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domingo, 20 de octubre de 2013

LA DIFERENCIA QUE EXISTE ENTRE LA AUTORIDAD Y EL PODER

“LA DIFERENCIA QUE EXISTE ENTRE LA AUTORIDAD Y EL PODER”
Zenair Brito Caballero
Hoy vamos a hacer  una reflexión sobre algunos aspectos fundamentales entre la autoridad y el poder, ya que son dos términos que parecen iguales, pero tienen distintos significados y en la práctica sentimos que el uno necesita del otro o se complementan en la acción.
La Autoridad es la facultad, potestad, derecho o poder que tiene una persona de mandar o gobernar sobre algo que está subordinado. En  una organización "es el derecho propio de un puesto a ejercer discrecionalidad en la toma de decisiones que afectan a otras personas", es el poder que se desprende de la posesión de determinado cargo u oposición,  es la facultad que se tiene para tomar decisiones que produzcan efectos, es la capacidad que tiene el líder para impartir órdenes y que las demás personas las cumplan.
El concepto de Poder ha sido definido en múltiples facetas y enfoques, entre ellos como: tema para estudiar los valores y la ética, característica del individuo, la capacidad de imponer nuestra voluntad  a terceros; es origen de energía tanto dentro como fuera de uno mismo, es algo intangible que lo llevamos, pero no lo podemos tocar, es el objeto del comportamiento cuando pretendemos algo.
El poder es según (Stephen Robbins) “un proceso natural en cualquier grupo u organización. Usted necesita saber cómo se adquiere y se ejerce, para entender el comportamiento organizacional, y al aprender cómo funciona, usted será más capaz de aplicar su conocimiento…"
Max Weber definió el poder “como la probabilidad de que un actor dentro de un sistema social esté en posición de realizar su propio deseo, a pesar de las resistencias, lo diferenció de la autoridad legítima o legal, tradicional y la carismática”.
La autoridad y el poder se relacionan entre sí y en ocasiones en la acción marcan su diferencia: algunas veces en la organización, empresa o negocio, siempre que tenemos autoridad tenemos poder pero no siempre que tenemos poder tenemos autoridad, esto lo puede confrontar usted con la situación que actualmente está viviendo en su ejercicio laboral o como integrante en el hogar.
La autoridad es inherente al ejercicio del mando o posición de titular que se ejerza. El poder se refiere fundamentalmente a la capacidad de un individuo para influenciar decisiones, la autoridad es parte del concepto ampliado del poder. Se puede tener poder sin tener autoridad, ejemplo: la secretaria del gerente tiene poder para facilitar o dificultar el acceso de las personas que solicitan hablar con él, pero no tiene autoridad para dar ciertas soluciones que solo son competencia del gerente.
El motorizado o  el conductor de un vehículo tiene poder para transitar por las calles, pero no tiene autoridad para dar órdenes a los que dirigen las normas de tránsito; el jefe tiene poder para ordenar los trabajos, pero no tiene autoridad para cambiar las órdenes que recibe de su jefe inmediato;  tengo  poder  en el hogar, pero no la autoridad para ser jefe del hogar. Delegar es transferir a otros la autoridad para desarrollar ciertos trabajos, o conferirle su representación.
La autoridad y el poder son factores necesarios para que el gobierno, las empresas, entidades, negocios u organizaciones funcionen, pero la excesiva concentración o abuso de estos pueden conducir a formas de totalitarismo con efectos negativos sobre el desarrollo, la paz  y el buen clima organizacional.
Algunas personas sienten la necesidad de tener autoridad o poder, esto puede llevarlas a adoptar comportamientos inadecuados con tal fin de conseguirlo, otras veces cuando alguien ejerce el poder de forma inadecuada puede ocurrir que pierda la autoridad que tenía, es decir, el poder puede perderse por actuaciones incorrectas. Por todo esto, te invito a mirar a tu alrededor y concluir sobre los abusos que cometen en nuestro medio las autoridades gubernamentales y politiqueros con ansias de poder.  

sábado, 29 de junio de 2013

“¿EL PODER, PARA QUÉ?”

“¿EL PODER, PARA QUÉ?”

Zenair Brito Caballero

Cuando se ponderan en la vida la mayoría de los prejuicios, se ve pasar el cortejo social como cuando desfila un circo, con fieras enjauladas, muchachas con poca ropa y muchas cremas y colorines, payasos que cubren sus tristezas con pelucas y narices postizas, musculosos trapecistas de pelo entrecano y enanos que saltan y se empujan entre sí. Y se siente una indiferencia glacial, nórdica, antártica, con un “me importa un comino” dibujado en el rostro. 
Por asociación de ideas, las bestias, bárbaros y brutos se asemejan a los políticos que se pelan los dientes y se muestran las garras entre sí; las muchachas a los maniquíes que representan la frivolidad, con siliconas y remiendos incluidos; los payasos a los “honorables” que hacen el oso en los debates parlamentarios; los trapecistas a los maromeros de las bolsas de valores; y los enanos a los minúsculos personajes que entretienen y halagan a los poderosos.
Entonces, cuando las ambiciones se han marchado, las nostalgias ya no duelen y se descubre que lo mejor que tiene la vida son los niños, el agua y las flores. Se magnifica la grandeza de los humildes, la de quienes suben al podio empujados por el esfuerzo y el sacrificio; ascienden a los altares por los méritos de su entrega al servicio de los semejantes; triunfan en el arte o el deporte y buscan a los desvalidos para compartir con ellos las mieles de sus éxitos; o se topan con la suerte y no se marean con la riqueza y el poder.
Jesús de Nazaret hizo su “campaña” evangelizadora comenzando por entrar triunfante a Jerusalén en un burrito prestado y transmitió sus mensajes, que han trascendido los siglos, en un lenguaje simple, para que sus enseñanzas permearan las mentes de los humildes.
No tuvo el Maestro Jesús, según narran las escrituras, segunda muda. La túnica íntegra, que fue todo el ajuar que le prepararon la Virgen María y Santa Ana, crecía con Él y le duró hasta que se la jugaron a los dados los soldados romanos, lo que quiere decir que todavía estaba en buen estado.
Con esa actitud humilde, Jesús Misericordioso, a quien por fortuna para los cristianos no le gustó la carpintería, instituyó una doctrina religiosa que ha trascendido los siglos.
Mahatma Gandhi, el filósofo del pacifismo, por su parte, se enfrentó al poderoso imperio británico, reclamando para su pueblo hindú la independencia a la que tenía derecho, usando únicamente el poder de la palabra y una actitud pasiva que resultó superior a la arrogancia de los ingleses y a sus armas.
Pobre de solemnidad, al Mahatma tampoco le preocupaba mucho la ropa. Él mismo tejía las telas y elaboraba las túnicas, que no variaban en estilos y colores, porque su idea no era competir con Armani o Saint Laurent, sino cubrirse lo indispensable. Sentado en el suelo con las piernas cruzadas, impartía órdenes a sus seguidores, para orientar una resistencia pasiva que dio sus frutos y la India recuperó su independencia.
Estos ejemplos, la tranquilidad conquistada, la ambición superada, los buenos libros y el sol que sale cada día, nos permiten decir entonces: “¿El poder, para qué?” 


jueves, 30 de mayo de 2013

“LA BORRACHERA QUE PROMUEVE EL PODER”

“LA BORRACHERA QUE PROMUEVE EL PODER”

Zenair Brito Caballero

El poder fascina, el poder embriaga,
ideologías vendidas en este mercado de esclavos.
Quién está a salvo?,
quién es capaz de quitarse la etiqueta del precio?
En Venezuela es un momento significativo y oportuno frente a todo lo que viene aconteciendo, la actitud de algunos que hoy se llaman, “dirigentes políticos socialistas-comunistas”. Mucho se ha perdido de aquella época de la mal llamada IV República, en la que él o la persona electoral lograban despertar en su existencia, respeto y admiración. Por lo menos había decencia a la hora de hacer favores políticos, porque hoy todo eso se perdió producto de la borrachera que promueve el poder.
Y no es una simple figura gramatical; es la realidad de muchos de ellos que combinan su ambición por el poder con su adicción al dinero, al buen Whisky de 18 años, casas, apartamentos VIP y otras cosas más. Coincidencialmente quienes han emergido dentro de este grupo rojo-rojito que se enquista de manera preocupante en los cargos públicos, el tema de la juerga, las rumbas, suelen ser la constante. No en vano la soberbia, la prepotencia y el mismo desafío a las autoridades y organismos de control, es una patología propia de quien no actúa en sano juicio.
En medio del jolgorio se coordina todo lo pertinente para motivar ese nefasto tiovivo de la contratación y buscar la manera de hacerle el quite a la ley. No es una generación política, es toda una degeneración política que corrompe, que pervierte y deprava, que logra callar a los demás, que intimida, que amedrenta y que hacen a punta de fraudes o trampas, que los buenos parezcan malos. Lo que vive Venezuela entre algunos actores administrativos que se enriquecen de lo público es algo muy preocupante.
Los seguidores de este estilo socialista-comunista a la Cubana, están hoy literalmente hinchados y abultados por el poder. Se les nota en su aspecto físico; pierden la expresión noble de sus rostros del pasado, esas mismas caras modositas y que buenas, las cuales lograron hacer creer a muchos que iban a encarnar el cambio, pero que hoy nos demuestran que son peor a todo lo que aquí en materia política ha existido.
Violan de frente la Constitución, las Leyes, los Reglamentos, las normas, los principios —cuando no es que compran a quienes deben impartir justicia— no respetan las leyes ni a nadie, porque los Poderes Públicos son apéndices del Ejecutivo, y son tan testarudos e intransigentes que salen a decir que tienen la razón. Pierden la noción del mando y se creen unos emperadores o reyezuelos que gobiernan unas regiones donde la Constitución de 1999 y las leyes venezolanas no aplican.
El poder los enajena, los enloquece, los chifla, les apasiona vivir rodeados por afrodescendientes escoltas cubanos particulares con cara de malos que intimidan al mismo demonio. En otros casos —por lo demás bien incomprensibles— la misma Policía Nacional que algún día los puede capturar, es la que los tiene que cuidar.
Así se están perfilando los dueños del poder en toda Venezuela desde hace 14 años; lo digo con dolor y con modestia, “pero es el silencio y la actitud pasiva de muchos venezolanos, la mejor garantía para que ellos sigan reinando”. Ellos intimidan y asustan a quienes los siguen. A pesar de que muchos de sus subalternos contratados no comparten estos estilos, el temor que imparten hace que la gente se quede callada, protegiendo un contrato y su estabilidad laboral.
Está en nuestras manos amigos lectores, permitir que la Nación Venezolana sea cuna de este tipo de especímenes. Tenemos que actuar transformando la sociedad en todos sus espacios, recuperando la decencia y los valores morales y éticos, desde el hogar y las aulas de clase, dejando a un lado el silencio y reivindicando las prácticas del buen gobierno democrático. Dios permita que más de uno, pase el guayabo tras las rejas, y al que le caiga el guante pague verdaderamente las fechorías cometidas. Esa debería ser la verdadera Ley del Talión: “ojo por ojo y diente por diente”   


sábado, 23 de febrero de 2013

EL PODER PARA SERVIR


EL PODER SE DEBE UTILIZAR PARA SERVIR
Zenair Brito Caballero 
(britozenair@gmail.com)

El poder excesivo es inconsistente en cualquier esfera de la vida, máxime si se trata del quehacer educativo, del derecho a aprender, a educarse en buena lid en momentos en que se hace énfasis en ese sentido. Quien ostenta el poder en la familia, debe demostrar autoridad, pero sin echar a un lado la sensibilidad. 
No pocos cantaletean que el poder es para usarlo. Así, unos lo utilizan para enriquecerse, otros para creerse dioses, para mancillar, para discriminar o hacerle la existencia imposible a un infeliz que solo tiene como riqueza la dignidad, el día y la noche. 
El poder se debe utilizar para servir. De este modo lo emplean los grandes hombres que dejan  huellas en la humanidad, por lo que son bien recordados y congratulados.  
Y  quienes  utilizan el poder para envilecer, provocan náuseas. ¡Qué bueno es tener el mazo contra un desvalido de la vida! Viene esto a propósito de dos niñas que conozco, a quienes sus padres les niegan el derecho a continuar sus estudios porque reprobaron dos materias en la carrera universitaria que estudian. A quien reprueba una o dos materias se le da un chance, si no supera el examen repite el curso, pero NO debe ser quitarlo de la institución donde estudia.    
En Venezuela para el 2008 unos 216,000 menores en edad escolar  no asistían a la escuela, conforme a un estudio de Foro Socio-educativo. El  último censo recoge que el 13% de la población era analfabeta, el 33% entre l5 y 29 años no había completado la educación básica y el 69%, con 20 a 29 años, no había completado el nivel medio. 
Con esas cifras, y sin esas ellas, a nadie se le debe negar el derecho a  instruirse. La mayoría de nuestros maestros y profesores son personas sensibles, que asimilan  a los alumnos como a sus hijos. 
Los alumnos siempre recuerdan a sus buenos maestros y profesores en los distintos escalones de la enseñanza. Si un alumno fallare, el maestro, profesor o quien dirige el plantel debe tratar de buscar una solución salomónica, que no perjudique al más débil.   
Llevar a un hijo hasta el último peldaño de la formación ha sido siempre un gran sacrificio para la familia que vive con el sudor de su frente, y a la vez  su gran trofeo es ver a su muchacho graduado. 
De ahí que en ningún estamento, y menos en el educativo aunque sea solo un caso de excepción, se debe usar el poder para abusar, para dañar. El mejor uso del poder es cuando se aplica de manera justa.