de violencia en nuestra vida diaria y lo triste es, que el comandante da el ejemplo mientras sus seguidores aplauden como focas.

El comandante debería abandonar los juicios negativos y dejar atrás la ira, el odio y el resentimiento que le embarga Antes que pronunciar palabra alguna; debería  aceptar lo que recibe, sin importar lo grande o lo pequeño que sea. En el momento menos indicado, una sola palabra le destruye una ilusión o le mata los sueños a quienes le rodean, sean familiares o aduladores.

Ahora bien, pronunciar palabras fuera de tono, agresivas, descalificadoras y escatológicas, no tiene nada que ver con el nivel intelectual de cada quien. No es necesario ser político, presidente de la república, diputado, orador, ni poeta, ni mucho menos artista. Hay políticos que hablan por hablar y otros que hablan muy bien; pero muy pocos son los que lo hacen con el verdadero sentimiento que traen sus palabras.

Pienso que se debe llevar una vida consecuente con lo que se dice. En la absoluta sinceridad al hablar y en el testimonio que se de la vida diaria, están las cosas que nos transmiten la verdadera energía de la palabra pronunciada y mucho más cuando un presidente se dirige a su pueblo. Debería evitarles a los demás aquella frase que les amarguen de manera inútil sus vidas. ¿No nos gusta que hablen mal de nosotros? Si eso es así, no tenemos derecho a criticar a nadie y más quien se dice socialista, humanista y seguidor de la palabra de Cristo.

No es necesario creo yo, acreditar nuestra forma de ser ‘desacreditando’ las de los demás. No le gusta al comandante y a sus seguidores que les critiquen el mal gobierno, la demagogia, la manipulación de las emociones de los pobres y la mentira con que envuelven a sus seguidores, pero se la pasan criticando a la oposición en los programas de los medios gubernamentales. Pues bien, andar por ahí ‘rajando del vecino’ genera mucho dolor y lastimosamente los politiqueros del socialismo-comunismo no atropellan con carros, pero sí lo hacen con sus palabras descalificadoras y ofensivas. Tenemos un camino para cambiar esto EL DEL PROGRESO.

“LA JUSTICIA DEBE SER EXPEDITA Y LIMPIA”


“LA JUSTICIA DEBE SER EXPEDITA Y LIMPIA”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
El juego de la balanza entre izquierda y derecha, permite a los países; por un lado mantener la estructura de instituciones que protegen la estabilidad y por otro poner en cuestión y enfrentar la inmovilidad que dichas instituciones pueden presentar. Ambas alas del pensamiento juegan un contrapeso que permite el equilibrio y ambas son legítimas e igualmente importantes, reflexionaba conmigo en una conversación reciente el Dr. Antonio Laghouati amigo y compañero de los seminarios de ampliación postdoctoral que hicimos hace ya varios años en (CIPOST) en la UCV.
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Pienso al oír estas palabras de mi amigo en las contiendas electorales. La legitimidad de cada grupo político reside en un ánimo pacífico, ¡sí apasionado, vehemente, impulsivo,! pero nunca provocador, sedicioso, irrespetuoso, irreverente o iracundo, todo lo contrario a lo que observamos en los personeros gubernamentales rojos-rojitos.

Las personas que nos identificamos con un pensamiento democrático; en defensa de los derechos humanos, de igualdad, de fraternidad, de solidaridad, debemos entender la importancia que tiene nuestra convicción y nuestros actos frente a quienes prefieren resguardarse en la certidumbre y la comodidad de una mirada vigilante y el uso del miedo para controlar, manipular y mantenerse en el poder.

La «Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano» (DDHC)  sabemos que surgió de las ideas de la ilustración, de un grupo de demócratas que pensó un mundo más igualitario, para acabar con los privilegios de los nobles, llevando a la sociedad a un país democrático (con sus deficiencias ya que en 1979 había aún muchas taras discriminatorias y el derecho avanza lentamente).

Hemos visto en ésta misma historia, que la sangre sólo lleva a más sangre y que, por otro lado, los ideales de dignidad y cambio han ganado en casi todos los terrenos, y eso hace aún más interesante ver como ahora, la izquierda se adjudica, se confiere, se asigna estos principios humanistas, y la iglesia intenta apropiárselos a su manera. Si la inserción de una mirada agitadora, como fue la de dicha DDHC ha sabido permear al interior del pensamiento moderado, podemos reconocer que el trabajo de los distintos pensadores históricos ha sido enorme. Gracias a los ideales democráticos  evolucionamos.

Quiero pensar, que lo mismo pasará con los principios jurídicos que han sido planteados desde las Naciones Unidas en materia de igualdad, y que se han expuesto como condición sin equanon para la sobrevivencia de un mundo justo.

Tengo la esperanza que instrumentos jurídicos como la «Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer>> terminarán por ser entendidos por los cautelosos e incluso por aquellos y aquellas que diciéndose demócratas, siguen negando la desigualdad de las mujeres frente a los hombres en nuestro país.

Estas ignoran la obligación que tiene el Estado de equilibrar la balanza, a través de políticas con perspectiva de género y de acciones afirmativas. Luchar por un bienestar general, significa establecer medidas que pongan a todos los individuos al mismo nivel frente a la ley, tanto en derechos como en obligaciones.

Esa misma esperanza tengo, en el urgente reconocimiento y la toma de decisiones para curar el hostigamiento sexual; enfermedad de ésta cultura falogocéntrica, que cobra a las mujeres «su derecho a trabajar decentemente», permitiendo en muchos casos (miles de casos de hostigamiento sexual, incluso al interior de aquellas instituciones cuya vocación es la de defender los Derechos Humanos de las Mujeres.

Aterra imaginar que la misma CNDH termine por reproducir prácticas discriminatorias con sus empleadas. Y se me viene de golpe la frase de Edmund Burke que dice: «Todo lo que es necesario para el triunfo del mal, es que los hombres de bien no hagan nada». Es aquí donde entra nuestra responsabilidad, la necesidad de nuestra acción y nuestra vocación de rectitud, para ejercer el equilibrio: ¡Hay que hacer, particularmente en casos como éste, que la justicia sea expedita! Y no inmoral y sucia a conveniencia. ¿Y usted que piensa?