domingo, 25 de noviembre de 2012

AVANCES O RETROCESOS


AVANCES O RETROCESOS

Zenair Brito Caballero

¿Por qué progresan los pueblos? Seguramente avanzan más rápido aquellos que previamente han invertido en educación, instruyendo a sus habitantes para que juntos o separados pero organizadamente participen de un plan elaborado desde el gobierno.

En plena discusión sobre la pobre calidad de la educación venezolana, es bueno plantearse si este gobierno que se dice socialista-comunista y por lo tanto humanista (y humanizado) tiene claro que los seres humanos que habitan el país serán quienes decidan con sus actos la felicidad o la infelicidad futuras. Nadie puede discutir la enorme diferencia en el trato material hacia los sectores más desposeídos.

Los planes en marcha con las llamadas misiones han permitido que gigantescas masas de habitantes marginados tengan al menos los elementos mínimos de supervivencia. Estas masas han estado y siguen estando ocultas a los ojos de la mayoría. Pero de tanto en tanto algunas puntas se salen del área asignada como territorio e invaden otras áreas a través del delito. Comen y se visten un poco pero no por ello mejoraron su intelecto.

De todos modos hay que convenir en que un trato “socialista-comunista” de los sectores necesitados aún no ha permitido salir de cuadros vergonzantes que caracterizaron las décadas pasadas.

Si el plan de ayuda a través de las misiones es o no suficiente importa tan poco como que algunos hayan malentendido la ayuda. Será en todo caso motivo de acumulación de experiencias para la discusión casi eterna de qué hacer con los pobres. Lo que en cambio aterra de verdad es la marcha atrás constante que la educación sigue teniendo en el país combinando bajo rendimiento en escuelas y liceos con fuertes cambios culturales.

Esta explosiva mezcla hace que los jóvenes de hoy imiten todo lo malo con una facilidad de asombro. Se inclinan por conductas predilectas de los delincuentes, hablan con el estilo de ellos, se pintan el cabello y caravanean en motos y carros con resonadores, como seres que desconocen por completo la ética y la armonía y hacen de la violencia su programa preferido de televisión. Además, el delito aumenta, y la edad para delinquir o prostituirse disminuye. ¡Vaya problema el que tenemos en Venezuela!

Porque si era lógico esperar de un gobierno revolucionario socialista-comunista del siglo XXI que dice ser “humanista” la puesta en marcha de un feroz, agresivo y revolucionario programa de educación, nos hemos topado con la sorpresa de que la costumbre de “dejar pasar la historia” no era patrimonio de aquellos gobiernos que se llevaron la acusación de liberales, capitalistas y desalmados.

El dedo acusador ya no sabe a dónde apuntar y lo peor sería concluir que todos los gobiernos son igualmente ineficientes a la hora de las grandes transformaciones, incluso éste que prometía “hacer temblar las raíces de la República”. Puro bla, bla, bla

Es increíble concluir que catorce años después de puesta en marcha una oportunidad inmejorable para cambiar a Venezuela, no solamente no se haya encarado un programa de transformaciones sino que esté instalada una clara pelea entre la educación oficial que demanda presupuestos y el gobierno socialista-comunista que se hace de rogar, al mismo tiempo que celebra el crecimiento de la recaudación impositiva a niveles nunca antes alcanzado.

Son tan pocos los años que separan al niño(a) del adulto que al país se le va todos los días la posibilidad de formar mujeres y hombres transformadores y críticos.

britozenair@gmail.com




viernes, 23 de noviembre de 2012

REFLEXIONES SOBRE LA LIBERTAD


REFLEXIONES SOBRE LA LIBERTAD
Zenair Brito Caballero
 (britozenair@gmail.com)

La libertad existe. No es un sueño. Es una ciudad venezolana, una estatua en Nueva York, o el Corcovado de Rio de Janeiro y un concepto importante para muchos humanos, aunque no todos lo entendemos, o apreciamos por igual. La historia de la libertad se remonta más allá de la Revolución Francesa, en 1789.

REGALO DE FRACIA
Tiene que ver con nuestra esencia, que no es accidental, como parece cuando estamos angustiados, confundidos,  o atribulados. Algunos creen que libertad es ausencia de coerción, aunque eso es difícil de alcanzar por nuestras necesidades, ansiedades y demás debilidades, que nos atan, aparte de las leyes que tratan de regular, sin mucho éxito, nuestra conducta, que no es errática porque somos libres.

Otros piensan que la libertad es un concepto económico, como el intercambio de bienes y servicios. Pero esa versión también es limitante, puesto que no solo lo mercantil define nuestra humanidad, siendo nuestra razón y nuestra voluntad las que dan origen a nuestra libertad, un concepto filosófico.

Homo erectus, homo económicus y homo sapiens somos el mismo, pero homo libertas es el que nos distingue de la Madre Tierra, que nos mima y acaricia con furia de huracanes y terremotos. Ese miedo a la libertad, decía uno de mis autores favoritos un psicólogo que se llamaba Eric Fromm, nos hace buscar seguridad en forma compulsiva, lo que acentúa nuestra neurosis existencial cuando no encontramos suficiente amor y comprensión.

Buscamos seguridad dentro de la incertidumbre, porque incierta es nuestra vida, no nuestra muerte. Y eso es lo que nos impide ser libres,   conduciéndonos a veces a obsesiones indeseables, o a formas de organización social destructivas. La palabra libertad fue escrita por primera vez hace miles de años, en el idioma cuneiforme de los sumerios, aunque es probable que el concepto existía antes que hubieran idiomas escritos.

Eso jamás lo sabremos, pero lo que si sabemos es que la libertad es anterior a la burguesía, un concepto del siglo XVIII cuyo origen etimológico es “burg”, o aldea en Alemán, de donde vienen Friburgo, Hamburgo y otras ciudades, donde ahora viven más de la mitad de los humanos.

La palabra burguesía ha sido utilizada para describir la clase media, o explotadora como la denominan los socialistas-comunistas, en contraste al proletariado, o clase explotada, que según algunos posee más fuerza física que intelecto y sentimiento.

Todos los humanos, sin distingos de raza, posición, o condición y aparte del estamento en que nos ubiquen, tenemos materia, pensamientos y sentimientos. Pero no es suficiente tener, porque necesitamos, además, ser y hacer, para definir nuestra existencia, que no depende de teorías económicas, sociológicas, o psicológicas, sino de acciones libres, racionales y voluntarias.

El sentido de libertad no depende del perfume, ni de la capacidad económica, ni de la fuerza que tenemos, sino de lo que somos y hacemos. Me siento libre porque soy humana. No porque soy burguesa, proletaria, o venezolana. La condición de libre no la define el estamento, sino el sentimiento, como sabemos los libertos que actuamos con respeto a la dignidad, sin abuso, ni explotación de temores y obsesiones ajenas.

Esa libertad es una, como la entendemos los libertos en política, en economía, en América, o en Oceanía. No es positiva, ni negativa, ni de algo, ni para algo, porque no es un fin, sino un medio para tratar de alcanzar la felicidad que todos buscamos. En todo caso, la libertad sirve para definir la esclavitud, así como la burguesía sirve para definir el proletariado, que por ser humano también es libre.

“TODOS SOMOS RESPONSABLES DEL PAÍS QUE TENEMOS”

 “TODOS SOMOS RESPONSABLES DEL PAÍS QUE TENEMOS”

ZENAIR BRITO CABALLERO,

 ¿Por qué en los últimos catorce años, un alto porcentaje de los venezolanos y las venezolanas han decidido votar en todas las elecciones por la misma opción política? ¿Será esto la culminación de la democracia como sistema político o la perpetuidad de una clase dominante socialista-comunista?

Pareciera que desde 1998, cuando el presidente Caldera entregara el control del Estado al teniente coronel, no hemos cambiado de gobierno, más bien hemos venido asistiendo una continuidad en la silla presidencial como los reyes en el trono.

Las razones de estas circunstancias pueden ser muchas y de diversos orígenes. Por decir, ¿Será que el ciudadano o ciudadana promedio no se da cuenta de la condición precaria en la que vive? ¿Será que vivimos esperando un cambio milagroso de quienes están en el poder? Sin embargo, las evidencias demuestran que no podemos esperar un milagro.

La elección presidencial del pasado 7 de octubre donde se reeligió por 6 años más al comandante, después de 14 años nefastos de gestión gubernamental ¿cuánto hará por mejorar la situación crítica que vive la economía venezolana? Quizá muy poco, considerando la situación mundial y los problemas estructurales que se han venido creando a lo largo de la década pasada; pero, nos quedaremos sin conocer el significado de la alternancia, uno de los principios fundamentales de todo sistema que se presume democrático.

Además, sin un cambio en la conducción del Estado que haga posible sentar las bases para un cambio estructural que permita la reproducción de la vida de manera más digna. ¿Será que, debido a las repetidas campañas engañosas a las que no hemos enfrentado en los últimos 14 años, nos hemos acostumbrado a esa ley perversa de las promesas sin cumplir? y esto ha permitido que el círculo vicioso donde los partidos políticos prometen cosas que no están en capacidad de cumplir se acentúe.

Porque ¿de qué otro modo se explica la permanencia en el gobierno del partido oficialista rojo-rojito PSUV, que sigue haciendo las mismas promesas de las campañas pasadas y que en 14 años no ha cumplido ni cumplirá?

Por mencionar algunas cosas: los miles de empleos que se dijo crearía, el país de propietarios que prometió, el precario presupuesto asignado a los hospitales en el “gobierno revolucionario socialista con sentido humano” y un largo etcétera que daría para muchos artículos de opinión.

Otro elemento que ha contribuido a la construcción de una ciudadanía débil y poco reactiva ante las circunstancias son los llamados el cuarto poder: los medios de comunicación, que no solo nos dan la noticia (también) nos dan el lente para verla, para referirse a los hechos que se presentan y el tratamiento de ellos en la mayoría de los medios de comunicación masiva.

Parece que el llamado cuarto poder cada vez se distancia más de su tarea original: fiscalizar la gestión pública y el devenir de la sociedad. Se han vuelto muchos de ellos, los aliados perfectos para perpetuar el Status Quo. Han construido ciudadanías domesticadas como diría Noam Chomsky.

Al parecer, este hacer de las empresas mediáticas se ha encargado de inhibir la capacidad de cuestionar, razonar, criticar. La realidad se opaca ante  la retahíla de noticias que vemos, leemos y oímos y que nos dan la falsa sensación de estar informados de tal manera que  se nos oculta la realidad que nos circunda.

En medio de todo esto uno se pregunta ¿Dónde está el pueblo? ¿Por qué no se oye su voz? Parece que las viejas costumbres heredadas de 14 años de freno lo han enmudecido. Parece que las políticas veladas del miedo y la ignorancia implantadas por los que no quieren un pueblo pensante y demandante, han hecho mella en el espíritu popular.

Porque lo que estamos viviendo provoca expresarse, resistir y resistirse a la forma en que se gobierna a favor de unos pocos y en perjuicio de las mayorías. Las coyunturas electorales deberían servir para que los ciudadanos y ciudadanas tuviéramos información sobre los programas de gobierno, ideologías (dichas por el mismo partido y no por el adversario) y por supuesto la promoción de sus candidatos, sin embargo, el engaño, la difamación, la descalificación de los adversarios, todas muy dañinas para la democracia, es lo que escuchamos.

A esto hay que sumarle las vergonzosas campañas de miedo e intimidación en empresas estatales y privadas, que, lamentablemente después de más de una década, siguen teniendo los mismos efectos. Al hablar de venezolanidad, las verdaderas intenciones, - deplorables en mucha ocasiones - se esconden en medio de discursos patrioteros muy alejados de la realidad que afecta al pueblo venezolano.

¿Y entonces quiénes son los responsables de esta situación? vale la pena aclarar que no es responsabilidad de un sector solamente, a juicio nuestro, es una responsabilidad de tres lados, estas partes se alimentan entre ellas en un círculo vicioso que se debe romper.

Por una parte, los partidos políticos, por su incapacidad de involucrar en sus estructuras al pueblo, de modo que no sea visible sólo en las elecciones en una expresión utilitarista. Por no darle el lugar que debiera en la toma de decisiones, por ignorar la verdad de que son y existen porque hay un pueblo sobre el cual descansan. Por no oír su enmudecida voz y no saber interpretar sus voluntades.

Por no ser capaces de trascender las ideologías y construir relaciones cordiales, respetuosas, tolerantes, fundamentales para la consolidación de un Estado democrático. Por negarnos el derecho que tenemos como ciudadanos (as) de elegir en completa libertad y no por intimidaciones, manipulaciones y chantajes. Estas situaciones son posibles porque cuentan con la complicidad de algunos medios parcializados del gobierno rojo-rojito, que olvidan que son responsables de informar y  comunicar.

Nosotros, la sociedad civil, quienes tenemos pendiente la tarea de abrir nuestros sentidos, para exigir tanto a los políticos como a los medios: transparencia en la gestión de los primeros y compromiso con la ciudadanía, y los principios fundamentales de un periodismo ético a los segundos. La responsabilidad no es exclusivamente de uno o de otro sector de la sociedad, todos somos responsables del país que tenemos y del país que podríamos tener.

britozenair@gmail.com

¿SE HA CONTAMINADO LA DEMOCRACIA CONTEMPORÁNEA?


¿SE HA CONTAMINADO LA DEMOCRACIA CONTEMPORÁNEA?
Zenair Brito Caballero 
(britozenair@gmail.com)

Quienes han venido leyendo y siguiendo con cierto detenimiento algunos de mis artículos de opinión sobre democracia participativa y representativa, seguramente habrán caído en la cuenta de cuán nebulosas son nuestras ideas y cuán apegados nos sentimos todavía a los trillados conceptos de nuestros viejos manuales.

La política, sin embargo, es un acontecer sinuoso lleno de contingencias y sesgos imprevistos, y hace que la razón práctica de los gobernantes vaya creando inéditas respuestas para cada tiempo. No obstante, de esta compleja multiplicidad podemos rescatar tres o cuatro cuestiones de las más serias que la democracia de nuestro tiempo nos plantea.

En primer lugar, la ciencia y la experiencia política de estos dos o tres últimos siglos nos han mostrado que la participación del pueblo es lo prioritario y fundamental. Hacer que todos los ciudadanos, con entera libertad e igualdad de recursos, tengan acceso a las determinaciones y gestiones del bien común.

La representación aparece luego como el camino más adecuado para este acceso del llano pueblo a la ordenación y conducción de la comunidad. Pero, al mismo tiempo, de sobra se ha experimentado que la educación moral y la cultura cívica son las grandes tareas en que el pueblo debe empeñarse para lograr siquiera una relativa madurez humana.

Gente obtusa y ruda no puede digerir una auténtica democracia; una y otra vez querrán volver al cacicazgo. Se comprende bien, entonces, por qué a ciertos pueblos culturalmente subdesarrollados se les hace cuesta arriba practicar la democracia. Y parece mentira que la torpeza de ciertos líderes solo piense satisfacer a la pobre gente con pan y circo.

Frente a la práctica de la representación por medio de los partidos, la crítica es mucha más severa y de más difícil solución. Porque los partidos políticos, que de primera intención parecen ser los canales naturales de formación y expresión de la opinión pública, se hallan hoy día frecuentemente desnutridos y desorientados, sin doctrina y sin dinamismo.
A la hora de las elecciones se los convoca y a la hora de la revolución o alzamientos se los exacerba. Ni siquiera a los más inexpertos se les escapa que las “listas sábanas” con que los partidos concurren a las elecciones se hallan muy lejos de una robusta conciencia de bien común.
Los partidos se condenan y se vilipendian recíprocamente en el trayecto de las largas jornadas electorales. Los ciudadanos que son elegidos y van al Parlamento u otros cargos electivos no representan al pueblo, sino a sus propias agrupaciones partidarias; y en el peor de los casos solo emiten su voz y su voto, dogmáticamente atados al dictamen de sus caudillos; son simples embajadores de sus virreyes. Todo ello, con su buena dosis de exageración o como se quiera, está indicando grosso modo el descrédito con que funciona la representación del pueblo a través de los partidos.

Así pues, la democracia auténtica es más un horizonte político de libertad e igualdad y autonomía, regalo del cielo antes que logro de nuestra penosa historia. No podemos olvidar, sin embargo, que la democracia contemporánea se ha envenenado en este último siglo que ha pasado con una doctrina tóxica de una incalculable trascendencia cultural.

Hablamos del relativismo agnóstico que ha quitado todo fundamento roqueño a la cultura del hombre. No hay principios ni valores ciertos y firmes que den sentido último a la existencia humana. “Nada es verdad ni mentira; solo es según el color del cristal con que se mira.” Vivimos y convivimos a la deriva, como los camalotes llevados por la creciente o los cascotes de la calle que de tumbo en tumbo arrastran los raudales de los grandes aguaceros de verano.

Sólo hay que afanarse por lo útil y placentero del aquí y del ahora. Consuela pensar que dos grandes filósofos franceses, J. Maritain y H. Bergson, han afirmado casi al mismo tiempo, en años de la Segunda Guerra Mundial, que la democracia tiene raíces bíblicas y que Cristo ha traído al mundo la más profunda igualdad con que pueden fraternizar y convivir los seres humanos todos.

lunes, 19 de noviembre de 2012

“LA VERGÜENZA CARCELARIA VENEZOLANA”


“LA VERGÜENZA CARCELARIA VENEZOLANA”
Zenair Brito Caballero 
(britozenairgmail.com)

Afirmó Fedor Dostoievski que  “El grado de civilización en una sociedad se juzga visitando sus cárceles”- En las sociedades más sensibles los castigos crueles no son necesarios, la tortura es repudiada y la crueldad como sanción ha sido abolida.

Una Institución Penitenciaria antes que un sitio de castigo es un lugar para la reeducación y la reinserción social. En Venezuela hay un régimen penitenciario incompatible con un mínimo de dignidad humana. La población carcelaria es elevadísima y el hacinamiento vergonzoso.

Según datos que leí por Internet en un trabajo realizado por unos abogados especialistas en esta área, hay casi 200.000 personas privadas de la libertad, de éstas, unas 110.500 están en los  centros de reclusión (con capacidad para acoger unos 75.000), 25.000 en detención domiciliaria; 1700 en cárceles distritales y 1200 en penales de la Fuerza Pública.

Unos 40.000 son presos sin juicio; 800 son enfermos terminales que siguen recluidos y 400 son lisiados. Detrás de tantos delitos y tragedias humanas hay una sociedad inequitativa e injusta, manejada por una plutocracia, por un predominio que desde “arriba, desde las alturas del poder” lo dispone todo según los intereses de una camarilla que desde siempre ha condenado a la pobreza a la inmensa mayoría de los habitantes venezolanos, aunque pregonan a los cuatro vientos ser socialistas-comunistas y humanistas.

En ese ambiente de marcadas desigualdades la lucha por una vida digna obliga al rebusque desaforado y las frustraciones impulsan al delito. Un factor adicional es el consumismo y el afán del dinero fácil, la voracidad por tener y la corrupción. Es violenta y conflictiva la sociedad venezolana; la vida ha perdido su valor, el sicariato es un oficio cualquiera, el crimen y la violencia están a la orden del día.
Por temibles que sean las cárceles lo que en ellas ocurre no frena, ni ejemplariza a los potenciales delincuentes. Es absurdo esperar que con el sistema penal se pueda superar tanta conflictividad. Hay que resolver las causas originales del problema.

El Gobierno socialista-comunista tiene que asumir una función social más comprometida con los problemas de las mayorías. Las cárceles venezolanas son universidades del delito y escuelas de la delincuencia que agigantan la capacidad delictiva de muchos condenados e imposibilitan su reinserción posterior, es decir, en vez de reducir el peligro lo potencian porque aunque deben ser lugares de disciplina severa no tienen que ser centros de mayores penurias ni más padecimientos que la negación de la libertad.

El teólogo Jan De Cock que ha visitado 141 cárceles en 91 países del mundo, dijo: “un preso es más que su delito, en cada persona hay algo bueno” y es tarea de los rehabilitadores potenciar lo positivo de cada uno.

La nueva cultura penitenciaria Venezolana subordina la dignidad y la integridad de los detenidos a la seguridad, de ahí el poco respeto a los derechos humanos de los reclusos que se manifiesta en maltratos físicos y psíquicos, tratos crueles e inhumanos, aislamientos, restricción a las comunicaciones, al servicio médico, a las visitas y al suministro del agua.

Los guardias y funcionarios imponen arbitrariamente penas adicionales. Las dotaciones y las instalaciones de las cárceles son, casi sin excepción, lamentables. El hacinamiento puede llegar al 300%. Esto genera enfermedades, es inhumano, indigno e infernal. Hay presos que duermen colgados de los techos.

Muchos funcionarios y voceros de organizaciones nacionales y extranjeras de derechos humanos, han advertido que esto constituye una bomba de tiempo y un peligro inminente. Un caso extremo es la cárcel ‘de Uribana´ de Barquisimeto y la de Tocuyito en Carabobo, llamadas las Cárceles de Castigo por ser unos lugares donde el humanismo se refundió en un ambiente de maldad y perversión, de hambre, fetidez, enfermedades y maltratos.

Los reclusos temen denunciar por miedo a las represalias y por la impunidad reinante. Con sobradas razones se adelanta una campaña por el cierre definitivo de estos Centros de torturas y de malvivir. Sin embargo, el régimen carcelario hace excepciones, son los privilegios de siempre, se trata de los pabellones de alta seguridad, cómodos y bien dotados, allí llevan a los condenados por narcotráfico, parapolítica o corrupción que gozan de prebendas que los presos del común no conocen.

Mientras tanto a los presos políticos como el caso de los Comisarios Forero, Vivas y Simonovis, a la Jueza Affiuni, a los 8 policías metropolitanos se les niega su condición de tales, no los juzgan por rebelión sino por traidores a la patria para condenarlos como delincuentes comunes y hasta si les llegara a dar la gana al gobierno extraditarlos a EEUU. El Minjusticia y la Ministra Valera, han prometido trabajar por la descongestión carcelaria y construir nuevas mega cárceles para albergar 25.000 reclusos. Amanecerá y veremos, promesas, promesas y solo promesas

Es apremiante resolver el hacinamiento en las cárceles venezolanas, pero es también imperioso combatir los factores que inducen al delito. La seguridad no se resuelve con represión ni con más cárceles. Lo verdaderamente urgente es la justicia social que tanto pregonan quienes se dicen socialistas, comunistas y humanistas.

¡NIÑOS DE LA CALLE O NIÑOS DE LA PATRIA!


¡NIÑOS DE LA CALLE O NIÑOS DE LA PATRIA!
Zenair Brito Caballero 
(britozenair@gmail.com)

Día tras día, se niega a los niños venezolanos el derecho a ser niños. La sociedad, trata a los niños ricos como si fueran dinero…. trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio…. Que no son ricos ni pobres, los tiene sentados frente del televisor, para que…. Acepten, como destino, la vida prisionera.  Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.

En estas próximas fiestas de Nochebuena y fin de año, los niños son el centro de atención. Los aguinaldos se reparten en la Nochebuena o en el Día de Reyes, entre los niños privilegiados, esos a los que les es permitido ser niños y vivir una infancia normal aunque afectados por una sociedad que a través de los medios de comunicación incuba en ellos ideas y principios que no siempre se corresponden con sus intereses ni con sus deseos.

Son los niños para los cuales hay derechos, atención familiar, hogar, afecto, cuidados, escuelas y diversiones. En el mundo desarrollado, la inmensa mayoría de los niños goza de una infancia feliz, para ellos hay todas las preferencias, ejercen plenamente sus derechos y hay  protección estatal.

La sociedad es vigilante del bienestar de los niños. La escuela está planeada en función de los alumnos, allí les está garantizada una buena educación, en excelente condiciones, sin distingos de pertenencia social ni económica.  Hay unas únicas escuelas estatales, iguales para todos, nacionales y extranjeros.

Desde la guardería, los niños aprenden a compartir y a convivir en medio de las diferencias, se entrenan en el manejo y solución de los pequeños conflictos de su entorno y de todo eso resultan unos adultos que aprecian la armonía,  valoran la paz  y saben vivir en sociedad. Desafortunadamente, no todos los niños del mundo tienen una infancia aceptable. La pobreza de millones de familias, la falta de educación y ciertos patrones culturales obligan a muchísimos niños a asumir, desde edades muy tempranas, compromisos propios de adultos.

En el mundo hay  215 millones de niños -entre 5 y 17 años-   trabajadores,  y de estos, 115 millones realizan trabajos peligrosos, en la minería, la pesca y actividades ilícitas. En Latinoamérica  hay una población infantil de 145 millones, de los cuales 14 millones son niños trabajadores.

Muchas niñas son servidoras domésticas, el  40% de ellas no reciben salario. En América Central, unos 2 millones de jóvenes trabajan  para atender su propio sustento y/o para ayudar a su familia. Sus jornadas se extienden por 10 y más horas; muchos son vendedores callejeros sin protección alguna, sin salario fijo, sin atención en salud. 

Un 10% de los niños trabajadores son víctimas del comercio sexual e inducidos a la prostitución. Es decir, con el trabajo infantil se conservan y se reproducen muchas formas de esclavitud. En Venezuela, donde el 41.5% de la población es menor de edad,  hay una amplia  población infantil  afectada por múltiples problemas: unos  2.8 millones son niños trabajadores, muchos de ellos sin acceso a la escuela. 

Cada año, cerca de 14 mil niños son víctimas de delitos sexuales, unos 400 mil niños sufren maltratos  en el hogar, en el vecindario y en la escuela; unos 15 mil niños son reclutados por personas de mal vivir; en promedio mueren 6 niños cada día por causas violentas.

En un ambiente así, los niños son aún más vulnerables y presa fácil de delincuentes mayores que los inducen al delito. Cerca de 18 mil adolescentes son denunciados anualmente por cometer delitos penales. Si bien existen instituciones como la LOPNA que se ocupan de la defensa y protección de los niños Y adolescentes,  falta aún muchísimo por atender, pues en la mayoría de los casos los servicios del estado tienden a aliviar los efectos y las consecuencias de las anomalías, más que a eliminar las causas que los provocan.

El país está lejos de resolver el drama de la pobreza que es la primera causa del trabajo infantil. Los recursos estatales, que debieran destinarse a ello, se canalizan hacia la compra de armamento bélico. La paz aún no es prioridad.

La responsabilidad de atención a los niños corresponde en primer lugar a la familia, pero también a la sociedad y al Estado. Existen herramientas legales que definen bien las obligaciones y deberes del Estado con su población infantil. En 1959, la ONU aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, y en 1989 se acordó la Convención de los Derechos del Niño que rige actualmente y a la cual Venezuela se adhirió.

Se han firmado además varios Tratados Internacionales.  La Constitución venezolana, ordena la prevalencia de los derechos del niño sobre los demás y establece que  “la familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir y proteger al niño para garantizar su desarrollo armónico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos. Cualquier persona puede exigir de la autoridad competente su cumplimiento y la sanción de los infractores”.

Hay miles de niños venezolanos que se mueren de hambre o como consecuencias de su malnutrición. Esta realidad debería golpear la conciencia de todos y por supuesto del Gobierno, obligado a proteger y defender a los niños del maltrato, la discriminación, los abusos y todo lo que le impida nacer, crecer y desarrollarse en un ambiente y en unas condiciones normales. Sólo así es posible construir futuro.

sábado, 17 de noviembre de 2012

LA DEPRAVACIÓN POLITICA VENEZOLANA


LA DEPRAVACIÓN POLITICA VENEZOLANA

Zenair Brito Caballero 

(britozenair@gmail.com)

Los niveles de perversión y depravación en la política venezolana han llegado a límites intolerables, ya que el cinismo y el descaro con que se manejan los asuntos políticos del país han pasado ya al terreno de calificativos inexpresables.
Abundan hoy día las denuncias de los partidos políticos de oposición sobre supuestas “compras de voluntades”  o de votos en las elecciones presidenciales del pasado 7 de octubre y en las que se realizarán el próximo 16 de diciembre para elegir gobernadores y alcaldes, con cantidades de dinero exorbitantes y fuera de cualquier contexto que haga pensar en la existencia de crisis económica alguna.
Y como si no fueran suficientes los problemas de este país (la mencionada profunda crisis económica y fiscal, la vulnerabilidad, la pobreza, el brutalmente inequitativo reparto de la riqueza, las corrupciones, el desempleo, etc.), ahora se le suman los escándalos de supuestas “compras de politiqueros que brincan la talanquera”.
Si ya de por sí la clase política de este país se encuentra profundamente desprestigiada y desacreditada, con instituciones como la Asamblea Nacional, el CNE, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República y las Fuerzas Armadas en el fondo de los lugares de impopularidad frente a la ciudadanía, ahora le encaraman al pueblo un escándalo de corrupción que simplemente sepulta cualquier posibilidad de ganar credibilidad alguna frente a la gente.
Con las acusaciones y señalamientos antes dichos, se han metido los rojos-rojitos en una vorágine de más descrédito y desprestigio frente al pueblo. Ahora en la población se perciben no sólo muestras de desaprobación y repugnancia frente a la actuación de la clase política gubernamental y la electoral, sobre la base de la percepción que ni por cerca son los intereses de la población los que se anteponen a la hora de tomar decisiones políticas, más bien la de los partidos o sus cúpulas (los llamados intereses de la partidocracia), sino que ya se escuchan y se perciben en la población, signos de rabia y enojo mayúsculo, que abatida y afligida por la profunda crisis económica que enfrenta, no se siente acompañada por la dirigencia política, la cual percibe viviendo en un mundo irreal y artificial de prebendas y favores (que no se condice con la realidad del pueblo), sino que además ve con cólera e indignación mayor como se habla en la “novela” de corrupción que se ha desatado, de cantidades de millones de bolívares que están en medio de dicha trama, sin alcanzar la ciudadanía a entender absolutamente nada.
¿De dónde salen esas estratosféricas cantidades de dinero, si ni siquiera hay para medicinas en los hospitales? Ni para pagar aguinaldos y deudas salariales pendientes a miles de trabajadores, que deben acudir a las huelgas permanentes a ver si logran su objetivo ¿Cuáles son los “poderosos” intereses políticos que están a la base de que se involucren tales cantidades de dinero para “comprar” voluntades para elegir el Presidente de la República,  a gobernadores y Alcaldes? ¿A quién le interesa tanto elegir a unos funcionarios que sirvan a sus intereses particulares y no a los más caros intereses del país?
Es la manera más insensata que he visto de botar dinero (que tanta falta hace a la población venezolana), de montar circo, de chiste, si la manera idónea y adecuada de ganar credibilidad es actuando con transparencia, con salarios e ingresos modestos, devolviendo los dineros sobrantes de los viáticos, sin montar correlaciones nefastas que socaven la institucionalidad del Estado, respetando la Constitución, sin “madrugonazos”, sin auto-recetarse prebendas palaciegas, siendo austeros en sus propios gastos, sin autorecetarse “carrazos” a costa del erario público, sin insultos a ultranza, de frente al pueblo, verdaderamente impulsando una reforma profunda política y electoral del estado, impulsando una ley de partidos políticos, etc.
Esa es la forma en que podrán ganar credibilidad, frente a la población. Lo demás, es derroche y gasto de recursos en querer a pura publicidad y “marketing”, pintar de rojo lo que es de otro color  y aromatizar de flores lo que huele a cloaca, y por todos los señalamientos que se escuchan de corrupción en los últimos días, a una cloaca muy nauseabunda. 
Es el momento de plantear el fin de la autocracia roja-rojita. Debe tomar control una nueva clase política en el país, pero para ello se requiere UNIDAD sin intereses partidistas mezquinos y usted que piensa amigo lector ¿HAY UNIDAD EN LA OPOSICIÓN VENEZOLANA? Yo no lo creo.