lunes, 25 de marzo de 2013

LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL DE MADURO LA ESTÁ HACIENDO UN MUERTO


LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL DE MADURO LA ESTÁ HACIENDO UN MUERTO

Zenair Brito Caballero

Lo que pasa hoy en Venezuela es tan curioso que, si no fuera en exceso peligroso, podría ser un buen chiste: la campaña presidencial de Maduro la está haciendo un muerto. Porque el cadáver del desastroso difunto Chávez es la fortaleza de Maduro, quien heredó un gobierno irresponsable, pendenciero, belicoso, ofensivo, revolucionario socialista-comunista, y quien basa su campaña en las mismas tesis desoladoras, equivocadas y retaliativas de su líder comandante-camarada.
Un muerto que los rojos-rojitos no han dejado descansar en paz (como él, en vida, tampoco nos dejó descansar en paz a nosotros) y que ha sido objeto de romerías, traslados, procesiones, desfiles, artistas cantando, visitas sin fin y abundantes maquillajes, para conservar viva la estampa (algo desagradable por cierto) de quien supo despilfarrar la fortuna del país en su enriquecimiento personal y en el mantenimiento de millones de vagos que hoy reciben subsidios estatales por no trabajar.
Al paso que vamos, la campaña de Maduro tendrá que hacerse en una carroza fúnebre para poder trasladar al verdadero candidato hasta los sitios donde decida detenerse a leer el telepronter, que tampoco ha aprendido a manejar. Será una campaña de exposición. ¡Sí! De exposición del cadáver de Chávez.
Y de acuerdo con las últimas noticias dichas por Maduro, todo parece indicar que Chávez no podrá ser embalsamado o momificado y entonces la descomposición del cuerpo vendrá a hacer de las suyas. Aunque esa descomposición corporal seguramente no será tan fatídica ni tan pestilente como la descomposición social y moral que dejó en Venezuela.
Es una campaña curiosa, repito. ¡Pero además ridícula! Oír a Maduro decir que es el hijo de Chávez, y que desde ultratumba, fue el promotor que el nuevo Papa sea argentino “es aterrador”. Pero más aterrador aún, resulta ver a los ministros, la cúpula militar, la Presidenta del CNE, del TSJ y la Fiscal General de la República y  un auditorio entero aplaudiendo esas estupideces. Como aterrador es ver la imagen de los militares golpistas del 4 de febrero ante uno de los ataúdes de su camarada-compinche-aliado, volcados en llanto y desconsolados por todo lo que significa perder el soporte de las más perversas intrigas.
Pero, repito también: además de todo esto ser curioso es peligrosísimo. Porque los desvaríos, las locuras, la insania y los desafueros en cabeza de un candidato vayan y vengan. Pero esas mismas circunstancias en cabeza de un presidente son el estopín de una bomba de incalculables proporciones.
Y el riesgo que tiene Venezuela que Maduro sea elegido presidente es muy alto pues, el candidato presidente tiene la chequera estatal, la burocracia y los medios que le garantizan un alto porcentaje del triunfo. Además, que esos millones de vagos subsidiados no querrán prescindir de los dineros que el Estado irresponsable les entrega y harán hasta lo imposible por conservar el estatus, así esto signifique la quiebra de nuestro país.
De manera pues que todavía faltan unos días más de este espectáculo circense en el que se ha convertido la campaña presidencial Venezolana. Serán unos días en que tendremos que soportar la verborrea de un Maduro más envalentonado, pero a la vez más absurdo, y una Venezuela más radicalizada y dividida entre quienes queremos salvarla de este caos Chávez-Terrorismo-Comunismo-Maduro y quienes pretenden seguir succionando de la teta estatal así la pobreza crezca día a día. No al socialismo-comunismo cubano y SI a la Democracia con plenas libertades.

domingo, 24 de marzo de 2013

LA FRACTURA SOCIAL DEL SISTEMA POLITICO VENEZOLANO


LA FRACTURA SOCIAL DEL SISTEMA POLITICO VENEZOLANO

Zenair Brito Caballero

En los años recientes se ha hablado con insistencia de la "fractura del tejido social venezolano", lo que ciertamente nos escandaliza, nos preocupa. Sin embargo, basta reflexionar un momento para darnos cuenta que, la referencia excesiva, gasta la expresión y le resta sentido, sin que la misma pueda cobrar una dimensión comprensible, que aporte un conocimiento de lo que estamos haciendo con nuestra Venezuela.

Ha sido una expresión que se utiliza para hacer alusión a la idea que nuestra sociedad está claramente descompuesta, lo que desafortunadamente se convierte en un postulado axiomático, algo evidente por sí mismo. Es claro que nuestra sociedad se descompone a un ritmo vertiginoso.

Hace apenas unos cuantos años nos escandalizaba la noticia, por extraordinaria, de la comisión de algún homicidio, de un robo, o de una violación. Hoy nos hemos acostumbrado a referir una cifra que puede ir de los 60, hasta los 100 mil muertos en los últimos seis años y de alrededor de 30 mil desaparecidos, lo que no incluye la cifra de delitos del fuero común, sino que se asocia exclusivamente a la guerra contra el narcotráfico.

Quien delinque se ubica al margen de la sociedad; se enfrenta al conjunto social negándose a formar parte de un todo, ignorando que al agredir a la sociedad, se está agrediendo a sí mismo. Se agrede a la sociedad cuando se tiene la conciencia de no formar parte de ella, cuando se le percibe como enemiga, como rival a vencer.

Mayoritariamente, actúan en contra de la sociedad quienes se saben marginados, excluidos de la sociedad, porque no han recibido de ella los satisfactorios más elementales: alimento, cobijo, afecto, educación, servicios médicos, empleo ni, desde luego, estímulo alguno que les permita comprender que la única forma de sobrevivencia individual es la integración al grupo.

Es necesario tomar conciencia que, mientras la sociedad no logre distribuir y hacer accesibles satisfactorios básicos a la universalidad de sus miembros, los excluidos se revelarán en contra de ella y la habrán de agredir de manera violenta, a través de cualquier conducta contraria al derecho, que es la institución que da cohesión y sentido a la vida en común.

De suerte que cuando la sociedad es incapaz de integrar, en su seno a todos sus miembros, a través de garantizar el acceso universal al conjunto de derechos sociales, se está sembrando la semilla del descontento, de la violencia, de la agresión, del rechazo; en una expresión, del delito.

Pero cuando esta conducta se masifica y se organiza para vivir al margen de la ley, entonces la sociedad, en su conjunto se ve amenazada y sus lazos de cohesión, es decir de unión, de identidad, quedan afectados y el tejido social se fractura y, cuando la falla es generalizada se llega a las riberas del Estado fallido.

Eso es lo que ha pasado en éstos años recientes y es esta realidad la que busca revertir la Política Social, a través de la instrumentación de acciones que concentren la mirada en la estructura y funcionamiento de la familia, del acceso universal a la educación, y a los servicios médicos, a la cultura, al deporte, a la recreación, a los valores colectivos, pero sobre todo, al ejercicio pleno de derechos de la persona.

Ese disfrute pleno de derechos colectivos es lo que da cohesión al conjunto de relaciones que se dan en el seno de la sociedad y a ese fenómeno de cohesión es a lo que llamamos tejido social. De ahí la necesidad que los beneficios sociales alcancen a todos, por igual. 

Por ello, comparto íntegramente la idea que ha expresado el autor que en este momento se me escapa su nombre en su libro "Estado Eficaz" cuando se refiere a que "nuestra generación tiene el reto de acabar con el miedo y renovar la esperanza... hoy contamos con la fuerza para lograr un nuevo pacto social que construya un estado eficaz... en el que los derechos de todos los venezolanos no sean sólo ideales plasmados en la Constitución, sino que en verdad los disfrutemos en la vida cotidiana , es decir, que pasen del papel a la práctica." De suerte que, mientras como sociedad no logremos garantizar el acceso de todos los venezolanos al ejercicio pleno de sus derechos sociales, el tejido social seguirá fracturándose.

sábado, 23 de marzo de 2013

“LA SOCIEDAD VENEZOLANA LO RECLAMA”


“LA SOCIEDAD VENEZOLANA LO RECLAMA”

Zenair Brito Caballero 

(britozenair@gmail.com)

Venezuela está siendo testigo de un movimiento social escalonado de trabajadores de diversas áreas que tienen que ver con servicios públicos y que están exigiendo de una forma vehemente un aumento de sus salarios que mejore sus condiciones de vida y mucho más ahora cuando nos llega una devaluación del 46% que puso el salario a la mitad y los precios de la canasta básica nos atosiga con los aumentos de los alimentos y medicinas.
Los maestros, profesores de secundaria, los catedráticos y empleados administrativos de nuestras universidades, llevan la voz cantante en estos momentos de esos reclamos, escuchándose  voces de apoyo, pero también criticas de esos reclamos.

Verdaderos trabucos de la opinión pública, como ciertos funcionarios del gobierno chavista socialista-comunista, han hecho un llamado, en este caso a la clase magisterial, a la prudencia  a la hora de ejercer sus reclamos, argumentando que dichas demandas pueden generar efectos contraproducentes a los que buscan los docentes en la sociedad venezolana.

Parecería que las exhaustas  arcas públicas no aguantarían que toda la clase trabajadora exija ganar lo suficiente para su sustento mínimo, sin embargo de manera imprudente políticos con el rango de funcionarios públicos o autoridades electas ganan cantidades exorbitantes de dinero por un trabajo generalmente deficiente, donde en vez de la eficiencia, prima la politiquería.

Basta ver lo que gana ver un diputado de la Asamblea Nacional o un Rector del CNE, o un Magistrado del TSJ CON CESTA TICKET DE 10.000Bs fuertes, que simplemente aprueba leyes aun sin leerlas, un ministro de cualquier cartera que no llego allí por capacidad, sino por compromisos de partido o por amiguismo incondicional con el presidente, y más de cincuenta mil funcionarios de decima categoría elevada al cuadrado, que se lucran sin sudar ni aportar nada a una sociedad donde crece de manera exponencial la desigualdad.
Si no se está en la capacidad de aumentar el sueldo a los maestros, profesores de media y universitarios, médicos, enfermeras, policías, agrónomos, jueces, fiscales, entre otros, argumentando falta de recursos, entonces sería justo rebajar los sueldos de congresistas, síndicos y regidores, funcionarios públicos y la urgente eliminación de los viáticos y otras prebendas como escoltas, choferes y carros último modelo, los cuales son un verdadero cáncer para el presupuesto de la nación.

Porque da pena, vergüenza y ganas de llorar que el sueldo de un maestro, de un docente de educación media o de un profesor universitario, que necesita ser Dr. o PH para jubilarse no alcance para llegar al fin del mes, mientras que técnicos vagos y funcionarios que no funcionan,  vivan una vida de derroche y opulencia, con quintas o apartamentos en zonas VIP de las grandes ciudades venezolanas que agredan la dignidad de aquellos que trabajan y que día a día tienen que inventar una nueva fórmula para sobrevivir.

Está demostrado que el dinero aparece a borbotones para hacer campañas electorales, donde se invierten decenas de miles de millones de bolívares, con tal de viciar la llamada voluntad popular, dinero para comprar franquicias políticas que sirvan de comodín para alcanzar o retener el poder, dinero para comprar a todos aquellos que estén dispuestos a vender su conciencia a la menor oportunidad, sin embargo, para los profesionales y las clases trabajadoras no hay ningún tipo de estímulo material, en definitiva quien trabaja no vale un centavo o una guayaba podrida.

Así que hagamos lo que nunca se ha hecho y desde el poder prediquemos con el ejemplo, cúmplanles a profesionales y trabajadores y si no se puede según sus criterios, entonces traten de igualar sus condiciones de vida con la de aquellos que trabajan y aportan, rebajen sus escandalosos sueldos y privilegios, para que prueben la realidad de tener que trabajar para terminar cansados y sin ninguna esperanza de ver una superación personal o social por medio de su trabajo. No se debe seguir predicando la moral en calzones, hora es de predicar con el ejemplo, la sociedad venezolana lo reclama. 

LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL DE MADURO LA ESTÁ HACIENDO UN MUERTO


LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL DE MADURO LA ESTÁ HACIENDO UN MUERTO

Zenair Brito Caballero

Lo que pasa hoy en Venezuela es tan curioso que, si no fuera en exceso peligroso, podría ser un buen chiste: la campaña presidencial de Maduro la está haciendo un muerto. Porque el cadáver del desastroso difunto Chávez es la fortaleza de Maduro, quien heredó un gobierno irresponsable, pendenciero, belicoso, ofensivo, revolucionario socialista-comunista, y quien basa su campaña en las mismas tesis desoladoras, equivocadas y retaliativas de su líder comandante-camarada.
Un muerto que los rojos-rojitos no han dejado descansar en paz (como él, en vida, tampoco nos dejó descansar en paz a nosotros) y que ha sido objeto de romerías, traslados, procesiones, desfiles, artistas cantando, visitas sin fin y abundantes maquillajes, para conservar viva la estampa (algo desagradable por cierto) de quien supo despilfarrar la fortuna del país en su enriquecimiento personal y en el mantenimiento de millones de vagos que hoy reciben subsidios estatales por no trabajar.
Al paso que vamos, la campaña de Maduro tendrá que hacerse en una carroza fúnebre para poder trasladar al verdadero candidato hasta los sitios donde decida detenerse a leer el telepronter, que tampoco ha aprendido a manejar. Será una campaña de exposición. ¡Sí! De exposición del cadáver de Chávez.
Y de acuerdo con las últimas noticias dichas por Maduro, todo parece indicar que Chávez no podrá ser embalsamado o momificado y entonces la descomposición del cuerpo vendrá a hacer de las suyas. Aunque esa descomposición corporal seguramente no será tan fatídica ni tan pestilente como la descomposición social y moral que dejó en Venezuela.
Es una campaña curiosa, repito. ¡Pero además ridícula! Oír a Maduro decir que es el hijo de Chávez, y que desde ultratumba, fue el promotor que el nuevo Papa sea argentino “es aterrador”. Pero más aterrador aún, resulta ver a los ministros, la cúpula militar, la Presidenta del CNE, del TSJ y la Fiscal General de la República y  un auditorio entero aplaudiendo esas estupideces. Como aterrador es ver la imagen de los militares golpistas del 4 de febrero ante uno de los ataúdes de su camarada-compinche-aliado, volcados en llanto y desconsolados por todo lo que significa perder el soporte de las más perversas intrigas.
Pero, repito también: además de todo esto ser curioso es peligrosísimo. Porque los desvaríos, las locuras, la insania y los desafueros en cabeza de un candidato vayan y vengan. Pero esas mismas circunstancias en cabeza de un presidente son el estopín de una bomba de incalculables proporciones.
Y el riesgo que tiene Venezuela que Maduro sea elegido presidente es muy alto pues, el candidato presidente tiene la chequera estatal, la burocracia y los medios que le garantizan un alto porcentaje del triunfo. Además, que esos millones de vagos subsidiados no querrán prescindir de los dineros que el Estado irresponsable les entrega y harán hasta lo imposible por conservar el estatus, así esto signifique la quiebra de nuestro país.
De manera pues que todavía faltan unos días más de este espectáculo circense en el que se ha convertido la campaña presidencial Venezolana. Serán unos días en que tendremos que soportar la verborrea de un Maduro más envalentonado, pero a la vez más absurdo, y una Venezuela más radicalizada y dividida entre quienes queremos salvarla de este caos Chávez-Terrorismo-Comunismo-Maduro y quienes pretenden seguir succionando de la teta estatal así la pobreza crezca día a día. No al socialismo-comunismo cubano y SI a la Democracia con plenas libertades.

martes, 19 de marzo de 2013

LA DEMOCRACIA DEBE DEBATIRSE Y CONSTRUIRSE ENTRE TODOS


LA DEMOCRACIA DEBE DEBATIRSE Y CONSTRUIRSE ENTRE TODOS
Zenair Brito Caballero

En estos últimos días escuchábamos en una entrevista televisada, decir a un dirigente político del gobierno que creía que Nicolás Maduro ganaría. Y daba como primera razón para creer en eso que su partido PSUV tenía “mucha fe en Dios y en el comandante Chávez (Q.E.P.D)”. Es sólo un ejemplo de lo mucho que podremos escuchar y que ya vamos escuchando en este ambiente electoral. 
Evidentemente respetamos la fe en Dios y en los muertos, pero relacionar la misma con un posible triunfo electoral de un partido no sólo es caprichoso sino peligroso.
Instrumentalizar la religión y la muerte del comandante ni es correcto, ni está permitido por nuestra legislación fundamental. 
Además la fe sin obras, como diría Santiago 2, 26, está muerta. Y las obras de los políticos rojos rojitos no han sido siempre ni en su conjunto obras de la fe, al menos en lo que respecta a la fe cristiana porque comunista es ateo. Pero lo que interesa no es tanto rebatir una frase, pues se podrían rebatir muchas más, y de todas las tendencias, sino reflexionar a fondo sobre la clase de democracia que queremos a partir del 14 de abril.
Preguntarnos qué tipo de democracia queremos es importante porque, aunque se han ido dando en la oposición y su candidato exhortaciones por la paz, nuestro sistema democrático descalabrado en 14 años de gobierno socialista-comunista no puede llamarse todavía una democracia de calidad. Hay demasiados puntos oscuros en ella que deben ser llevados a debate en este período electoral.
Precisamente en este tiempo en que los líderes oficialistas se dedican a insultar, mentir, decir frases que podrían figurar en cualquier antología del disparate al candidato opositor y quienes le siguen, urge debatir la calidad de nuestra democracia.
Es evidente que si se consultaran a la ciudadanía en plan de referéndum muchas de las situaciones actuales, los resultados serían muy contradictorios a la realidad existente. Por ejemplo, si le preguntáramos a la ciudadanía si está de acuerdo con el altísimo ingreso mensual de los diputados de la A.N, de los Rectores del CNE, de la Fiscal general de la República, de los Magistrados del TSJ, etc., con seguridad la ciudadanía se pronunciaría masivamente en contra.
Porque la diferencia es escandalosa. Y el enfrentarse a esa diferencia no es de izquierdas ni de derechas. Es un problema de decencia nacional y de calidad democrática cuya solución no puede dejarse para dentro de 25 o 30 años.
Sabemos que  no es viable someter sistemáticamente a referéndum detalles del nivel y estilo del mencionado. Pero lo cierto es que necesitamos comparar siempre la realidad con la ética y con el sentido común de la ciudadanía que sabe distinguir en general con bastante claridad entre lo bueno y lo malo.
Pero no siempre a los responsables de la política les interesa la opinión del pueblo venezolano. Detectar las mayores necesidades reales de la población y debatirlos honestamente  tanto desde la política como desde la ciudadanía, es indispensable para el desarrollo del país.
Si, como hemos dicho, el referéndum no es viable como método sistemático para todas las decisiones, urge mejorar nuestras instituciones de tal manera que faciliten la participación ciudadana, el debate y el mejoramiento de nuestra institucionalidad.
La calidad de la democracia sí debe debatirse y construirse entre todos. Y el desarrollo económico y social es parte de esa calidad en favor de la cual los propios partidos políticos deben hacer pactos de dimensión nacional. Ya se han dado en el país acuerdos importantes con la MUD, pero es imprescindible que continuemos haciéndolo.
Acuerdos sobre educación, salud, empleo, acceso a servicios de calidad, transporte, deuda, deben ser tomados como compromisos nacionales de largo plazo, acuerpados tanto por los partidos políticos como por la sociedad civil. Dar el espectáculo electoral de desprestigiar absolutamente al contrincante ni es bueno para el país ni es bueno para la democracia.
Si creemos que los políticos son indispensables para la democracia, y que la democracia es el mejor de los sistema políticos posibles hoy por hoy, tenemos que ser coherentes. No podemos tener una democracia sana si la gente no cree ni confía en los políticos. Y no tendremos políticos confiables si son incapaces de tomar acuerdos conjuntos en beneficio de toda la población. Y lo que hemos dicho del referéndum no quiere decir que con respecto a algunos temas no sea necesario en el país.
No negamos que la diferencia entre partidos sea positiva. Es cierto que la diferencia ideológica y en el modo de gobernar es natural y positiva en una democracia. Pero lo inaceptable es la irresponsabilidad frente a graves problemas nacionales, o incluso exhibirlos para dañar al contrario, sin tener al mismo tiempo una seria voluntad de solucionarlos.
Los graves problemas nacionales o se resuelven a través de acuerdos que impliquen a la gran mayoría de la gama política y de la sociedad civil, o permanecen como amenaza para el presente y el futuro. Aún estamos a tiempo de lograr acuerdos básicos que den garantía de que caminamos hacia un estado con calidad democrática, antes que se nos echen encima los 10 días oficiales de tinte electoral, donde es lógico que afloren las diferencias. Pero si previamente a las mismas, asentamos objetivos nacionales comunes, el futuro será más confiable.


viernes, 15 de marzo de 2013

INSEGURIDAD Y VIOLENCIA COMO RETO PARA EL NUEVO GOBIERNO


INSEGURIDAD Y VIOLENCIA COMO RETO PARA EL NUEVO GOBIERNO
Zenair Brito Caballero

La violencia urbana es un grave problema social que afecta y trastorna la cotidianidad, altera las rutinas ciudadanas y amenaza la integridad de todos. Esa permanente inseguridad genera zozobra, le resta eficiencia al conjunto de la sociedad y devora enormes recursos que podrían dedicarse a mejores propósitos. La violencia urbana en Latinoamérica es una pandemia social que urge de estudios serios.

Hay que ir a las causas del mal, a sus orígenes, entender su singularidad,  y la dimensión de su accionar antes de proponer medidas. El sentido común o la buena fe de los gobernantes no son suficientes. Para adoptar políticas eficaces hay que partir de diagnósticos eficaces. Lo demás es improvisación sin resultados.

Según el PNUD, Latinoamérica, además de ser la región con mayor desigualdad económico-social, es también la zona más violenta del planeta. Por cada 100.000 habitantes se producen 8 asesinatos/año en el mundo. Latinoamérica, habitada por el 9% de la población mundial, supera ese índice con un promedio de 27 muertes violentas/año por cada 100.000 habitantes. Desde luego hay grandes diferencias entre países; en algunos, el indicador antes citado llega a 44.

El crimen y la brutalidad hacen parte de la cotidianidad y ante la inoperancia de las políticas implementadas son muchos los que parecen resignados a convivir con estos males. Es alarmante que 40 de las 50 ciudades más violentas del mundo estén en Latinoamérica y varias ciudades venezolanas entre ellas.

En  la inseguridad es sobre todo urbana y es la primera causa de muerte entre los jóvenes. La violencia ha sido una constante en la historia del país de los últimos 14 años de socialismo-comunismo. A la violencia política, expresión de la lucha por el poder, se agrega la violencia social urbana ejecutada por  bandas delincuenciales causantes del 96% de los homicidios.

Entre los factores que contribuyen a la inseguridad y a la violencia urbana se destacan el empobrecimiento, la desigualdad, las carencias educativas, la precariedad democrática que niega la igualdad de oportunidades e impide la movilidad social, el auge de los circuitos criminales de las drogas, la cultura del dinero fácil y la corrupción.

Se suma la escasa confianza en instituciones como la policía y el sistema judicial. Es una violencia de todos contra todos que no cesa a pesar de las enormes inversiones en seguridad pública y privada, en equipos, en cuerpos armados y en cárceles cada vez más gigantescas que en vez de rehabilitar cultivan el delito

De las ciudades venezolanas se escriben crónicas que narran el terror que infunden las caravanas del crimen y acto seguido surgen las recetas de siempre, más policías y más castigos, es decir, poco de humanismo y mucho de represión. Son las soluciones típicas cuando la débil democracia ofrece tan poco

Las bandas delincuenciales representan un fracaso de toda la sociedad y son resultado de la exclusión escolar y laboral. La escuela atiende poco su función social de formar jóvenes en nuevos valores. Hoy son más los niños que empiezan la escuela, pero son muchos los que no terminan.

La deserción produce graves frustraciones en jóvenes que difícilmente se incorporan al mercado laboral; en el ocio rompen con su círculo social y son presa fácil de las bandas criminales. Muchos jóvenes ni estudian ni trabajan. La proclividad a la delincuencia es inevitable, el alto consumo de alcohol y la disponibilidad de armas facilitan el proceso

A lo anterior se suman los contrastes económicos en una Venezuela devastada donde la opulencia y el derroche gubernamental pretenden convivir con la miseria y la exclusión y donde las prácticas corruptas se han impuesto como un mecanismo legítimo de ascenso social. Una ciudad donde los centros comerciales exhiben toda clase de productos que sólo unos pocos pueden comprar; esos abismos entre las fantásticas ofertas y la imposibilidad de adquirirlas honradamente impulsan al delito para resolver las carencias.

De otra parte la violencia política expulsa de su pueblo a muchas familias que se trasladan a las principales  ciudades convencidas, que allí encontrarán mejores oportunidades; muchos terminan en barrios marginales expuestos a la problemática descrita

Superar la violencia urbana debería ser una prioridad para el futuro gobernante que salga electo el próximo 14 de abril. No hay por qué vivir en tanta incertidumbre. Es factible remediar el mal y es posible un mejor vivir. No es ingenuidad y si lo parece que sea una ingenuidad esperanzadora que inyecte un poco de optimismo, con un cambio para Venezuela. Todos a rescatar la democracia. No al socialismo comunismo y si un camino al Progreso y a la libertad. britozenair@gmail.com

¿CUÁL ES EL FUTURO DE LOS VENEZOLANOS?


¿CUÁL ES EL FUTURO DE LOS VENEZOLANOS?
Zenair Brito Caballero
En Venezuela, nos estamos adiestrando a que lo anormal y lo corrupto sean lo normal y lo aceptado. Es tan pobre la formación sociopolítica de los venezolanos, que somos testigos cotidianos de graves distorsiones de lo político y seguimos como espectadores pasivos, el lamentable espectáculo de unos procedimientos y estilos del llamado socialismo-comunismo que confunden política con simple lucha por el poder.
La política es ciencia y gestión del bien común. El poder está en el pueblo que es soberano y lo ejerce por medio del sufragio, eligiendo a quienes considera que van a dedicarse a trabajar para el bien de toda la ciudadanía.
Hace tiempo que el gobierno no trabaja para el bien común, sino para el bien de sus partidarios. Si los jerarcas socialistas-comunistas del poder trabajaran para el bien común el país no tendría tantos ciudadanos empobrecidos, casi la mitad de la población, todos los ciudadanos tendrían vivienda, todos recibirían una educación de calidad y todos tendrían atención para su salud y encontrarían trabajo, nadie tendría que emigrar. El país cuenta con recursos petroleros y recaudos de impuestos del SENIAT sobrados para ello. Una justa distribución y participación en la riqueza lo haría posible.
Si los políticos rojos-rojitos trabajaran para el bien común, hace tiempo (14 años) que la mayoría de nuestras rutas estarían asfaltadas, los puentes no se hundirían, las calles estarían bien pavimentadas y bien iluminadas, los buses o busetas serían decentes, no explotarían a los pasajeros con pésimos servicios ni largarían veneno por sus tubos de escape para intoxicar a los ciudadanos, tendríamos seguridad para salir a la calle a cualquier hora sin temor a ser asaltados, atracados o asesinados, todos los policías serían honestos y fieles a su profesión.
Si los políticos rojos-rojitos que nos gobiernan trabajaran para el bien común el lago de Maracaibo y el de Valencia estarían vivos y serían transparentes, lugar de encuentro para el placer de sus playas y el deporte, nuestros arroyos correrían limpios sembrando vida, fecundando tierras, llenando nuestros ríos.
Si los políticos rojos-rojitos en situación de gobierno trabajaran para el bien común nuestros niños, adolescentes y jóvenes no serían acosados por criminales vendedores de drogas, porque en vez de ser cómplices del narcotráfico y de la producción de drogas, los políticos chavistas o pesuvistas con poder hace tiempo habrían extirpado esta lacra mortal de nuestro país.
La pasividad ciudadana de los venezolanos ante la distorsión y la corrupción política no es un simple delito de omisión, es también un delito de negligencia e irresponsabilidad ciudadana. La historia y los nietos nos van a juzgar muy severamente, porque dejamos que se destruya el país poco a poco, que se desequilibre la sociedad cada vez más y más y estamos reaccionando como si todo estuviera bien y nada tuviéramos que hacer personal y socialmente.
El problema no es solo de los políticos que acceden a poderes de Gobierno. La basura que los vecinos tiran al arroyo, los buses chatarras que contaminan nuestras calles, las fábricas que han destruido (el lago de Valencia) no son obras del Gobierno, son barbaridades de ciudadanos que no respetan los recursos y bienes del país.
Por lo visto todavía seguimos con estructuras mentales y hábitos culturales propios de los pueblos nómadas, que conciben la naturaleza como espacio para depredar, en vez de oportunidad para producir y desarrollar la naturaleza.
La cultura depredatoria no se manifiesta solamente en la expoliación de la naturaleza, igual se ceba en el Estado. La mayoría de los ciudadanos venezolanos quiere vivir a costa del Estado. El fallecido presidente Chávez, como los anteriores, prometió reducir el número de funcionarios públicos y lo que hizo fue multiplicarlos.
Los candidatos presidenciales, como los nuevos intendentes y gobernadores, como los ministros y directores de instituciones del Estado suman y suman sus propios funcionarios, acrecentando el número de personas que viven a costa de lo que los ciudadanos aportamos para el desarrollo del país. El sueño de muchos amigos y seguidores de los presidenciables es recibir un cargo en la administración pública para vivir del Estado.
Es cierto que la educación cívica y ética que ofrecemos a los escolares y universitarios es elemental e insuficiente. Pero aunque fuera perfecta, la verdad es que la sociedad destruye escandalosamente el trabajo de los educadores. En este momento no sé cuántas instituciones públicas están defendiendo realmente el bien común. ¿Cuál es el futuro de los venezolanos? No al socialismo-comunismo y si a una verdadera democracia honesta y progresista apegada a la verdad y no a la mentira. britozenair@gmail.com