viernes, 3 de mayo de 2013

LA PAZ SÓLO ES POSIBLE EN UNA SOCIEDAD TOLERANTE


LA PAZ SÓLO ES POSIBLE EN UNA SOCIEDAD TOLERANTE

Zenair Brito Caballero
(britozenair@gmail.com)
Tolerar es aceptar la pluralidad en todos sus campos y expresiones. Es respetar las ideas, visiones, credos y prácticas de los demás, aunque difieran de los propios, siempre y cuando todas se ajusten a los principios, valores e instituciones sobre los cuales se sustenta la democracia.

La tolerancia como virtud cívica y como valor ético sigue extraviada en el ambiente político venezolano. Parece imposible lograr ese consenso mínimo, indispensable para que la democracia funcione civilizadamente; la convivencia pacífica, en medio de las diferencias, sigue siendo una asignatura pendiente en nuestra Venezuela, porque históricamente ha prevalecido la intolerancia como práctica política nociva. De ahí han surgido los radicalismos y la larga confrontación.

El diálogo constructivo entre contrarios no ha sido posible y parece que no bastan los cientos de miles de muertes y asesinatos de manos de la delincuencia desbordada en este socialismo del siglo XXI, para entender y aceptar que el único camino hacia la paz pasa por la tolerancia y el debate civilizado. La cultura de la paz sólo es posible en una sociedad tolerante, caracterizada por la diversidad ideológica y cultural.

Tolerar es aceptar la pluralidad en todos sus campos y expresiones. Es respetar las ideas, visiones, credos y prácticas de los demás, aunque difieran de los propios, siempre y cuando todas se ajusten a los principios, valores e instituciones sobre los cuales se sustenta la democracia.

La tolerancia, junto a la justicia, la libertad, la igualdad ante la ley, la participación ciudadana y la soberanía popular son pilares sobre los que debe sostenerse todo régimen democrático. Obviamente no hay que confundir la tolerancia con la indiferencia ni con la permisividad ante posiciones o prácticas socialmente perjudiciales

La diversidad, la heterogeneidad, las diferencias y la pluralidad, son, desde todo punto de vista, enriquecedores y vitales porque generan interacciones, cambios, transformaciones y dinamizan los procesos sociales. La homogeneidad absoluta no es posible y sería un freno al desarrollo.

La tolerancia debe ser un compromiso de todos, de los ciudadanos, de las comunidades y desde luego del Estado. Venezuela es un país pluricultural, diverso, variado. Caraqueños, andinos, llaneros, maracuchos, guayaneses, orientales, occidentales, indígenas, etc., tenemos distintas maneras de actuar y de expresarnos y dentro de esa diversidad se dan también las diferentes visiones del mundo y de las cosas y a partir de ahí surgen las ideologías contrarias como algo consustancial a la democracia. Es así en todo el mundo. Ninguna sociedad es homogénea.

En Venezuela, por desgracia, los contrarios no se reconocen como adversarios políticos sino como enemigos irreconciliables y cada uno señala al otro como único responsable del problema.

No se permite el disenso, la obstinación es eliminar al contrario. La hostilidad se exacerba permanentemente y copa todos los escenarios donde deberían reinar el diálogo y la conversación constructiva
.
El insulto, el agravio y la ofensa marcan un estilo practicado desde siempre y afianzado por el verbo incendiario y escatológico del teniente Cabello en la Asamblea Nacional y de sus seguidores socialistas comunistas. La discriminación se ha disparado también.
Todas las expresiones vulgares a la oposición comienzan con expresiones descalificadoras, igual ocurre con los gobernadores y alcaldes no chavistas; las críticas contra su desempeño han estado siempre marcadas por el odio y el resentimiento. En un país cargado de tanta juventud, hay quienes se creen que ésta no es capaz de sacar al país de tanta desvergüenza.

Tanta intolerancia atenta contra el derecho a la vida, crispa los ánimos y acentúa la confrontación; las amenazas contra líderes populares, políticos, sindicalistas, periodistas son intensas. Muchos hombres y mujeres disidentes, sufren en serio, el riesgo de ser apresados, secuestrados o asesinados por bandas criminales que, con nombres como “La piedrita, “los enanos”, “tupamaros” anuncian que “tienen la orden de apresar” a dirigentes de oposición y a miembros de organizaciones de mujeres y defensores de derechos humanos.

A todos los acusan de manejar un discurso fascista de derecha, de inventar que es falso el fraude electoral del 14 de abril, la delincuencia, desempleo, corrupción, narcotráfico, de criticar la LOT y de promover la restitución de tierras expropiadas a sus respectivos dueños. Mientras tanto, los no violentos opositores al socialismo-comunismo, unamos voces de paz y de reconciliación y soñemos con una Venezuela donde quepamos todos y donde prevalezcan la convivencia y la justicia social.

“EL MIEDO A CONTINUAR OPINANDO EN ALGUNOS DIARIOS”


“EL MIEDO A CONTINUAR OPINANDO EN ALGUNOS DIARIOS”

Zenair Brito Caballero 

(britozenair@gmail.com)
El miedo a opinar no es otra cosa que la autocensura que tiene uno que aplicarse como articulista de opinión para evitarse dolores de cabeza y para evitarse enemigos gratuitos que nos degraden, se nos insulte y nos descalifiquen a través de nuestros correos electrónicos. Y para no correr grandes riesgos, claro. Resulta especialmente frecuente tal imposición hacerlo en los medios de las pequeñas ciudades (por aquello de que pueblo chiquito, infierno grande). Y no es sólo por los chismes.
Se trata del hecho incontrastable que en los pequeños núcleos de población casi todos se conocen con todos y el riesgo de levantar ampollas se magnifica en grado sumo. Es así como resulta muy delicado opinar sobre las vacas sagradas del alto gobierno socialista-comunista de nuestro país. O sobre los hijos dilectos de la tierra que brillan en gobernaciones, alcaldías, además en los altos organismos oficiales.
Resulta inapropiado juzgar descarnadamente los desaciertos de las autoridades como por ejemplo el descalabro de la electricidad y de la carencia permanente del agua potable, o señalar los abusos de poder. Resulta suicida opinar sobre la realidad política, social, educativa, cultural o económica que sucumbe a Venezuela y resulta riesgoso reflexionar sobre los usos y costumbres de las ciudades y pueblos. 
A propósito, resulta casi herético opinar sobre la Iglesia (para no decir las iglesias). Resulta inadecuado censurar a la autodenominada "dirigencia roja−rojita". Cuestionar sus motivaciones o juzgar sus resultados. Resulta indecoroso plantear argumentos liberales sobre temas tabú como el aborto, la sexualidad, la eutanasia, por ejemplo.
Resulta arriesgado, muy arriesgado, aventurar juicios sobre la corrupción administrativa que nos asfixia cada día más, y sólo unos pocos personajes en los cuales me incluyo de infinito valor civil muchas veces nos atrevemos a hacerlo con nombres propios. 
Los demás callan. Está tácitamente prohibido hablar de dineros calientes, por ejemplo. Y en este punto creo que se justifica plenamente: no somos los articulistas de opinión los llamados a pagar el precio de la impunidad reinante. No está bien visto siquiera opinar con argumentos sobre la situación política nacional: la polarización es tan terrible que al que no es chavista lo declaran fascista, terrorista o contrarrevolucionario de una y para siempre…
Resulta, finalmente, muy doloroso para mí y para otros articulistas que así me lo han comentado algo punzante, tener que autocensurarnos de vez en cuando para no darle papaya a los malquerientes de aprovechar los foros de opinión para dejar correr la bilis de su despecho y sus envidias.
Y hay que aclararlo: la censura −esta censura− no viene de afuera ni nadie la ha puesto sobre la mesa: se trata de la censura a la que obligan los medios regionales a quienes enviamos nuestras columnas, artículos o post, que nos devuelvan los correos y no nos publiquen lo que escribimos, el miedo a la desgracia, a la tragedia o al desarraigo.
El miedo a opinar en algunos diarios regionales venezolanos. Porque la opinión puede incluso llegar a considerarse una amenaza contra los poderes establecidos, contra el statu quo que tan bien sirve a los poderosos de turno. En fin, que opinar da miedo a veces. Pero cada ocho días debe sobreponerse uno a ese miedo para aventurar una nueva opinión. Otra más. O la misma de siempre, qué más da. Lo importante es seguir opinando. Y ¿Usted qué opina de esto amigo lector?

¿CÓMO PUEDE APLICARSE LA CULTURA DEL AMOR A LA ACCIÓN POLÍTICA?


¿CÓMO PUEDE APLICARSE LA CULTURA DEL AMOR A LA ACCIÓN POLÍTICA?

Zenair Brito Caballero 

(britozenairgmail.com)

La política de los últimos 14 años en Venezuela ha sido “robespierreana” lo que ha determinado una maniquea división de los actores en buenos (yo y los de mi grupo socialista-comunista) y malos (los demás los contrarrevolucionarios de la oposición).
 Si los de enfrente han incumplido algún requisito en el financiamiento político nos encontramos ante un hecho penal que debe ser sancionado con cárcel; si el problema ha surgido en mi partido se trata de un requisito formal sin ninguna consecuencia.
Si en un contrato de obra de un gobierno regional adversario unas puertas no calzan o unos repellos están quebrados es un acto de peculado que amerita la cárcel para el gerente de la constructora y para los que la adjudicaron; si fracasa la reparación de una platina en un puente por parte de un gobierno de mis amigos es un simple caso de fuerza mayor que debe ser pasado por alto.
Si un adversario voltea la cabeza para contemplar la bonita figura de una funcionaria es un acto de acoso; si mi compañera es acusada de invitaciones inapropiadas a un subalterno el caso nunca amerita ser investigado.
Estas actitudes se han venido agravando y generalizando en los últimos 14 años de este mal llamado socialismo del siglo XXI. Una consecuencia es la dificultad de llegar a acuerdos, pues no se discute sobre la sustancia de las cosas sino sobre las intenciones y la conciencia moral de los actores. Este elemento subjetivo junto con las características de nuestro diseño institucional determina el aparente consenso de ingobernabilidad.
¿Cómo resolver esta situación? La única palabra que brota en mi mente es la de la necesidad de nuestra “conversión”. Necesitamos reconciliarnos, pero de verdad, con nuestros semejantes. La transformación del ser humano es un acto libre y voluntario de adoptar valores y normas de conducta, y de seguirlos.
Para bien y felicidad de todos yo quisiera que esa transformación fuese democrática como compromiso con el país que lo requiere urgentemente. Pero lo que socialmente es necesario en nuestro país es al menos convertirnos a la cultura del amor al prójimo.
Entonces podemos discutir cómo son los problemas y cuáles sus mejores soluciones. Podemos dedicarnos a resolver los problemas y no a odiar y perseguir por ello al adversario.
Pero se me podrá decir que ya hace 96 años Max Weber indicó que eran incompatibles el Sermón de la Montaña y la eficiencia política. ¿Cómo puede entonces aplicarse la cultura del amor a la acción política? La solución es sencilla. Aceptar la libertad de los demás sobre sus determinaciones y acciones que no violen derechos del prójimo, no es afirmar el relativismo contemporáneo sobre la verdad, la belleza y el bien.
Yo debo respetar a mi adversario y en eso consiste mi amor por él, pero puedo a la par defender con ardor mis ideas de lo que es bueno, verdadero y bello. Ser tolerante con las apreciaciones de los demás y humildemente aceptar la posibilidad de estar yo equivocado, no impide defender con vehemencia nuestros conceptos y valores.
Y cuando nuestro tema es el análisis de los problemas públicos y la comparación de sus soluciones; cuando no personalizamos ni prejuzgamos las intenciones ajenas; cuando dejamos a los tribunales la tarea de juzgar y esa tarea se cumple conforme al debido proceso…entonces si se puede dar la discusión inteligente que es necesaria para que la democracia sea exitosa. Con amor al prójimo es más fácil la gobernabilidad.

martes, 30 de abril de 2013

“NO ES LO MISMO INDIGNARSE QUE ESTAR INDIGNADO”


“NO ES LO MISMO INDIGNARSE QUE ESTAR INDIGNADO”

Zenair Brito Caballero

Hoy nuevamente amanecí sin ganas de escribir sobre política y voy a señalar un aspecto que psicológicamente está afectando a miles de venezolanos. Todos las personas de este planeta somos seres emocionales, es decir, que vivimos y convivimos con las emociones en todo momento; llámese ira, envidia, culpa, temor, alegría, tristeza, dolor, vergüenza, indignación, entre otras más. Te darás cuenta que en un solo día podemos ‘brincar’ en un gran abanico de emociones. Una emoción común es la cólera. Se cree, equivocadamente, que existen emociones buenas y malas, lo cual no es verdad.

Lo que hay detrás de una emoción es una intención y en todo caso, la intención es la que podría ser constructiva o destructiva, pero las emociones no son buenas ni malas, las emociones son naturales, propias de nuestra especie y parte de esta naturaleza es poder expresarlas.

Un problema muy recurrente con la emoción de la cólera es que permitimos que se apodere de nosotros, y reaccionamos desde el arrebato y no desde la conciencia.

El resultado inmediato será un desahogo y una gratificación instantánea ‘de poder’ pero a corto plazo la consecuencia será sentirnos incómodos con nosotros mismos por aquello que hicimos o dijimos al estar sumergidos en la emoción.

Indignarse no es malo. Lo que no es saludable es mantenerse enfurecido, ¿Alcanzas a ver la diferencia? Cuando te indignas lo sientes en ese momento le das salida y te liberas del disgusto, sin embargo, el mantenerte enfurecido significa que ‘encerraste’ tu disgusto en tu interior manteniendo viva la ira y cuando la mantenemos viva es ahí cuando brincamos del disgusto a estar indignados.

Estar indignado significa conservar la ira en nuestro ser. Esto no representa que estarás echando ‘rayos y centellas’ todo el día, esto significa que aún cuando haya pasado mucho tiempo y alguien o alguna situación te conecte a lo que sucedió en el pasado (que te irritó) lo detonará en tu interior volviéndote a ‘encender’.

De hecho, el disgusto se siente en el plexo solar (a la altura del ombligo) y literalmente sientes que arde, que te quema. Si pones atención, la situación a la que te conectas ya no está sucediendo (más que en tu mente) pero tu cuerpo simplemente obedece a tu furia mental.
El primer paso para liberar el disgusto (o cualquier otra emoción) es reconocerlo.

Necesitas no sólo sentir el enfado, necesitas reconocerlo. Una vez que lo reconociste, es indispensable que le demos salida con una sola condición: “No me hago daño a mi ni le hago daño a nadie”. Le puedes dar salida física a tu enojo gritando en tu auto, pateando almohadas o el colchón, pegándole a una bolsa de boxeo o rompiendo periódicos, por poner unos ejemplos.

Esto no cambiará la situación con quién tengas el problema, pero definitivamente te dará mayor espacio en tu mente para pensar con más claridad y serenidad, porque el espacio que ocupaba el disgusto estará libre. Esta necesidad de clasificar y etiquetar las emociones como buenas o malas hace que violentemos nuestro cuerpo al almacenar sentimientos de revancha interior.

Dale permiso que salga, eso te hace ser una persona responsable. Si necesitas tiempo para ‘refrescar tu mente’ ¡Pídelo! Algo que siempre te va ayudar es tu respiración, la respiración profunda, abdominal y consciente oxigena tu cerebro y te ayuda a canalizar las emociones de forma gradual pero significativa.

Cuanto más indefinida está la conciencia mayor probabilidad de vivir una vida mecánica, gobernada por impulsos inconscientes y respuestas automáticas.

Recuerda que tú siempre estás al mando, tú siempre eres quien elige qué hacer.

Es mentira que el que se encoleriza pierde… el que se mantiene enfurecido es el que de verdad pierde. Créeme que muchos de los problemas no son los problemas en si… sino la forma en cómo elegimos reaccionar a ellos. ¡Elige amor a la vida y al prójimo y empieza por ti! 

 (britozenair@gmail.com)

sábado, 27 de abril de 2013

VENEZUELA SE ZARANDEA ENTRE EL FRAUDE Y LA ILEGITIMIDAD


VENEZUELA SE ZARANDEA ENTRE EL FRAUDE Y LA ILEGITIMIDAD

Zenair Brito Caballero
La conmoción político- social que vive Venezuela a raíz de los resultados electorales del pasado domingo 14 de abril es aterrador, espantoso, horripilante y mantiene expectante la atención regional, continental y mundial.
Frente a unos resultados supuestamente tan parejos y discutibles, es indudable que la pasión por el triunfo tenga encendidos los ánimos y brote cada día más el distanciamiento entre las huestes de uno y otro bando, reclamando cada quien el éxito democrático que es sin duda alguna de la oposición.
El asunto se ha ido propagando fuera de las fronteras venezolanas a todo el mundo, por la situación que aquí se escenificó a raíz del surgimiento del chavismo en 1998 y las repercusiones del socialismo-comunismo, que su desaparecido líder trató de imponer a los venezolanos y como consecuencia de sus posturas, entre soberbias y excéntricas, que siempre fueron motivo de atención por donde quiera que se moviera.    
En estos momentos, los venezolanos observamos con gran angustia que este trascendental momento no se vaya a superar dentro del marco de la civilidad, la concordia, la serenidad y la calma requeridas y que, ojalá así no acontezca.
Este, que fue un torneo con arrolladora  participación ciudadana  no se convierta en el detonante peligroso para el desarrollo de un proceso de violencia cuyas consecuencias serían impredecibles. En estos casos la cordura enseña que en el verdadero juego de la democracia hay que saber perder e, igual, hay que saber ganar, pero ya todos sabemos lo que sucedió el 14 de abril. 
Henrique Capriles, el líder carismático, joven e inteligente luchador político, de un fortalecido y millonario caudal electoral, ha entendido que  la dialéctica de estas lides se encaminan a establecer que  quien alcance el mayor número de adeptos merece llevar colgado en sus hombros la medalla del triunfo, y si  queremos persistir en la lucha, para demostrar el triunfo electoral, hay que enrolarse para afianzarse hacia la defensa de los millones de votos obtenidos con una auditoria que de los reales resultados, porque ya es más que conocido el fraude electoral que colocó a Maduro como ganador según el CNE, pero no por los millones de votos que dieron el triunfo a Henrique Capriles Radonski.
Y Nicolás Maduro, el ungido por el CNE y sus Rectoras socialistas-comunistas, también sabe que ese medio país que no lo acompañó, somos millones de millones de coterráneos por los que hay que trabajar con igual esmero, porque después de su supuesto triunfo la tarea es en favor de todos no solo de sus seguidores chavistas o Psuvistas, pues  alimentar el sectarismo, la intolerancia y el sectarismo político como lo están haciendo tanto él como sus acólitos es mantener la polarización, y ello se está convirtiendo en un instrumento peligroso para su estabilidad en el ejercicio del poder.
El sucesor del comandante, quien se hace llamar su hijo, a cuya memoria alude con frecuencia, debe entender que  conquistar la gobernabilidad en estos cruciales momentos no le resulta fácil, por lo que su habilidad como político aprendida de su padre debe concentrarla en esos propósitos, sobre todo cuando es incuestionable que el chavismo es un Titanic que ha comenzado a hundirse con sus luces ya apagadas.
Los ojos del mundo miran hacía nuestra nación venezolana, más cuando voces internacionales y millones de sus habitantes clamamos por el reconteo voto a voto, pero ese mecanismo pareciera que aquí no existe según el CNE, dándole largas a su inicio.
De todas maneras lo anhelado es  que  en el gobierno y en la oposición, impere la sensatez y la mesura. Necesitamos ánimo, fe y esperanza para que la verdad derrote a la mentira del gobierno ilegítimo. AMÉN. 



viernes, 26 de abril de 2013

“VENEZUELA TRAGEDIA y COMEDIA AL MISMO TIEMPO”


“VENEZUELA TRAGEDIA  y COMEDIA AL MISMO TIEMPO”

Zenair Brito CABALLERO

Karl Marx, tipo perspicaz, escribió que la historia se repite, primero como tragedia y después como comedia. ¡Muy cierto! Lo que no imaginó fue que una historia podría ser tragedia y comedia al mismo tiempo. Casualmente, Marx, tan 'adoctorado' y dogmático, es protagonista del más hilarante sainete del siglo XXI, la Revolución 'bolivariana', que devino en tragedia con la imposición de un régimen marxista a un pueblo venezolano consumista, alérgico a las penurias económicas.
¡Sí! En Venezuela, la historia que comenzó como comedia, se volvió tragedia. El bolivarianismo no es nada. Bolívar fue grande: escritor exquisito, pensador liberal, líder militar de epopeya y también con rabo de paja. ¿Pero, revivir hoy a Bolívar como guía y faro en pleno siglo XXI ¡por favor!? ¡Qué desatinado! ¡Qué deschavete!
Cuando el marxismo entró en barrena (1989), Chávez, 'Alfonso Cano' y la extrema izquierda latinoamericana desplazaron de su iconografía a Marx y Lenin para sustituirlos por Bolívar. 'Bolivarianismo' es el nuevo nombre del marxismo, dijeron. Disfrazar a Marx con la ropa de Bolívar era una idea absurda.
Si ellos se hubieran encontrado en la vida, se habrían agarrado de las mechas. En 1858, Marx le escribió a Engels esta galanura: "Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón a Bolívar, el canalla más cobarde, brutal y miserable". Por su parte, Bolívar, de haber leído a Marx, habría escrito: "Su prédica tiránica, su persecución de las libertades y derechos -la propiedad privada, entre ellos- demuestran que el marxismo es el canalla más cobarde, brutal y miserable".
El difunto comandante ordenó hace algunos años la unificación de todos sus partidarios en un solo partido, el PSUV. El Partido Comunista sacó pecho y pensó que todos se integrarían en torno suyo, dada la comunión del comandante con sus principios. Pero el caudillo no quería árboles que le hicieran sombra. Primero intentó persuadirlos para que disolvieran al PC en el PSUV, con el argumento que, aunque eran los mismos, el pueblo no le jalaba al marxismo pero sí al bolivarianismo; que más tarde, cuando hubiese condiciones, se quitarían todo el camuflaje y declararían su militancia marxista.
Nada valió, y los comunistas se pararon en las cuatro. El teniente coronel, furioso, hizo una declaración destemplada (2003), aunque nada sincera: ¡el marxismo es cosa del pasado! Hace unos pocos años, cuando estaba casi solo, regresó humilde al redil, al Partido Comunista, y se declaró nuevamente marxista. ¡Claro que era marxista! La mejor demostración es la hecatombe que dejó en la destartalada sociedad venezolana.
Sólo una administración marxista es capaz de apagar a una potencia energética como Venezuela. El comandante alegaba que era la sequía. El científico Nassim Nicholas Taleb lo desmintió. Aun así caiga agua a cántaros en toda Venezuela, la principal hidroeléctrica, El Guri, funcionará mal. Hay siete turbinas paradas por falta de mantenimiento; y lo mismo ocurre en las centrales térmicas. "Vamos para un apagón de varios años", es la apocalíptica predicción del científico.
Los marxistas – Fidel, Raúl Castro, Evo, Correa, Cristina Fernández y Ortega- no creen en el mercado y atiborran las gacetas con decretos intervencionistas, que terminan despelotando las economías. Y como la macroeconomía sólo se rige por una verdad, la ley de la oferta y la demanda, cada paso que dan contra los agentes económicos hunde más a sus países.
Y, ellos, marxistas al fin y al cabo, se la montan y persiguen a los agentes, en lugar de rectificar sus principios absurdos contra el sistema de propiedad privada e iniciativa particular. Mientras tanto, liberales como Dilma, Santos o Piñera, dan garantías a la inversión, ven crecer sus economías y generan bienestar colectivo.
Pero tranquilos, inversionistas y negociantes de los  intervenidos o expropiados Hipermercados Éxito hoy llamados Bicentenarios y las amenazas a las Empresas polar y demás damnificados en Venezuela. Tarde o temprano las aguas políticas y económicas volverán a su cauce.
Allende quebró a Chile con la aplicación de su programa marxista, pero la posterior vigencia del derecho de propiedad y las leyes del mercado remediaron el caos. Eso es remedio infalible. 

britozenair@gmail.com

jueves, 25 de abril de 2013

“ELECCIONES VENEZOLANAS YA ERAN MÁS QUE SOSPECHOSAS”


“ELECCIONES VENEZOLANAS YA ERAN MÁS QUE  SOSPECHOSAS”

Zenair Brito Caballero
Se percibe que alguien aquietó rápidamente a Nicolás Maduro con eso del recuento voto por voto y urna por urna, que él había aceptado de inmediato, con tono desafiante por supuesto, pero de lo cual, según parece, se arrepintió casi enseguida. Alguno de los Psuvistas de alto mando le deben haber dicho: “oye chico Nicolás, no te apures, tú te lo crees todo”.
Una cosa es lo del “pajarito en quien reencarnó” según Maduro el difunto comandante, o lo de la recomendación que supuestamente Chávez hizo a Dios para que designara un Papa de la región, o lo de las peliculitas sobre su arribo al Paraíso, pero eso del recuento sí que no está dentro de lo previsto y ni hasta de lo imaginable. La presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, rápidamente decretó el triunfo de Nicolás –así entre nos– y a otra cosa mariposa.
He escuchado a muchos políticos decir, que hay tres formas de hacer fraude en una elección: antes, durante y después. Según parece y opina mucha gente seria, en las recientes elecciones que fraudulentamente ganó – ¿ganó?– Nicolás Maduro parecería que se dio en todas las instancias. Cautelosos y por cualquier eventualidad no se aceptaron observadores internacionales serios, y solo se recibió a “acompañantes” amigos y en particular de la Unasur.
Es indiscutible que Nicolás Maduro, lo que no debió ser por respeto a la Constitución de 1999, compitió como presidente encargado cuasi para constitucional –como el “caballo del comisario”, como se dice–, que usó y abusó del poder y recursos del Estado y de los medios oficiales en una relación de 50 a uno con Henrique Capriles, y que desde el gobierno (veánse anuncios y amenazas desde el Ministerio de Defensa y en Pdvsa, para citar las más flagrantes), presionó, advirtió y amenazó a los empleados y seguidores a destajo.
Durante el acto de votación, todo el mundo pudo ver fuera de los centros de votación miembros del PSUV con franelas rojas en un punto rojo haciendo proselitismo político a menos de 200 metros del Centro, votantes con franelas y gorras rojas, cómo había mesas con “supervisores” o acompañantes que seguían y guiaban a votantes, entre otros detallitos. Y en cuanto al después, todo muy raro: apagones, trabajos “a solas” de gente de confianza, apuro en la proclamación de Maduro y toma de mando y por supuesto nada de recuento de votos.
Tibisay Lucena con total facilidad y desparpajo les decía a los venezolanos, palabras más, palabras menos: “Ustedes voten tranquilos, en libertad y a quien quieran, que después el CNE es quien cuenta los votos, porque este sistema automatizado es el más perfecto del mundo”.
Es que no era previsible que el chavismo socialista-comunista cediera el gobierno y el poder, por unos votos más o menos. Ya lo habían anunciado de forma sutil, y no tanto. Es que son coherentes, no cabe dentro de su filosofía socialista-comunista. El objetivo es obtener el poder como sea, y una vez se han hecho del mismo no lo van a entregar así como así y menos por una “formalidad democrática”, como han definido desde siempre a las elecciones.
Chávez fue un golpista, fracasado es cierto –se dice que por ineficiente y por miedoso–, y luego llegó al poder aupado por la camarilla de los antiguos comunistas de los años 60 y 70, por ex militantes adecos, copeyanos y ciudadanos independientes que aspiraban un cambio, los que creyeron que llevaban un títere propio al gobierno para acabar con el monopolio de los partidos políticos.
Se equivocaron toditos con el candidato, como también se equivocaron cuando trataron de adueñarse del poder cuando los militares, no tan metidos, comprometidos y privilegiados como ahora, sacaron a Chávez en abril del 2002 y lo volvieron a poner.
En este momento Maduro ya cuenta con el total aval de la Unasur, lo que, según Ollanta Humala, contribuye al “fortalecimiento de la democracia”. ¿Alguien dudaba qué decisión iba a tomar la Unasur? Sin embargo, lo que sí es casi seguro es que los observadores de la Unasur no van a ver con buenos ojos la Auditoría de las elecciones fraudulentas del 14 de abril. Y tras el supuesto “claro triunfo” de Nicolás Maduro nombrado por el CNE y no por el pueblo venezolano, ahora viene la represión, la reprimenda y el castigo.
Puede pasar y hacer cualquier cosa. Primero, porque ahora tienen datos concretos que los que no los quieren son muchos más de la mitad del país. Segundo, porque saben que en paz y normalidad la tarea que tienen por delante es gobernar y encaminar a un país descalabrado y arruinado por el chavismo socialismo-comunismo y su mafia, uno de los más ricos del mundo, que el chavismo revolucionario comunista ha sumido en el infortunio y la miseria. Sería bueno que se hicieran cargo.
Quizás los venezolanos tengamos suerte y este cuestionado triunfo del chavismo socialista-comunista radical sea comparable a la invasión de las Malvinas a la que recurrió el dictador Leopoldo Galtieri, hecho que fue clave para que la gente se diera cuenta y así poner fin, sin discusiones, mitos ni nostalgias de ningún tipo, a aquella dictadura. Aún en muchos venezolanos persiste, el ánimo, la fe y la esperanza que es la última que se pierde. Hay un camino que Dios nos ayudará a alcanzar.