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domingo, 30 de septiembre de 2012

ASI IMAGINAMOS LA VENEZUELA DEL PROGRESO


ASI  IMAGINAMOS LA VENEZUELA DEL PROGRESO
Zenair Brito Caballero 

La Venezuela que  ambicionamos,  sin  lugar a dudas   debe  estar enmarcada en un mundo  lleno de  satisfacciones,  y de sueños por  realizar, donde  las  injusticias  en  todo  el  sentido  de la palabra,  no  tengan  cabida,  ni  espacio.

La Venezuela que imaginamos,  ha  de  estar  plena de libertades   y  respeto, donde  el  hombre  transite   confiado,  seguro,  e  inspirado   por  las  reales condiciones  y  oportunidades   que  les  ofrece  el  medio  en  que  se  desenvuelve,   garantizándole,   que la  inversión de  sus  esfuerzos  y  sacrificios  serán  compensados  con la  consecución  de  sus  proyectos y propósitos  de  vida.

La Venezuela que aspiramos,  de  momento  luce  distante  e inalcanzable,  pero  en  ningún  modo,  por difícil  que nos  parezca,   es  una misión imposible, puesto  que  contamos  con  los  recursos   humanos  y  naturales   para   ir  derribando  obstáculos   y  barreras,   tan  solo  necesitamos  despojarnos  del  yoismo   y  del   individualismo  de clase,  para  dar paso,  a  un   objetivo  común que  tenga   como   norte   el  bienestar y el progreso  de  todos.

La Venezuela que  queremos,  necesariamente,  debe  contar   con la buena  y decidida  voluntad,   primero,  de  quienes  nos  dirigen,  y  tienen  control  de  la  cosa  pública,  puesto  que   de  su  buen  ejercicio   y  manejo,  dependerá  el  avance  o  retroceso  por  el  que se  enrumbe  la nación.

Pero  de  igual  modo,  requerirá  de  una  oposición  política  juiciosa, pensante, constructiva,   sabia,   con  propuestas  de  soluciones  y  bienestar,   y  que  no entienda   como  su  único  y  expreso  papel,  la negación  de  toda  buena  iniciada  bajo  la  premisa   del  beneficio  o no  que  pudiera   generar  a   favor   de  los   gobernantes  de  turno.

La Venezuela que  pretendemos,  precisa  de  una  clase  empresarial  e  industrial,  con  mayor  vocación de  servicio  y  de  una  participación  mas activa  y  sincera  en la  solución  de los  problemas nacionales  y   que  no  solo  sustente  todo  su  accionar,  en  ensanchar  cada  día  más  sus niveles  de  riquezas  y  ganancias,   sin  que una   mínima  parte  de  estos   beneficios  se reflejen    en  uno  que  otro  planes  de  carácter  social  o  educativo,  para aquellos cuya existencia  rinde  honor  a  la   pobreza   y   el desamparo .

La Venezuela  que   aspiramos,   requiere  que  la    iglesia  católica   y      las  llamadas   protestantes  sean  instituciones  verdaderamente   fuertes   y robustas   para   que  afincadas   en  los  principios   cristianos,   centren    todas   sus  energías   e  influencias    procurando     elevar  la  confraternidad   y  el  amor   que   debe  primar   entre   los   seres   humanos,     con   mensajes   que  reflejen  la  divinidad  de  JESUSCRISTO,   a  fin  de llenar   ese  gran  vacío  que  se   evidencia  en  los  altos  niveles de   violencia  que nos arropan   y  todo  el  desenfreno  que   muestra  el  hombre  de  hoy,  convirtiendo   su  vida  en  un  laberinto  sin  salidas, donde   los  vicios   y   la  corrupción    son  sus  principales aliados.

La Venezuela que  ambicionamos,   urge   de  ciudadanos   profesionales  y  no  profesionales,  de  hombres  y  mujeres  de  todas  las clases  sociales, ricos  y  pobres,  del  pueblo  y  del  campo ,  negros  y  blancos,  gobernantes  y gobernados   que  sientan  que  son partes   integras   e   importantes   de  un  todo,  de  la   Nación,  de  la  Patria,   a  los  que  se   nos  eriza  la  piel  al escuchar  nuestro   Himno   y   ver  ondear   la  Bandera  Tricolor. Hay un camino para lograr ese sueño, el próximo domingo todos los venezolanos votaremos por EL PROGRESO y el 8 amanecerá la luz de un nuevo país con un nuevo Presidente HENRIQUE CAPRILES RADONSKI.

martes, 7 de agosto de 2012

ZENAIR BRITO CABALLERO, ¿PROGRESO O RETROCESO PARA VENEZUELA?

¿PROGRESO O RETROCESO PARA VENEZUELA?
ZENAIR BRITO CABALLERO 
¿Por qué progresan los pueblos? Seguramente avanzan más rápido aquellos que previamente han invertido en educación, instruyendo a sus habitantes para que juntos o separados pero organizadamente participen de un plan elaborado desde un buen gobierno democrático
En plena discusión sobre la pobre calidad de la educación venezolana, es bueno plantearse si este gobierno que se dice socialista-comunista y por lo tanto humanista (y humanizado) tiene claro que los seres humanos que habitan el país serán quienes decidan con sus actos la felicidad o la infelicidad futuras. Nadie puede discutir la enorme diferencia en el trato material hacia los sectores más desposeídos.
Los planes en marcha con las llamadas misiones han permitido que gigantescas masas de habitantes marginados tengan al menos los elementos mínimos de supervivencia. Estas masas han estado y siguen estando ocultas a los ojos de la mayoría. Pero de tanto en tanto algunas puntas se salen del área asignada como territorio e invaden otras áreas a través del delito. Comen y se visten un poco pero no por ello mejoraron su intelecto.
De todos modos hay que convenir en que un trato “socialista-comunista” de los sectores necesitados aún no ha permitido salir de cuadros vergonzantes que caracterizaron las décadas pasadas. Si el plan de ayuda a través de las misiones es o no suficiente importa tan poco como que algunos hayan malentendido la ayuda. Será en todo caso motivo de acumulación de experiencias para la discusión casi eterna de ¿qué hacer con los pobres? Lo que en cambio aterra de verdad es la marcha atrás constante que la educación sigue teniendo en el país combinando bajo rendimiento en escuelas y liceos con fuertes cambios culturales.
Esta explosiva mezcla hace que los jóvenes de hoy imiten todo lo malo con una facilidad de asombro. Se inclinan por conductas predilectas de los delincuentes, hablan con el estilo de ellos, se pintan el cabello y caravanean en motos y carros con resonadores, como seres que desconocen por completo la ética y la armonía y hacen de la violencia su programa preferido de televisión. Además, el delito aumenta, y la edad para delinquir o prostituirse disminuye. ¡Vaya problema el que tenemos en Venezuela!
Porque si era lógico esperar de un gobierno revolucionario socialista-comunista del siglo XXI que dice ser “humanista” la puesta en marcha de un feroz, agresivo y revolucionario programa de educación, nos hemos topado con la sorpresa de que la costumbre de “dejar pasar la historia” no era patrimonio de aquellos gobiernos que se llevaron la acusación de liberales, capitalistas y desalmados. El dedo acusador ya no sabe a dónde apuntar y lo peor sería concluir que todos los gobiernos son igualmente ineficientes a la hora de las grandes transformaciones, incluso éste que prometía “hacer temblar las raíces de la República”.!POR FAVOR!
Es increíble concluir que con casi 14 años después de puesta en marcha una oportunidad inmejorable para cambiar a Venezuela, no solamente no se haya encarado un programa de transformaciones sino que esté instalada una clara pelea entre la educación oficial que demanda presupuestos y el gobierno comunista que se hace de rogar, al mismo tiempo que celebra el crecimiento de la recaudación impositiva a niveles nunca antes alcanzado. Son tan pocos los años que separan al niño(a) del adulto que al país se le va todos los días la posibilidad de formar mujeres y hombres transformadores y creativos. Puede haber un cambio amigo lector y es unirnos todos al camino del PROGRESO.

martes, 12 de junio de 2012

¡¡CUANDO LAS PALABRAS OFENDEN!!



¡¡CUANDO LAS PALABRAS OFENDEN!!
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)

Las palabras pueden herir más que los puñales. Y como la forma de expresarse que tienen los miembros de este gobierno socialista-comunista casi siempre resulta demoledora, pienso, que deberían ser más prudentes a la hora de abrir la boca. ¿A qué viene el consejo? A que muchas veces, movidos por las peores emociones  y por la ambición de poder los políticos rojos-rojitos pronuncian palabras que no convienen al oyente y, sin medir el alcance de ellas, terminan ofendiendo al propio pueblo. Y es precisamente esto, lo que le sucede al sr comandante y a sus seguidores al dirigirse a los venezolanos que le adversan.

¡Cuidado con lo que se dice, sobre todo si se alberga algún tipo de rencor en el alma y más aun cuando se tiene una enfermedad tan terrible en su cuerpo! El comandante habla demasiado en sus peroratas de cadenas, sin pensar el malestar que causa. ¿Cuántas personas se habrán alejado de su lado por una palabra mal dicha, por una ofensa o cambian de canal para no escuchar sus insultos? Sus asesores aparentemente tan comedidos, deberían velar porque las opiniones del presidente sean edificantes, antes que destructivas. Lo que ese señor dice, no debe ser un instrumento para hablar contra las personas disidentes, para propiciar polémicas sin sentido; ni tampoco para engañar o dejarnos enredar y ser engañados.

Las groserías y las descalificaciones a los contrarios, por citar un ejemplo, atropellan más de la cuenta. Con ellas no sólo se demuestra una mala educación, sino que además se irrespeta a los demás. De manera adicional, se hiere y le baja la autoestima a quien las escucha. Al pronunciar palabras soeces, ordinarias y groseras se maltrata verbalmente. Eso, sin lugar a dudas, es una de las más frecuentes formas de violencia en nuestra vida diaria y lo triste es, que el comandante da el ejemplo mientras sus seguidores aplauden como focas.

El comandante debería abandonar los juicios negativos y dejar atrás la ira, el odio y el resentimiento que le embarga Antes que pronunciar palabra alguna; debería  aceptar lo que recibe, sin importar lo grande o lo pequeño que sea. En el momento menos indicado, una sola palabra le destruye una ilusión o le mata los sueños a quienes le rodean, sean familiares o aduladores.

Ahora bien, pronunciar palabras fuera de tono, agresivas, descalificadoras y escatológicas, no tiene nada que ver con el nivel intelectual de cada quien. No es necesario ser político, presidente de la república, diputado, orador, ni poeta, ni mucho menos artista. Hay políticos que hablan por hablar y otros que hablan muy bien; pero muy pocos son los que lo hacen con el verdadero sentimiento que traen sus palabras.

Pienso que se debe llevar una vida consecuente con lo que se dice. En la absoluta sinceridad al hablar y en el testimonio que se de la vida diaria, están las cosas que nos transmiten la verdadera energía de la palabra pronunciada y mucho más cuando un presidente se dirige a su pueblo. Debería evitarles a los demás aquella frase que les amarguen de manera inútil sus vidas. ¿No nos gusta que hablen mal de nosotros? Si eso es así, no tenemos derecho a criticar a nadie y más quien se dice socialista, humanista y seguidor de la palabra de Cristo.

No es necesario creo yo, acreditar nuestra forma de ser ‘desacreditando’ las de los demás. No le gusta al comandante y a sus seguidores que les critiquen el mal gobierno, la demagogia, la manipulación de las emociones de los pobres y la mentira con que envuelven a sus seguidores, pero se la pasan criticando a la oposición en los programas de los medios gubernamentales. Pues bien, andar por ahí ‘rajando del vecino’ genera mucho dolor y lastimosamente los politiqueros del socialismo-comunismo no atropellan con carros, pero sí lo hacen con sus palabras descalificadoras y ofensivas. Tenemos un camino para cambiar esto EL DEL PROGRESO.