viernes, 15 de junio de 2012

¡NOBLEZA Y GRANDEZA DE ESPÍRITU!


¡NOBLEZA Y GRANDEZA DE ESPÍRITU!
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
Definitivamente el ser humano tiende más a ser indiferente ante las buenas acciones de sus congéneres que a reconocerlas y valorarlas. El estímulo y el agradecimiento unido a la seriedad en el cumplimiento de la palabra y la dignidad en el compromiso adquirido, determinan el grado de nobleza, justicia, honestidad y ecuanimidad de las personas y las amistades, la grandeza y generosidad de espíritu, la seriedad y la hidalguía humanas.
Hoy en día la gratitud y el agradecimiento son virtudes casi salidas del mundo de las utopías, para una sociedad donde no se valoran las personas por sus capacidades y calidades morales, intelectuales y ciudadanas, sino por lo que estas puedan dar o representar en un momento determinado para los intereses de quienes detentan efímeramente el poder social, económico y político.
Los sentimientos de agradecimiento surgen cuando nos sentimos en deuda con otras personas, bien sean naturales, como nuestros padres, nuestros maestros, nuestros amigos, hermanos, parientes, compañeros de labores y luchas o jurídicas, como nuestro colegio, nuestra universidad, las empresas o entidades donde se labora, los grupos a los que pertenecemos, en fin, frente a todas esas personas que de una u otra forma nos han hecho bien, nos han prestado servicios, nos han acompañado en nuestras aspiraciones, se han sacrificado por nosotros o nuestras familias o nos han entregado su amistad con desinteresada lealtad.
Reconocer el bien recibido y corresponder con sinceridad, alegría y afecto a quienes nos lo proporcionan, es propio solo de seres de firmes convicciones, incuestionable dignidad y altos valores espirituales. A todos los niveles, lo bueno que poseemos se lo debemos por regla general a otras personas que nos han dado formación, educación, afecto, oportunidades, consejos, apoyos, amor, amistad, afecto, cariño, aceptación y comprensión.
Ser gratos implica aceptar que los demás son necesarios e importantes, valorar sus calidades humanas, reconocer sus obras y su trabajo, estimular con hechos y acciones de reciprocidad el bien recibido, retribuir a los otros el favor que nos han proporcionado, compensar sinceramente a nuestros benefactores.
La mediocridad espiritual e intelectual, la soberbia y el egoísmo, la envidia y el resentimiento, el orgullo y la vanidad, la deslealtad y la traición, conllevan el desconocimiento de los méritos ajenos, del bien que nos hacen los demás y de los favores que hemos recibido, cerrando las puertas a la gratitud y a las expresiones reales de agradecimiento, propias de la nobleza de espíritu y la grandeza de corazón, que tanta falta hacen a nuestra sociedad.
La historia está marcada de ingratitudes humanas, equilibrada con la generosidad de la mano Divina y la ley de la compensación, a las que nada escapa en el devenir de nuestro accionar como hombres. Bien afirmaba Cicerón: “No hay deber más necesario que el de dar las gracias”. 

jueves, 14 de junio de 2012

“CUANDO LA JUSTICIA SE VUELVE CIEGA”


“CUANDO LA JUSTICIA SE VUELVE CIEGA”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
Cuando era una niña me llamaba la atención la figura femenina que representa a la Justicia con los ojos vendados. ¿Tal vez estaba herida?  Entonces se me explicó que  la Justicia es ciega. ¿Cómo? pregunté asombrada a mi padre. Aquello me parecía aún peor. Me contestaron  con ese tipo de risa con que los mayores explican a los niños cosas elementales, que la Justicia no  hace distinciones entre  quienes ha de juzgar, y así puede ser justa. Bien mirado, era lo propio. Esa explicación me  convenció y  tranquilizó por un tiempo.

Menos aún, costó a los mayores hacerme entender –porque de niños poseemos un sentido innato de lo que es justo- que la balanza que exhibe  significa a cada uno lo mismo que al otro. Y por último quedaba la espada, pero eso los niños saben de sobra para qué sirve. (Es más, con el tiempo, iría  viendo que eso era lo que más a menudo  se esgrimía  en nombre de la Justicia).
Después de adulta, tuve  que ver con mis propios ojos en los periódicos y en los noticieros de televisión, cómo jefes de Estado convertidos en genocidas no eran nunca juzgados, sino aclamados,  o eludían las leyes con astucia arropados por ejércitos de abogados y jueces corruptos, mientras se condenaba con   suma facilidad  a desproporcionadas condenas -incluida  la  muerte- a gentes de baja procedencia social que de haber tenido los recursos necesarios hubieran dispuesto de aquellos  mismos ejércitos de abogados y hasta hubieran sido aclamados por los mismos que exigían su condena. 
Veía a lo largo de mi vida cómo cínicos tributos engañaban con absoluta desfachatez llevando a la bancarrota a sus empresas o a sus ciudadanos, mientras los testigos de esos delitos eran asesinados o asesinadas-desaparecidos por el simple hecho de decir la verdad desenmascarándoles ante la opinión pública sin que la Justicia moviese un dedo a su favor.
Veía  cómo naciones poderosas invadían a países pobres y los esclavizaban sin que la balanza de la Justicia interviniese. Pero era fácil  que los ciudadanos tuviésemos que amortizar de nuestros impuestos las deudas de un banco privado en quiebra, o que ricos estafadores se libraran del sufrimiento de la cárcel  después de dejar unos cuantos millones en uno de los platillos de la Justicia.
Ahora, cuando me encuentro ante la estatua solemne comprendo que la venda significa precisamente que la venerable Dama de la justicia no quiere ver la cara de los justos ante los desmanes que se cometen en su nombre contra los derechos humanos y hasta contra las leyes divinas, como sucede con las  guerras llamadas "justas", o aún peor  consideradas "santas".
La justicia de los hombres, con su lentitud, sus errores, sus favoritismos, su inmoralidad en tantas ocasiones,  se basa en el Derecho. Pero el Derecho representa una sola clase de ley: la ley del Ego.
Sus  artículos vulnerables, frágiles, de quita y pon, permiten  variadas interpretaciones. Eso permite que existan jueces que juzguen con manga ancha o estrecha según qué juez y qué asuntos y a quiénes, y que existan esos ejércitos de abogados que viven justamente de los entresijos y trampas  que les permiten las ambigüedades de las leyes.
Así he llegado a descubrir con absoluta nitidez que la distancia entre Derecho y Justicia  es la misma que existe  entre Barbarie y Civilización, y que todavía estamos muy lejos de esta última !Qué tristeza!


miércoles, 13 de junio de 2012

LLEGÒ LA HORA DE PENSAR EN EL FUTURO DE VENEZUELA


LLEGÒ LA HORA DE PENSAR EN EL FUTURO DE VENEZUELA
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)

Es frecuente leer temas con importante contenido humanitario, escuchar reflexiones que invitan a la responsabilidad social e incluso sentir inquietud ante distintos eventos que, de una u otra forma, tocan las fibras del alma por el dolor que irradian la indignación que generan o sencillamente el llamado que golpea a la puerta diciéndole a cada persona que debe ser protagonista y no simple observador.

Es frecuente percibir interiormente algo que insiste acerca de la importancia que, como un asunto de conciencia individual, significa despertar del letargo, crónico y absurdo, cuando la realidad de los acontecimientos se presenta, cada vez más dramática.

Los cambios que impliquen mejorar o detener procesos lesivos no se producen por sí mismos: hay que hacerlos de manera proactiva y decidida. Quedarse en el rol de simple espectador, a ver qué hacen los demás y luego protestar, es una actitud que raya en lo pueril. Tal vez por eso muchos son chantajeados, extorsionados, asaltados por los politiqueros rojos rojitos que se aseguran votos bajo el terror que produce perder el puesto.

La generación anterior no cambió esas mañas y por eso sigue ocurriendo y tal vez los hijos, los niños de hoy, tendrán que someterse mañana al mismo vejamen pues esta generación, la suya y la mía, sigue jugando a la inmediatez.

Una comunidad necesita planeación, visión de futuro, inversión responsable en infraestructura —no como negocio que lucre a los gestores— salud, educación, vivienda y trabajo, pero sin condiciones clientelistas porque la necesidad de la gente no puede seguir siendo el abono para el entronizamiento y enriquecimiento de unos pocos. 

Cuando el motivo es el egoísmo el resultado es la degradación. El que tiene vocación por lo público se debe a su pueblo y no al revés. El que desea hacer dinero, lo puede hacer desde lo privado, como tantos buenos empresarios; el que se compromete con servir desde lo público debe saber que su sueldo no da para volverse millonario y mucho menos en corto tiempo, asunto que pocos explican y demuestran limpiamente. Y esos ahí se quedarán hasta que el pueblo reaccione Dios mediante el próximo 7 de octubre, porque la reelección por méritos, admiración y confianza sólo la merecen muy pocos.

Por eso, por no reaccionar, las tragedias son más graves, la impunidad es pasmosa, la pobreza aumenta y la desesperanza paraliza al no existir buenos y comprometidos gobiernos. Fácil apoltronarse y protegerse en el regazo de una maquinaria, amenazante, que incluye de todo y está al acecho para impedir cambios que dañen sus intereses.

Pero eso es lo que hay que combatir y cambiar: apoyar lo realmente sano, rodear al buen líder y desmontar aquello, que la mayoría identifica como injusto, deshonesto, avasallador y cínico con su propia gente. Ofrecer y prometer para después burlarse, rasgándose las vestiduras, es parte de una comedia que es hora de acabar. 2012 debería ser un año para pensar y elegir; tiempo de ser reales protagonistas, con amor por Venezuela, valor civil y mucha responsabilidad. Hay un camino EL DEL PROGRESO

martes, 12 de junio de 2012

¡¡CUANDO LAS PALABRAS OFENDEN!!



¡¡CUANDO LAS PALABRAS OFENDEN!!
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)

Las palabras pueden herir más que los puñales. Y como la forma de expresarse que tienen los miembros de este gobierno socialista-comunista casi siempre resulta demoledora, pienso, que deberían ser más prudentes a la hora de abrir la boca. ¿A qué viene el consejo? A que muchas veces, movidos por las peores emociones  y por la ambición de poder los políticos rojos-rojitos pronuncian palabras que no convienen al oyente y, sin medir el alcance de ellas, terminan ofendiendo al propio pueblo. Y es precisamente esto, lo que le sucede al sr comandante y a sus seguidores al dirigirse a los venezolanos que le adversan.

¡Cuidado con lo que se dice, sobre todo si se alberga algún tipo de rencor en el alma y más aun cuando se tiene una enfermedad tan terrible en su cuerpo! El comandante habla demasiado en sus peroratas de cadenas, sin pensar el malestar que causa. ¿Cuántas personas se habrán alejado de su lado por una palabra mal dicha, por una ofensa o cambian de canal para no escuchar sus insultos? Sus asesores aparentemente tan comedidos, deberían velar porque las opiniones del presidente sean edificantes, antes que destructivas. Lo que ese señor dice, no debe ser un instrumento para hablar contra las personas disidentes, para propiciar polémicas sin sentido; ni tampoco para engañar o dejarnos enredar y ser engañados.

Las groserías y las descalificaciones a los contrarios, por citar un ejemplo, atropellan más de la cuenta. Con ellas no sólo se demuestra una mala educación, sino que además se irrespeta a los demás. De manera adicional, se hiere y le baja la autoestima a quien las escucha. Al pronunciar palabras soeces, ordinarias y groseras se maltrata verbalmente. Eso, sin lugar a dudas, es una de las más frecuentes formas de violencia en nuestra vida diaria y lo triste es, que el comandante da el ejemplo mientras sus seguidores aplauden como focas.

El comandante debería abandonar los juicios negativos y dejar atrás la ira, el odio y el resentimiento que le embarga Antes que pronunciar palabra alguna; debería  aceptar lo que recibe, sin importar lo grande o lo pequeño que sea. En el momento menos indicado, una sola palabra le destruye una ilusión o le mata los sueños a quienes le rodean, sean familiares o aduladores.

Ahora bien, pronunciar palabras fuera de tono, agresivas, descalificadoras y escatológicas, no tiene nada que ver con el nivel intelectual de cada quien. No es necesario ser político, presidente de la república, diputado, orador, ni poeta, ni mucho menos artista. Hay políticos que hablan por hablar y otros que hablan muy bien; pero muy pocos son los que lo hacen con el verdadero sentimiento que traen sus palabras.

Pienso que se debe llevar una vida consecuente con lo que se dice. En la absoluta sinceridad al hablar y en el testimonio que se de la vida diaria, están las cosas que nos transmiten la verdadera energía de la palabra pronunciada y mucho más cuando un presidente se dirige a su pueblo. Debería evitarles a los demás aquella frase que les amarguen de manera inútil sus vidas. ¿No nos gusta que hablen mal de nosotros? Si eso es así, no tenemos derecho a criticar a nadie y más quien se dice socialista, humanista y seguidor de la palabra de Cristo.

No es necesario creo yo, acreditar nuestra forma de ser ‘desacreditando’ las de los demás. No le gusta al comandante y a sus seguidores que les critiquen el mal gobierno, la demagogia, la manipulación de las emociones de los pobres y la mentira con que envuelven a sus seguidores, pero se la pasan criticando a la oposición en los programas de los medios gubernamentales. Pues bien, andar por ahí ‘rajando del vecino’ genera mucho dolor y lastimosamente los politiqueros del socialismo-comunismo no atropellan con carros, pero sí lo hacen con sus palabras descalificadoras y ofensivas. Tenemos un camino para cambiar esto EL DEL PROGRESO.

“LA JUSTICIA DEBE SER EXPEDITA Y LIMPIA”


“LA JUSTICIA DEBE SER EXPEDITA Y LIMPIA”
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
El juego de la balanza entre izquierda y derecha, permite a los países; por un lado mantener la estructura de instituciones que protegen la estabilidad y por otro poner en cuestión y enfrentar la inmovilidad que dichas instituciones pueden presentar. Ambas alas del pensamiento juegan un contrapeso que permite el equilibrio y ambas son legítimas e igualmente importantes, reflexionaba conmigo en una conversación reciente el Dr. Antonio Laghouati amigo y compañero de los seminarios de ampliación postdoctoral que hicimos hace ya varios años en (CIPOST) en la UCV.
.
Pienso al oír estas palabras de mi amigo en las contiendas electorales. La legitimidad de cada grupo político reside en un ánimo pacífico, ¡sí apasionado, vehemente, impulsivo,! pero nunca provocador, sedicioso, irrespetuoso, irreverente o iracundo, todo lo contrario a lo que observamos en los personeros gubernamentales rojos-rojitos.

Las personas que nos identificamos con un pensamiento democrático; en defensa de los derechos humanos, de igualdad, de fraternidad, de solidaridad, debemos entender la importancia que tiene nuestra convicción y nuestros actos frente a quienes prefieren resguardarse en la certidumbre y la comodidad de una mirada vigilante y el uso del miedo para controlar, manipular y mantenerse en el poder.

La «Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano» (DDHC)  sabemos que surgió de las ideas de la ilustración, de un grupo de demócratas que pensó un mundo más igualitario, para acabar con los privilegios de los nobles, llevando a la sociedad a un país democrático (con sus deficiencias ya que en 1979 había aún muchas taras discriminatorias y el derecho avanza lentamente).

Hemos visto en ésta misma historia, que la sangre sólo lleva a más sangre y que, por otro lado, los ideales de dignidad y cambio han ganado en casi todos los terrenos, y eso hace aún más interesante ver como ahora, la izquierda se adjudica, se confiere, se asigna estos principios humanistas, y la iglesia intenta apropiárselos a su manera. Si la inserción de una mirada agitadora, como fue la de dicha DDHC ha sabido permear al interior del pensamiento moderado, podemos reconocer que el trabajo de los distintos pensadores históricos ha sido enorme. Gracias a los ideales democráticos  evolucionamos.

Quiero pensar, que lo mismo pasará con los principios jurídicos que han sido planteados desde las Naciones Unidas en materia de igualdad, y que se han expuesto como condición sin equanon para la sobrevivencia de un mundo justo.

Tengo la esperanza que instrumentos jurídicos como la «Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer>> terminarán por ser entendidos por los cautelosos e incluso por aquellos y aquellas que diciéndose demócratas, siguen negando la desigualdad de las mujeres frente a los hombres en nuestro país.

Estas ignoran la obligación que tiene el Estado de equilibrar la balanza, a través de políticas con perspectiva de género y de acciones afirmativas. Luchar por un bienestar general, significa establecer medidas que pongan a todos los individuos al mismo nivel frente a la ley, tanto en derechos como en obligaciones.

Esa misma esperanza tengo, en el urgente reconocimiento y la toma de decisiones para curar el hostigamiento sexual; enfermedad de ésta cultura falogocéntrica, que cobra a las mujeres «su derecho a trabajar decentemente», permitiendo en muchos casos (miles de casos de hostigamiento sexual, incluso al interior de aquellas instituciones cuya vocación es la de defender los Derechos Humanos de las Mujeres.

Aterra imaginar que la misma CNDH termine por reproducir prácticas discriminatorias con sus empleadas. Y se me viene de golpe la frase de Edmund Burke que dice: «Todo lo que es necesario para el triunfo del mal, es que los hombres de bien no hagan nada». Es aquí donde entra nuestra responsabilidad, la necesidad de nuestra acción y nuestra vocación de rectitud, para ejercer el equilibrio: ¡Hay que hacer, particularmente en casos como éste, que la justicia sea expedita! Y no inmoral y sucia a conveniencia. ¿Y usted que piensa?


lunes, 11 de junio de 2012

LA NECESIDAD DE UNA FAMILIA UNIDA


LA NECESIDAD DE UNA FAMILIA UNIDA
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.com)
Hoy no voy a hablar de política, sino sobre un tema que es vital en nuestra sociedad venezolana: La familia. Ese núcleo donde se satisfacen las cuatro necesidades psicológicas básicas con las que todos venimos al mundo: el afecto, el reconocimiento, la pertenencia y la autonomía, requisitos imprescindibles para el desarrollo de una personalidad completa. La unión de los miembros familiares, antes que la inclinación o preferencia por amigos ajenos al grupo familiar, son la fortaleza del vínculo familiar.
Es necesario en estos momentos de desvalorización, conseguir la armonía familiar, la permanencia, el entendimiento entre los miembros de un hogar que se expresan en un estado de ánimo armónico y dialogante, ya que es en el seno familiar donde establecemos nuestras relaciones más estrechas y es allí donde aprendemos los valores que nos convierten en personas humanas y que nos acompañaran toda la vida.
En la familia se nutren los afectos, porque nacemos con la necesidad de ser aceptados y sobre todo queridos por ser quienes somos. Ese amor nos da seguridad, confianza, paz y armonía. Funciona como antídoto para muchos males y es el mayor aliado del equilibrio y la convivencia.
Todo ser humano necesita que se valore su trabajo, su esfuerzo, su caricia… Necesitamos sentirnos valorados en un primer momento para alcanzar nuestro sentimiento íntimo de valía. Todos, hombres y mujeres, aun los más pequeños, necesitan su autonomía personal, saber que tienen espacios de responsabilidad. Es importante que nos sepamos fiar de ellos, dejarles equivocarse,  por ser un derecho de todos.
Necesitamos vivir en pertenencia. Hay familias que se pierden en la macro familia y no se encuentran solos sin la televisión y el blackberry como aliados de la falta de comunicación. Los hijos de nuestro tiempo sienten que pertenecen más a sus amigos y a las redes sociales que a sus padres, que suelen pertenecer a su trabajo más que a nadie.
En un primer momento, son nuestros padres los que nos cuidan y nos transmiten su modo de ver, interpretar y reaccionar ante la vida. Después somos nosotros los encargados de ponerlo en juego en la vida y los que los transmitimos a nuestros hijos.
Los cambios sociales generan estilos de vida diferentes. Promueven cambios en la estructura familiar. Así predominan los hogares unipersonales, constituidos por la creciente elección de las personas a vivir solas, las familias mono parentales, donde un solo progenitor  generalmente la mujer soltera o abandonada, separada o viuda, convive con sus hijos, o las llamadas "familias ensambladas". En cualquiera de los casos, los adultos deben crear un vínculo personal para facilitar la convivencia.
El principal valor de una familia unida y armónica es la presencia. Estar presentes lleva consigo estar disponibles para el diálogo abierto y para la convivencia. Presentes para poder acoger, cuidar o decidir qué intervención es la más conveniente y adecuada en función de las necesidades de la persona o la familia.
Las relaciones personales, la estabilidad familiar y la confianza mutua son los fundamentos de la libertad, la seguridad y la fraternidad. En las familias armónicas, prima la libertad de todos sus miembros porque creen y confían firmemente en las capacidades de cada uno.
La actitud generosa abre el corazón, tanto del que da su tiempo, como del que lo recibe. La alegría es la consecuencia de esa apertura generosa que facilita que los miembros de la familia se ayuden unos a otros en sus necesidades.
El respeto es otro valor fundamental de la familia. Respeto a la individualidad de cada uno, a sus opiniones y sentimientos. La lealtad (opuesta a la falsedad y la mentira), es el resultado del reconocimiento y la aceptación de los vínculos que nos unen unos a otros, permite mantener y proteger esos vínculos y los valores que representan.
Nunca hay suficiente tiempo para compartir la vida, por eso es importante poner atención en el tiempo de calidad, para expresar nuestros sentimientos de forma transparente y abierta. Si como adultos no somos capaces de expresar lo que sentimos a nuestros hijos, ellos tampoco aprenderán a hacerlo. Los sentimientos positivos son una fuente inagotable de energía que revitaliza las relaciones y promueve el bienestar.
Si perdemos de vista lo esencial de nuestra presencia, estamos permitiendo que "las cosas" se interpongan en nuestras relaciones más importantes. Reír juntos, recordar momentos agradables, buscar actividades para compartir, disfrutar de la compañía, reservar espacios para la intimidad y las confidencias, son, entre otras cosas, formas de potenciar y fortalecer los lazos familiares y regalar a los nuestros, el equilibrio y la armonía que todos necesitamos para ser felices.

domingo, 10 de junio de 2012

¿CÒMO EL QUE ESCRIBE PUEDE TOREAR LA ENVIDIA?


¿CÒMO EL QUE ESCRIBE PUEDE TOREAR LA ENVIDIA?
Zenair Brito Caballero (britozenair@gmail.c
Dijo una vez un párroco que el pecado que más acusaban los devotos católicos es el de la murmuración y el descrédito. Yo creo, más bien, que ese es un mal que nació con el ser humano, pero que se ha ido agigantando, en lugar de ser lo contrario. A medida que el mundo crece, basta con fiarse en  el mal llamado periodismo del espectáculo o del corazón, que se ha llegado a extremos grotescos, porque en él meten hasta a los intelectuales y escritores más eminentes, que solo viven en la soledad de  sus mundos, los que ellos mismos crean.

En nuestras ciudades venezolanas, donde la mayoría nos conocemos, el chismorreo se aumenta, no sólo en las mujeres, que siempre hemos sido las señaladas como las “corre ve y dile”, sino también en los hombres que nos superan en crudeza y mordacidad
.
Pensemos, que mientras menos nos metamos en la vida personal, no pública, de los demás, seremos mejores seres humanos, la elegancia se hará presente en nuestro actuar permanente y con la mente sana nos volveremos críticos, pero de situaciones que valgan la pena, de obras literarias, de calidad  y excelencia educativa, de buena política, de hechos internacionales, siempre con sapiencia o erudición, porque el tiempo que se utilizó en leer, en escuchar programas interesantes, y no en chismorrear, nos va llenando de un acervo cultural que nos  aleja de cosas tan banales como pasarnos una hora criticando el vestido de marca de la señora fulana de tal que fue a tal fiesta, de las jóvenes participantes del concurso Miss Venezuela,  o las relaciones de los vecinos, o la forma de hablar de alguien y hasta de su delgadez o gordura.

Me ha llamado mucho la atención, con cada publicación en mis blogs, que algunas personas que  no me conocen, pero viven enviándome correos comentan en ellos: Doctora, usted tiene un excelente trabajo de investigación. Me pregunto: ¿por qué no aceptan el acervo cultural que se ha ido acumulando año tras año en quienes escribimos por afición?, es muy bueno investigar cuando no se conoce de un tema, pero es también irresponsable el que escriba un articulo o una columna de opinión  y hable de un tema sin que sepa de él, sin que le guste, sin que le apasione ¡Eso pienso yo!

Todos los temas que trato en mis artículos de autoayuda, de psicología, de educación y de política los quiero, los he ido madurando en noches de lectura de buenos libros y de extraordinarios autores, viendo programas televisivos de opinión, en charlas con políticos de altura, que ya no están, en entrevistas que me concedieron durante mis más de treinta años de profesora titular universitaria de pregrado y de postgrado, a ello acudo para escribir y a la memoria que Dios me ha dado.

Investigar es excelente, es maravilloso, yo admiro a los investigadores y como profesora universitaria de postgrado he sido una de ellos, pero mis columnas y artículos, hasta ahora, no requieren de un trabajo intenso de investigación, porque son escritos desde mis adentros, desde mis conocimientos, desde mis recuerdos

Con este tema quiero llegar a los jóvenes que se inician en la escritura para que no se asusten con las críticas y se defiendan con altura cuando los ataquen sin sentido; para que toreen la envidia, esa es la palabra y no hay que andar con eufemismos; ¿cómo se torea la envidia? Alzándose de hombros y pensando que si lo envidian es porque está haciendo las cosas requete bien.

Pero piensen también, jóvenes escribidores, que van a encontrar en número superior a lo que he mencionado, la generosidad de la gente que los lee, esa misma que lo despierta temprano para decirles, por un mensaje de texto, me gustó tu columna de hoy, o en un correo electrónico no me gustó esto, pero aquello sí, o quizás un artículo, un comentario en un periódico, eso supera todo lo otro, que manejan los que no hacen nada en la vida.

Esta labor es como todas: como la del albañil, o el del señor que  cambia los cauchos de un carro; ellos también reciben críticas o satisfacciones por su labor; es la vida amigos lectores, es la condición humana.

Sólo que hay que aclarar o protestar cuando es necesario, pero no diga nombres porque da importancia a los que lo molestaron, usted siga adelante y cuando lo ataquen solo diga: yo escribo porque me gusta, se hacerlo y punto.