domingo, 19 de mayo de 2013

“LA EDUCACIÓN DEBE SER LA PRIMERA PRIORIDAD”


“LA EDUCACIÓN DEBE SER LA PRIMERA PRIORIDAD”

Zenair Brito Caballero

La lista de obligaciones del nuevo gobierno venezolano y que socialista-comunista se va haciendo cada vez más larga. En materia de economía y política en general hay mucho por hacer porque desgraciadamente Venezuela sufre de alta inflación, desabastecimiento, carestía, penuria y escasez, y la política  es la de la farsa, la mentira, el abuso y la disidencia. Pero en esa extensa lista hay una en especial que no puede seguir relegada dado que sus efectos, en caso de implementarse un verdadero cambio transformador, serán sumamente positivos para la sociedad, y en corto plazo. La misma se refiere al tema educativo.
Al gobierno y a los Ministerios de Educación,  no pareciera interesarle para nada el tema educativo, pues se niegan a escuchar o a dialogar con los gremios docentes sobre presupuesto y aumento salarial de maestros, profesores y docentes universitarios, mientras se observa un despilfarro intolerable de recursos, tanto humanos como técnicos en otras áreas, y altos aumentos, excelentes beneficios solo para los militares.
Si hay una reforma que el Gobierno puede hacer, la misma consiste en cortar de una vez por todas con el principal obstáculo con el que tropieza la educación venezolana: el propio ministerio del ramo y sus políticas educativas.
El sistema educativo venezolano se alimenta de varias suposiciones que desalientan la creación del capital humano, sinónimo de capacitación, de manera que nuestros jóvenes accedan a un puesto laboral con las debidas destrezas. Para lograrlo, sin embargo, los dos Ministerios de Educación deben cambiar sustancialmente su preeminencia en la educación.
Pienso que los dos Ministerios Educativos venezolanos  han fracasado y lo seguirán haciendo mientras continúe la estructura que le sirve de soporte y la política que los dirige. En la misma era del conocimiento esto es intolerable. En el país, unos miles de  niños y jóvenes no ingresan a las escuelas, liceos o universidades y no siguen sus estudios debido a los escasos ingresos de sus familias a pesar de la existencia de las llamadas Misiones educativas.
El primer paso que debemos dar, en consecuencia, no está en sacar al Estado de un plumazo del tema educativo, aunque admito que es lo que me gustaría. Por una cuestión de simple operatividad, más bien el paso correcto consiste en que el Estado pague a las familias por la educación de los niños y jóvenes más pobres, pero que ya no se dedique a proveer educación, lo que es muy diferente.
Esta idea se origina en una exitosa propuesta del educador Milton Friedman, la cual consiste en que siendo la educación un bien apreciado en el mundo del conocimiento, el dinero debería, por tanto, ser entregado a las familias para que estas elijan a qué escuelas y colegios enviar a sus hijos.
Para Friedman los cheques escolares deben ser entregados a las familias que los depositan en los colegios y escuelas de su elección. Una vez depositados estos cheques en el colegio o escuela elegida, estas instituciones educativas nuevamente entregan los cheques a favor del Estado a cambio del dinero asignado.
De esta manera se van dando una serie de efectos positivos. El Estado no se desentiende del tema educativo, dado que garantiza el pago de la educación a las familias de escasos recursos; las familias eligen la mejor educación para sus hijos y, en especial, surge una sana competencia entre los diferentes colegios que hacen lo mejor en construir y mantener una infraestructura acorde con el servicio y en contratar a los mejores docentes para así contar con la elección de los padres.
¿Quiénes son mejores para elegir dónde destinar el dinero en las diferentes escuelas y colegios donde asisten los niños y jóvenes? La respuesta como se ha visto en todos estos años no está precisamente en el Ministerio de Educación, ni en la burocracia que la rodea, ni en sus direcciones que no hacen más que desalentar la creatividad, la eficiencia y el mérito, condiciones precisamente que exigen la calidad educativa.
El nuevo gobierno  recién llegado al poder, debería enfrentar con determinación la realidad de la educación en el país. Es tiempo del subsidio escolar. Esto sería apenas el comienzo, puesto que será un instrumento útil y eficiente para iniciar un amplio debate sobre el actual modelo educativo, el cual debe cambiar por uno de calidad y con formación de valores democráticos y no de ideologización a la cubana socialista-comunista.  


viernes, 17 de mayo de 2013

¿SON LAS MÁQUINAS ELECTORALES INMUNES AL FRAUDE?


¿SON LAS MÁQUINAS ELECTORALES INMUNES AL FRAUDE?

Zenair Brito Caballero

No hay sistema creado por el ser humano, por sofisticado que éste sea, que no pueda rendirse al talento de sus semejantes; nadie, absolutamente nadie puede proclamar que ha diseñado y construido un complejo de mecanismos que no puedan ser descubiertos por  ese afán del ser humano de entenderlo todo, de indagar sobre las causas de los fenómenos y de averiguar ¿cómo y porqué? funcionan las cosas.

Eso de que existen sistemas de votación y escrutinio construidos con la más alta excelencia electrónica, cerrados totalmente a todo intento de manipulación, jamás puede ser una verdad; en Venezuela se ha demostrado  en tantas elecciones realizadas en estos 14 años de gobierno rojo-rojito, que cualquier cosa es posible cuando la ciencia y la tecnología, al servicio del poder se proponen determinados resultados.

En nuestro país, andamos hace años en la búsqueda de un sistema electoral altamente democrático  que pueda expresar con transparencia la voluntad popular, y en esto hemos invertido cantidades multimillonarias que contrastan con la pobreza de nuestro Estado y sobre todo con la satisfacción de necesidades vitales de los pobres.

No lo hemos logrado y en vez de hacer un diagnóstico serio de la situación seguimos metiendo dinero y más dinero con ese tonto argumento que la democracia no es barata. Creo que nuestro sistema electoral para que funcione en dirección con los intereses nacionales no necesita más máquinas fraudulentas ni Rectores comprometidos con el partido que gobierna.

Claro, sencillo y transparente como el agua, casi como un bien libre, que fluye de la montaña,  debería ser el mecanismo electoral, mediante el cual nuestro pueblo se manifieste, pero como estamos en la sociedad de las apariencias y de las mentiras, lo recargamos de procedimientos, justificaciones y estructuras innecesarias y caras para ocultar su esencia fraudulenta.

No hay voto electrónico que pueda detener la vocación mentirosa de nuestros políticos socialistas comunistas, por algún lugar habrá de filtrarse; lo que necesitamos de momento es un baño de honradez, una campaña minuto a minuto, una homilía cotidiana, conformar un rechazo colectivo al fraude electoral del pasado 14 de abril, insistir, insistir, insistir, no hay nada más efectivo que la educación; y luego, más allá, abrir debate nacional en torno a nuestro sistema electoral.

Creo que son convenientes estas reflexiones, no para desalentar a los que buscan honestamente barnizar el proceso, sino para que no depositen en el complejo electrónico ilusiones de honradez, porque debo repetirlo: en una sociedad donde el gobierno es corrupto, deshonesto y tramposo como el nuestro no hay mecanismo capaz de parar la locura bribona de las cúpulas rojas-rojitas.


martes, 14 de mayo de 2013

EN VENEZUELA URGE ENSEÑAR A CONVIVIR EN CIUDADANÍA


EN VENEZUELA URGE ENSEÑAR A CONVIVIR EN CIUDADANÍA

Zenair Brito Caballero

Continuas expresiones de intolerancia rebosan en el ambiente venezolano que vivimos diariamente. La situación económica insostenible, la variación del clima, el desempleo, la crisis de la salud, la contaminación ambiental, la congestión vehicular, y hasta la aglomeración peatonal son algunas de las razones que generan este malestar en los ciudadanos. Casi todo el mundo es intolerante. Se vive esto a flor de piel, y el problema está latente.
Es posible que haya muchas respuestas y explicaciones a este fenómeno. Probablemente estén escritas muchas tesis y teorías al respecto, pero me parece que vale la pena que pedagogos, gobiernos nacional, regional y municipal, Estado, orientadores, psicólogos, sociólogos y politólogos y, por supuesto, la familia, convinieran espacios para deliberar y concertar sobre este tipo de problemáticas que aqueja, cada vez más, a niños, jóvenes y adultos. Es decir, exhortarlos a hablar de ciudadanía y a construir ciudadanía para generar cambios de actitud y de mentalidad.
Y señalo lo anterior, porque Venezuela, ha centrado su sistema educativo, en esta materia, en aspectos como los derechos y los deberes; los mecanismos electorales y la estructura del Estado; y los fundamentos de la Constitución de 1999; descuidando temáticas como el respeto por el otro, el valor de la diferencia, el diálogo, la solidaridad, la concertación, la civilidad, y la resolución pacífica de conflictos, entre otros.
Leyendo hace varios días la última obra del psicólogo argentino Carlos Cullen, experto en el tema de los valores,  observé como él sustenta que es preciso fortalecer, en los niños y jóvenes, la capacidad de resolver conflictos por la vía del diálogo y de la argumentación de sus ideas.
Es urgente que aprendan a respetar a los otros, a llegar a consensos o disensos sobre la base de que todos piensan distinto, y a entender el concepto de participar, ojalá comenzando por la familia y la escuela.
Es decir, es indispensable, imprescindible y obligatorio que se aprenda a ser personas y a convivir con nuestros semejantes en armonía con la naturaleza. En otras palabras, es propender y apegarse por un modelo que trascienda el hecho de aprenderse la Carta Magna… solamente.
El Ministerio de Educación ha realizado alguno que otro trabajo en torno a esta problemática, pues la han articulado como un aporte a la paz. Es un buen comienzo, pero se necesitan más actos y gestiones para que esta iniciativa no se quede en el camino como muchas otras nobles ideas.
Creo que es necesario establecer una programación que incluya planes, proyectos y propuestas viables y efectivas. Pero, por supuesto, hay que comenzar ya, y desde cada lugar donde estemos.
No olvidemos que las sociedades que no forman en ciudadanía se convierten paulatinamente en focos de violencia, intolerancia, irrespeto, y delincuencia. No en vano, el “bullyng” se convirtió en un problema nacional en el ambiente escolar. Y las razones son muchas y variadas, pero, por ejemplo, sorprende, el hecho que siete de cada diez  maestros o profesores venezolanos ignoran la pedagogía sobre formación ciudadana, impidiendo que estudiantes y colegas tengan una cosmovisión de este tema.
Estamos a tiempo amigos que me leen, de crear y re-crear una sociedad venezolana distinta, más desarrollada y más humana. Y en ello, es importante tener conciencia de aspectos más reales y menos simbólicos. Creo que tanto simbolismo y culto a la bandera, a los himnos y a los próceres socialistas-comunistas de la patria, no contribuye en nada a crear ciudadanos más sensibles y colaborativos. ¿No lo cree usted?  

“ROMPER EL MIEDO AL DESAFÍO NO ES IMPONER”


“ROMPER EL MIEDO AL DESAFÍO NO ES IMPONER”

Zenair Brito Caballero

Muchos países latinoamericanos han abierto sus puertas al desarrollo, a la innovación, al avance de la ciencia y la tecnología. Miden su progreso en la disminución de la pobreza. Mientras que otros, como el nuestro, mantienen sus modelos caducos, tiranos, socialistas-comunistas a la cubana, que en vez de reducir la carencia, la están y quieren seguirla manteniendo firmemente. 

La energía que encierran niñez y jóvenes, podría ser mejor aprovechada si, quienes están a cargo de los Gobiernos, le dieran más tiempo e inversión. Rescataran los valores y aportes culturales, y se esforzaran seriamente en disminuir la brecha abismal que nos succiona irremediablemente. Menciono esto porque la “cultura” es un elemento central en todo lo que hacemos y pensamos: es razón, conocimiento, deseo, imaginación, percepción, adaptación, creación, innovación, relación, amor. Vida y muerte. Es elemento.

Romper el miedo al desafío no es imponer. Aislar a comunidades enteras de la educación no es generar conocimiento. Innovar es importante, pero refundando un verdadero proyecto educativo que nos permita avanzar desde cada punto cardinal. No olvidemos de que el futuro nos transportará a un mundo diversificado y enredado, y no una acuarela cultural uniforme, homogénea. 

Educar para una ciudadanía intercultural es combatir el etnocentrismo, lógica del colonialismo. Inspirar confianza. Promover excelencia vinculada a la pertinencia. Bajar las barreras. Es aplicar un enfoque inclusivo en la enseñanza (desde su planificación). Descartar la discriminación y avanzar en el campo social equitativo. Es apertura, empatía. La educación enseña a vernos como prójimo, y no como bárbaros. 

Su tarea está en promover la transformación hacia un modelo pluralista, afectivo. Sembrar valores como la igualdad. Provocar sinergias de acercamiento mutuo, de participación de todas las culturas para encontrarse con la modernidad. 

La educación debe arbitrar. Con lucidez, claridad y rapidez mental. Quien crea que nuestra penosa calidad en materia  educativa es a causa de las Normales, está viendo solo una pluma del ave. Está olvidando muchas antesalas, carencias y vacíos. El asunto acá, es de fondo. Trae en las venas inequidad, rechazo, racismo y falta reiterada de visión. No atender a los pueblos y sus visiones; no sentir sus necesidades, sería, justamente, romper con esa plataforma esencial que sustenta todo sistema educativo. Me parece que ya va siendo hora de escuchar. ¡De confinar tiranos que escupan tu cara! Despierta, NO a las mentiras y si a las verdades.



¿LOS MEDIOS GOBIERNEROS ORIENTADORES O DISTORSIONADORES DE LA OPINIÓN PÚBLICA?


¿LOS MEDIOS GOBIERNEROS  ORIENTADORES O DISTORSIONADORES DE LA OPINIÓN PÚBLICA?

Zenair Brito Caballero

En el periodismo venezolano la diferencia entre la línea editorial y línea política en los medios de comunicación es casi gradual porque no existen definiciones en su práctica, más bien las dos líneas juntas han creado diáfanos estilos periodísticos, tanto así que ya es normal hacer del espacio editorial, una perfecta tribuna en la que el periodista vierte su pensamiento politiquero o gobiernero socialista-comunista y sucede así en nuestro país, como sucede en todo el mundo, con la única diferencia que en el plano internacional algunos medios definen su identidad sociopolítica y de esa manera son conocidos por sus receptores.

¿Puede el periodismo del gobierno venezolano hacer planteos políticos concretos con clara definición ideológica y hasta partidaria? Claro que puede y de hecho lo hacen en VTV y medios afines. ¿Pero es legítimo? Si, lo es, siempre y cuando el medio defina su identidad político, ideológica y partidaria ante el público, de lo contrario, el medio puede convertirse en un instrumento político ideológico a favor del sector de poder que lógicamente cuenta con su partido político el PSUV, que al final beneficia al político y a su cúpula de poder, sin que importe nada fragmentar la masa de lectores, radio-escuchas o tele-espectadores.

Los medios son indudablemente  instrumentos políticos que sirven de orientadores o distorsionadores de la opinión pública, cuando el medio parcializa su línea editorial para encubrir a sus financistas gobierneros, y denigrar al adversario ideológico sin importar las consecuencias,  lo político se convierte para ellos, en el arma verbal que muchas veces aniquila o desfigura todo lo que viene del adversario.

Es claro que la línea editorial se caracteriza por el estilo o la forma en que se manejan las temáticas públicas, que aunque se traten temas de orden político, no se traspasa ese valor para arengar o tomar posturas políticas, que es cuando se corre el riesgo de parcializar el contenido y ganar imagen a favor de un minoritario sector y perderla ante las grandes mayorías.

La línea política propiamente dicha, si no se sale del canon conceptual que lo respalda, es natural e inherente al rol del administrador mediático, que casi por naturaleza en su condición de clase, tiende a defender intereses que lesionan la dignidad de las clases económicamente en desventaja, esta instancia editorial constituye el punto grávido, donde pueden pesar más las pasiones y militancias ideológico partidarias, que el raciocinio y la ecuanimidad, donde se rompe el hilo fronterizo para que la línea periodística obedezca a los intereses dominantes.

En el techado periodístico de la empresa mediática la gran mayoría de medios venezolanos escritos, radiados,  televisados o cibernéticos, pertenecen asociaciones o grupos de familias, cuyos individuos a su vez son miembros de cúpulas del poder que domina el accionar político ideológico, de organizaciones políticas integradas por sujetos que se constituyen como viscerales guerreros de luchas electorales, quienes con uñas y dientes, trampas y actitudes hipócritas, hacen cualquier cosa sucia para llegar al gobierno donde buscan enriquecerse más y hasta para tapar u obstaculizar la aplicación de la justicia en su contra por los hechos que deben del pasado.

En la asociación del poder económico y el poder político, puede surgir el tipo de periodismo que lesiona más la dignidad y la memoria de las sociedades meridianamente pensantes, que aunque no son libres por albedrío, practican por lo menos el libre pensamiento que construye conceptos y criterios políticos en el azar de la democracia natural.

El periodismo que surge como práctica que defiende, promueve y hasta pervierte al mercado sociopolítico, es a todas luces un juego de doble nivel, donde la visión empresarial se autoproclama como poder social, con capacidad de revertir procesos, manejar conciencias, comprar favores, trampear con estrategias de opinión pública, y hasta satanizar situaciones de gran beneficio social.

Ese periodismo por muy política que sea su línea de expresión editorial, no puede ser más que un juego de ruines politiqueros gobierneros, que con sus palabras torcidas pueden destruir o trastornar cualquier clima social, por muy sólido que este sea.

Las expresiones periodísticas que emanan desde los sectores dominantes del poder, argollas políticas, partidos políticos, son burlescas, inhumanas e insensibles, anti valores que abusan de la libertad de expresión, tuercen los criterios y manosean los conceptos, para generar laberintos ideológicos en el pensamiento popular, al que además le agregan la basura de vulgaridades, comentarios mordaces, y otras bazofias que camuflan la línea editorial de carácter político e ideológico a favor del partido político que ellos representan.

Ese es amigos lectores, el panorama global del periodismo socialista-comunista actual venezolano, que si nos detuviéramos a analizarlo en el día a día, es bastante bien aplicado en la práctica periodística criolla, actividad dizque productiva, que hace malabares con criterios multipolares de alto contenido alienante y deformador de la cultura de las  grandes mayorías, constituyéndose como la gran empresa mediática, responsable de enajenar la identidad cultural real, que a su vez, es peligrosa por sus altos niveles de conspiración en contra de quienes no le son ideológicamente afines.

¿EXISTE DE VERDAD UNA ÉTICA DE LOS SENTIMIENTOS?


¿EXISTE DE VERDAD UNA ÉTICA DE LOS SENTIMIENTOS?

Zenair Brito Caballero

Reflexionaba yo sobre si en torno de los sentimientos cabía una reflexión ética, cuando se me apareció una respuesta de Fernando Savater. En efecto, al interrogar una periodista en la TVE al filósofo y notable escritor español acerca de si él estaba decidido a hacer una defensa de la tauromaquia a través de su libro Tauro-ética, éste respondió: 
"La moral tiene que ver con la relación con nuestros semejantes. No obtener placer de la tortura puede corresponder a una visión de buen gusto o a una estética de los sentimientos. Pero afirmar que la persona a la Dejando los toros a un lado, en esa respuesta hallé la raíz de mis reflexiones. Es evidente que la actitud de rechazar el placer que surge de la tortura es algo de buen gusto, algo estéticamente defendible, si se presume que en las corridas se somete al animal a una tortura deliberada que estimula el placer morboso de las personas que asisten a verlas que le gustan los toros es inmoral, es un error". 
En esa línea, podría también plantearse que quien goza, o simplemente no se inmuta con la inmolación de los sentimientos ajenos, incurre en un oprobio contra la ética de dichos sentimientos, cuya validez no sólo emerge de nuestras profundidades biológicas sino que, como noción o realidad, hace parte de un modo de ver el mundo, de una cultura, la que, para el caso de Occidente, se apoya en dos mil quinientos años de pensamiento alrededor de la conciencia individual. 
Si, al decir de Savater, el sufrimiento es la visión racional del dolor, o, de otro modo, es el dolor pasado por la humanidad, podemos concluir, al menos en el terreno de las especulaciones, que el sufrimiento nos enaltece como seres racionales y nos humaniza como seres vivos. ¿Es posible vivir sin sentimientos, sin buenos sentimientos? Parece que sí. 

El neurofisiólogo Rodolfo Llinás, cuyo cerebro, para gloria de sí mismo, no alberga más que funciones físico-químicas, nos legó esta perla: "Mire, el bien y el mal son pendejadas nuestras. La gente hace lo que hace por conveniencia". 
Olvida Llinás que Aristóteles discurrió sobre lo bueno como sinónimo de felicidad, solicitando para ello el ejercicio de la razón, cierta seguridad económica y un grado importante de libertad personal; que Epicuro asimiló lo bueno al placer, distinguiendo entre placeres sensibles, inmediatos y fugaces (vida social, comida y bebida), y placeres superiores, perdurables, referidos a la vida intelectual y estética; que Emmanuel Kant habló de lo bueno como de una buena voluntad, atenida ésta no sólo a un obrar de acuerdo con el deber sino por respeto al deber, y guiada exclusivamente por la razón; que Jeremías Bentham y John Stuart Mill vieron lo bueno como lo útil, preguntándose en qué consiste lo útil y a quién beneficia.
De manera que la pendejada es la proposición de Rodolfo Llinás, quien con su afirmación desconoce miles de años de historia del pensamiento, ya que todo pretende reducirlo a experimentos de laboratorio que él interpreta de acuerdo con su criterio organicista, con exclusión del valor de la filosofía del conocimiento y de la bioética.
Si la gente procediera sólo por conveniencia habría que borrar de los sentimientos humanos el sentido de la solidaridad, la compasión, la ternura y el amor, y su lugar sería ocupado por el egoísmo, la indolencia, la violencia y el instinto primario de posesión animal. ¿Que eso es lo que somos? La vida, la cultura, los libros y la sabiduría que no se origina en los laboratorios de neurofisiología de Nueva York nos dicen que somos mucho más que eso.
Por ejemplo, aceptamos que el valor fundamental de la moral, como atributo de la libertad, es la bondad, y que la naturaleza de lo bueno se da si existe concordancia entre el interés personal y el interés general, es decir, si somos capaces de contribuir con nuestros actos a la transformación de las condiciones sociales y psicológicas en las que se aposenta la infelicidad de la mayoría. 
¿Existe de verdad una ética de los sentimientos? Si no existiera habría que inventarla. Porque si se procede sólo al impulso de las conveniencias propias, ¿quién define los alcances de dichas conveniencias? Y así, ¿qué quedaría de la ética? ¿Dónde quedaría el bien común, y el respeto por el otro, sin cuya mirada nunca seríamos lo que somos? ¿Le debemos algo a quien algo nos ha brindado de lo mejor de su ser? Yo diría que sí. Y en eso consiste la ética de los sentimientos. En ponernos por encima de aquello que nos impide mitigar el dolor que somos capaces de causar.  


viernes, 10 de mayo de 2013

LA EDUCACIÓN VENEZOLANA TIENE QUE CAMBIAR


LA EDUCACIÓN VENEZOLANA TIENE QUE CAMBIAR

Zenair Brito Caballero

Por mi condición de Profesora Titular Universitaria y Dra. En Psicología y en Ciencias de la Educación, hace varias semanas escribí un artículo para varios diarios regionales, que no fue publicado como lo están haciendo últimamente, sobre la grave amputación que sufre la educación venezolana tal como se desarrolla nuestro sistema educativo en estos tiempos de socialismo-comunismo.
Escribía en ese artículo sobre la necesidad de educar a todo el ser humano, porque en la actualidad lo hacemos prescindiendo totalmente de su esencial dimensión espiritual. Hoy quiero seguir demostrando la necesidad que tenemos de reformar radicalmente la educación en todos los niveles y revisar a fondo la antropología, la filosofía y la psicología que subyacen a nuestros currículos y programas, porque no sólo no incorporamos la dimensión espiritual de toda persona, sino que además estamos dando la espalda a su interioridad. 
Pretendemos desarrollar valores, incluso ética, promovemos la creatividad y los introducimos en la filosofía y la psicología para que aprendan a reflexionar, se conozcan a sí mismos, puedan comprender mejor a los demás y sus maneras de pensar y reaccionar, pero no enseñamos a descubrir y cultivar la fuente de todo eso, que es su mundo interior.
En nuestros programas educativos no aparece ni por las tapas la “pedagogía de la interioridad”. Se nos va el tiempo y el esfuerzo en darles herramientas y equiparlos para que por medio de las ciencias y las letras puedan conocer e interpretar la realidad, la historia, etc.… pero no les enseñamos a mirar a sus conciencias, a su mundo íntimo, a toda su interioridad. 
Algunos colegios, por propia iniciativa y por distintas motivaciones, les ayudan con clases de orientación, otros incorporan clases y algunas actividades de religión, pero apuntan más bien a lograr mejores comportamientos y no suelen enseñarles a identificar, alimentar y “beber en el propio pozo” de su vida interior. 
El núcleo germinal donde se construye la persona y su personalidad es el núcleo de la interioridad, sobre todo el núcleo de lo más profundo de la conciencia, que va creciendo y alcanzando sucesivamente metas superiores en el recorrido de diversos estadios o etapas de su formación, hasta llegar a la madurez de la conciencia total.
Sin vida interior, la vida exterior es superficial e intrascendente. Depende de los estímulos con que la persona se tropieza o busca para huir del vacío que siente. La vida difícilmente tiene sentido, menos aún sentido último. El amor se hace, no se encarna ni se proyecta en la intimidad de la pareja y de las otras personas amadas en múltiples formas de amor.
El pensamiento no tiene peso propio, es voluble, se monta sobre tópicos e ideas prestadas, no sobre convicciones profundas íntimamente trabadas en coherencia con todo el ser. Los sentimientos son efímeros y frecuentemente no llegan a instalarse como sentimientos, sino que pasan aceleradamente de emoción en emoción.
Las necesidades son ansiosamente vivenciadas y en vez de transformarse en motivaciones inteligentes, quedan acumuladas como angustias y carencias. El trabajo sin vida interior es rutina y en vez de quedar marcado con la impronta personal y de ser colaboración personalísima e intransferible cargada como don y entrega del ser, se realiza funcionalmente, incoloro e insípido. 
Una persona pasaba junto a una obra de construcción edilicia. Por la extensión marcada se trataba sin duda de una obra para edificio grande. Observó a un albañil cavando cimientos profundos y le preguntó: ¿Qué está haciendo? El obrero respondió: No lo ve. Estoy haciendo cimientos. Más adelante vio a otro que hacía el mismo trabajo y volvió a preguntar: ¿Qué está haciendo? Y le respondió: Estoy ganando el pan para mi familia. Y continuó observando y más adelante vio a otro tercero que también preparaba cimientos. Le preguntó: ¿Qué está haciendo? Y le respondió: Estoy haciendo una obra importante para la comunidad y para Dios. Esto va a ser una catedral.
Los tres hacían lo mismo. El primero lo hacía como una pieza más de las máquinas que le rodeaban. Funcionaba. El segundo, estaba trabajando con entusiasmo porque llevaba el sustento para sus seres más queridos. El tercero había encontrado en su conciencia un sentido más profundo y trascendente al mismo trabajo.
Tres maneras de vivir el mismo trabajo, tres maneras de darle sentido a su esfuerzo y a su entrega con el sudor de su frente. Sin educación de la interioridad, sin vida interior somos manipulables, vivimos masificados sin relieve personal, somos piezas de la máquina de un mundo que nos usa y nos manosea.